Supernova: Plaga Mortal

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No era necesario caminar una cantidad considerable de pasos para llegar a la puerta principal desde la recámara de mi hermana; sin embargo, parece que Pau y Val volaron directamente hacia aquel pequeño portón. Yo ni siquiera había salido de la habitación de mi hermana y esas dos mujeres ya estaban ansiosas por abrir la puerta mientras hacían movimientos que reflejaban una gran energía, como si fueran a salir corriendo como fieras en el momento que esa cerradura cediera. No tenía otra opción más que acercarme y evitar que cometieran algún error sin pensar detenidamente en las consecuencias de hasta la más mínima acción.

— Para ser tan enanas, tienen bastante valor en sus corazones —empecé al acercarme a la puerta principal.

— No se necesita una gran altura para una gran determinación —dijo Pau, con una sonrisa totalmente genuina. Parecía que no tenía nada de miedo.

— Además, te tenemos a ti, Mateo —expresó Val con un lindo gesto—. Si estamos juntos, podemos evitar que suceda lo peor.

— Espero que mantengan esta actitud cuando nuestros pies se encuentren fuera de esta casa —afirmé mientras tomaba la cerradura de la puerta, listo para girarla y liberar aquel obstáculo que evitaba contacto con el exterior—. El plan es simple: iremos a toda velocidad en dirección a la casa de Val. Deben ignorar cualquier cosa que lleguen a ver, sus ojos deben estar dirigidos únicamente en el camino hacia nuestro destino. Nada de ayudar a nadie, nada de hacer contacto con alguien, nada de cansarse a medio camino. Si haremos algo tan arriesgado, lo haremos bien. ¿Entendido?

— Ya cállate, hermano. Me voy a convertir en piedra si no me muevo de aquí —expresó Paulina, ansiosa—. No somos tan tontas como para fallar en un plan tan sencillo.

— Estoy lista para cualquier cosa —afirmó Valeria con una mirada llena de coraje. Sus ojos se dirigieron hacia mí y, con una sonrisa, expresó sus palabras preferidas—. ¡Sonríe, bobo!

— Chicas… —suspiré para reunir la valentía suficiente en mi ser— ¡MANTÉNGANSE JUNTAS! —grité, abriendo la puerta de la casa.

Paulina y Valeria salieron totalmente disparadas, jamás me imaginé que podrían correr así de rápido. En un movimiento de instinto, aseguré la puerta para que nadie entrara durante nuestra ausencia y les seguí el paso con gran esfuerzo. ¡De verdad iban a una velocidad fuera de lo normal! Creo que se tomaron muy en serio lo de fijar su vista a un solo objetivo. Ojalá yo hubiera podido hacer lo mismo. Pude alcanzar el paso veloz de las chicas, pero mis ojos no podían dejar de observar el alrededor, como si cualquier factor externo fuera una poderosa carnada que atrapaba mi mirada. Pude contemplar la manera en la que muchas personas eran empujadas violentamente por otros individuos con más fortaleza corporal. Así como en la selva, era obvio que el más fuerte era el que sobreviviría en tal apocalipsis. Como pronosticó mi hermana, no se veía ninguna criatura antropomórfica en la zona, pero eso convertía la situación en algo un poco peor. Tanto desastre, tanta inhumanidad, tanto caos…. Todo lo que estaban viendo mis ojos al correr, ¿estaba siendo causado por los mismos humanos? No ha habido intervención de aquellos entes monstruosos y, aun así, las personas se convirtieron en animales asustados que golpean, empujan, patean y hacen todo lo necesario para alejarse de cualquier peligro. Incluso eso era algo bastante exótico, ya que todas las personas que entraban en mi rango de visión corrían sin alguna dirección coherente; solamente estaban escapando de algo que ni siquiera ellos sabían lo que era. Algunos intentaban robar automóviles que se encontraban en medio de la calle, otros estaban saqueando una de las tiendas de la colonia como si fueran unos indigentes recién salidos de la prisión más peligrosa de Yinfa, algunos cuantos llevaban armas visibles con ellos y disparaban hacia el cielo para causar pánico innecesario en un intento de dar la imagen de ser fuertes para que nadie se les acercara ni intentara cualquier tipo de contacto con ellos. Jamás, ni siquiera en las películas, había presenciado un ambiente tan caótico. Cada quién se estaba valiendo por sus propios esfuerzos, cada persona sobrevivía a su manera. Lo peor de todo era que yo los entendía totalmente. Comprendía la forma de pensar de aquellos animales, porque ya no eran humanos; eran bestias que buscaban sobrevivir.

— ¡AHÍ ESTÁ! —exclamó Valeria al apuntar su dedo hacia un domicilio cercano. Ya casi llegábamos.

— ¡Lleguemos lo más pronto posible porque ya me estoy cansando y no voy a resistir mucho tiempo corriendo! —exclamó mi hermana.

— ¡Solo un poco más! Valeria, ¿tienes la llave de tu casa? —cuestioné.

— ¡SÍ! —gritó mientras corría, alzando su mano y descubriendo un llavero en forma de oso.



Eladio M. Inzunza

Editado: 10.07.2019

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