Supernova: Plaga Mortal

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Mi rostro se empapaba de brisa gélida con cada metro que avanzábamos en aquella motocicleta que fungía como nuestro medio de transporte en una situación tan desastrosa que nos había dejado con una persona menos en nuestras vidas. Mi corazón aun podía sentir cómo un fragmento de considerable tamaño se quedó junto a Valeria; toda mi vida había soñado que, algún día, podría tener la oportunidad de confesarle lo que sentía y que, con un poco de suerte, ambos viviríamos felices para siempre. Ahora que me doy cuenta, estuve viviendo en una fantasía que ahora ya nunca voy a poder cumplir ni aunque lo intentara con todos los medios posibles. Perdimos a papá, mamá… y a la niña que poseía mi corazón, Valeria Dival.

Era como si el mundo estuviera gritándome a los cuatro vientos que debía sucumbir ante todo este apocalipsis, que no valía la pena el seguir luchando mientras tratábamos de sobrevivir con un minúsculo rayo de esperanza dentro de nuestras almas. La verdad es que, a como iban desarrollándose las cosas, empezaba a asomarse una posibilidad en mi cabeza que tenía que ver con rendirse totalmente y terminar con todo el sufrimiento por el que me veía obligado a viajar. Sin embargo, un ligero apretón en mi estómago al pasar por un hoyo en la carretera fue capaz de recordarme una de las más valiosas razones por las cuales mi cuerpo tenía la capacidad de seguir manteniéndose en pie: mi hermana. Mientras Paulina se mantenga a mi lado, sin importar qué tan bajo pueda llegar a caer, siempre existirá algo de motivación en mis acciones.

 Padres, no tengo las palabras para agradecerles todo lo que hicieron por nosotros dos durante tantos años; espero que, en algún momento, pueda tener la capacidad de abrazarlos y decirles cuán valiosas fueron sus enseñanzas para mí y cómo agradezco toda la protección que nos brindaron. Fueron excelentes.

Valeria Dival, mi boba preferida, te aseguro que jamás voy a olvidarte y que siempre vas a ocupar un lugar exclusivo en mi corazón. Fuiste lo suficientemente hermosa conmigo durante toda tu vida como para mantenerme perdidamente enamorado por tantos años, y eso es algo de admirar. Si hubiera sabido que llevarte a ese lugar en el momento incorrecto iba a ser el detonante para que el destino te apartara violentamente de mi vida, entonces jamás hubiera considerado en acercarme a esa zona. Fui culpable de tu deceso, espero que puedas perdonarme en donde sea que estés ahora. Por favor.

— Hermano —susurró Paulina al apretar un poco más sus brazos en mi vientre.

— ¿Qué ocurre, pequeña? —cuestioné apagado, teniendo todavía presentes varios pensamientos que aterraban mi juicio.

— Sé que tal vez sea un poco tonto el preguntarte esto, pero… ¿Viste a papá y mamá? —mi corazón se aceleró todavía más.

— ¿P-por qué me preguntas eso, Pau?

— Bueno, es solamente una teoría, pero lo he estado pensando y tú no eres del tipo de personas que son protegidas por otras; tú eres el que proteges. La herida de Valeria me hizo pensar sobre lo que ocurrió… ¿Ella te protegió? —su voz estaba serena, hasta cierto punto tierna.

— ¿Eso qué tiene que ver con nuestros padres? —cuestioné.

— Debo reconocer que eres un chico muy torpe y distraído, pero estos últimos días has tenido tus sentidos activos en todo momento. Es imposible que necesitaras que alguien te protegiera, al menos que te encontraras en un estado de inmersión total en tus pensamientos, lo cual suele ser provocado por alguna impresión bastante grande que te deja pensando o algún tipo de suceso existencial. En resumen, creo que Valeria fue herida por un tóxico debido a que tuvo que protegerte porque algo te impactó lo suficiente —pude sentir cómo incrementaba la tensión de sus brazos en mi estómago—. Eso que viste, lo que fue capaz de distraerte de esa manera, ¿tiene que ver con papá y mamá?

— Yo… —empecé. Se notaba que esa mujer era pariente de la mente maestra de la raza humana, Enzo Zinua.

— No te preocupes, hermano. Sé que estás pensando en cómo responderme para suavizar el golpe lo más posible, jamás dejarás de cuidarme. Tu forma de dudar sobre la respuesta me lo dice todo —afirmó mientras posaba su cabeza contra mi espalda. Ella fue capaz de descifrar el contexto solamente al observar y analizar la situación; de verdad que Paulina tenía muchísimo potencial. Quería contestarle, pero algo capturó mi atención.

— ¡Eh, Pau, mira eso! —exclamé al acelerar un poco más en la motocicleta. Mi hermana levantó su cabeza rápidamente para observar lo que mis ojos habían identificado.

— ¿Al fin llegamos? —su tono de felicidad era evidente, desapareciendo su seriedad.



Eladio M. Inzunza

Editado: 10.07.2019

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