Supernova: Plaga Mortal

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— ¡MATEO! —exclamó Val. Nuestros cuerpos se alejaron bruscamente por la sorpresa— ¡ESTÁ TEMBLANDO, DEBEMOS IR A UN PUNTO DE REUNIÓN CERCANO!

— Valeria, tranquila —pasé saliva para mantener la compostura—. Pon atención al sonido que están emitiendo las alarmas sísmicas. Algo no es normal —afirmé con agudeza. Y era verdad. Por alguna razón, había una diferencia notoria en la sonoridad de las alarmas, como si un sismo no fuera el verdadero motivo de su activación, sino que una emergencia diferente estaba ocurriendo en ese mismo instante.

— Ti-tienes… —expresó con cierto titubeo e inseguridad en sus palabras— Creo que tienes razón, esta manera de resonar es desconocida para mí. ¿Por qué están retumbando las alarmas sísmicas de esta manera?

— No tengo ni la menor idea —dije mientras me levantaba y tomaba su mano, impulsándola para empezar a caminar fuera del parque. Ya habíamos unido nuestras manos en un pasado por diferentes situaciones, aunque esta vez era un poco diferente; era como si ahora me invadiera un sentimiento de vergüenza al tomarla de la mano como un niño que abraza a alguna de sus amigas por primera vez—. No nos quedaremos aquí esperando a que ocurra algo, debemos acercarnos a más personas en alguna zona segura para poder recabar información —hice una pausa para revisar mi celular, solamente para confirmar que no tenía señal—. ¡Lo que me faltaba! — expresé.

—¿Qué ocurre? —preguntó Val al seguir caminando rápidamente junto a mí.

— Parece que la red telefónica se cayó totalmente, no podemos comunicarnos con nadie usando nuestros celulares —afirmé. Val usó su mano vacía para buscar su dispositivo móvil dentro de su pantalón y corroborar mis palabras—. Lo único que podemos hacer es salir de este parque. No podemos hacer nada más.

— Espera, Mateo —dijo Val mientras se detenía bruscamente y apretaba mi mano con fuerza—. Sobre lo de hace rato…

— No te preocupes por eso —afirmé con una sonrisa—. Cuando sepamos qué es lo que ocurre y estemos a salvo, podremos hablar sobre lo que ocurrió con nosotros.

— Está bien, me parece que es lo más correcto —expresó con un rubor visible en sus mejillas. Parece que yo no era el único nervioso en ese momento—. Mateo, ¿escuchas eso? —cuestionó de repente.

— ¿Qué cosa? —cuestioné de regreso. Me concentré un poco para percibir lo que el oído de Valeria pudo distinguir.

— Escucha… es un sonido cada vez más fuerte —afirmó. Las alarmas sísmicas que sonaban con otra tonalidad estaban estremeciendo el ambiente, pero un chirrido un poco más agudo fue capaz de escapar entre ese caos de sonidos mezclados. Parecía una… ¡NO! Más de una ambulancia, además de lo que parecían las sirenas de una buena cantidad de patrullas policiacas que se acercaban rápidamente.

— ¡Ya lo escucho! Parece que las autoridades se están moviendo, y deberíamos hacer lo mismo. ¡Corre a la entrada del parque, ahora! —exclamé al apretar la mano de Valeria para continuar con un paso todavía más apresurado. Al encontrarnos a pocos metros del acceso al parque, Val me detuvo una vez más de manera brusca.

— ¡ESPERA! —exclamó. En ese momento, justo en nuestro campo de visión más allá del parque, una docena de patrullas policiacas se dirigían a toda velocidad con dirección a la zona urbana de la ciudad, seguidos de algunas ambulancias que mantenían la misma rapidez. Sea lo que fuese, algo muy malo había ocurrido en algún área conglomerada y, por consiguiente, se alertaron al instante a todas las unidades de autoridad disponibles. Lo que me preocupaba no eran todos los vehículos de emergencia que estaban pasando a una velocidad impresionante, sino que las alarmas sísmicas seguían retumbando, como si el acontecimiento de emergencia todavía estuviera ocurriendo en algún lado. Era un espectáculo impresionantemente inquietante.

— Esto se ve demasiado terrible, Valeria. Si no podemos acceder a cualquier tipo de información por medio de nuestros dispositivos celulares, debemos probar suerte con algún otro aparato —dije mientras me ponía a pensar rápidamente en alguna solución—. Posiblemente tengamos esperanzas en encontrar algo útil en la televisión, y creo que la más cercana que está a nuestro alcance en estos momentos es… —manifesté y me detuve al instante cuando me percaté de algo muy importante, reflejando mi inquietud con la mirada.

— ¿Mateo? —preguntó Val con preocupación en su voz.

— ¡PAULINA! —grité con un palpitar agitado en mi corazón— ¡Valeria, mi hermana sigue en la casa! ¡Tenemos que ir con ella en este instante! —exclamé y agarré la mano de Valeria para salir corriendo con dirección a mi casa. No importa cuánto lo niegue durante cualquier etapa de mi vida, pero Paulina es mi hermana menor y el cariño que siento por ella se ve reflejado inmediatamente en las peores situaciones. Los sentimientos que viajaban dentro de mi persona en ese momento estaban basados en la angustia y la desesperación. ¡Necesito saber que Paulina está bien y que no le ha pasado nada! Podré no ser el hermano mayor perfecto, pero no puedo ocultar la paternidad natural que siento hacia mi pequeña hermanita.



Eladio M. Inzunza

Editado: 10.07.2019

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