Supersticiosa

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19. El recuerdo.

Mis mejillas ardieron por el enojo y empujé a Dark.

-Te he dicho que quites la sombra.

-Atraviésala.-Me retó, miré el remolino sombra que nos rodeaba y volví a mirarlo.

-Bien.

-Scarlett, no creo que eso sea...

-Cállate, Amett.-Tomé una respiración profunda y me adentré en la sombra con determinación.

Todo se volvió negro al instante y comencé a tiritar por el frío que hacía dentro, al mirar atrás no encontré a los chicos, todo era oscuridad.

Comencé a caminar a donde supongo es la salida de mi casa, no parecía que yo avanzara, más bien parecía retroceder. Una luz blanca y cegadora me rodeó repentinamente, llevándome a mi antiguo departamento en Seattle, hace unos meses atrás.

Me encontraba en el instituto cuando ocurrió, estaba peleando de nuevo con Brian, mi antes actual novio, era la misma estupidez de siempre, mis malditos celos, según él.

-¡Te he dicho que entre Sabrina y yo no hay nada!-Me gritó, tensé la mandíbula.

-¡Conozco lo suficiente a mi mejor amiga para saber que me oculta algo con respecto a ti, quiero saber por qué se pone tan nerviosa cuando estamos los tres en el mismo lugar!

-Eres imposible, Odette, y esto está comenzando a cansarme.

-¿De qué hablas?-Pregunté con la voz entrecortada.

-Si sigues con tus celos hacia tu mejor amiga nuestra relación acabará.-Dicho esto dio media vuelta, dejándome entre lágrimas en los vestidores del instituto.

Mi vista se nubló y mi respiración se cortó.

Mi madre se encontraba subiendo las escaleras con su abultado vientre de seis meses de embarazo rebotando ligeramente a cada paso que daba.

Mis ojos se dirigieron al reloj en su cuello, 12:36 pm.

Alcancé a apreciar como una de las bolsas que llevaba se rompía y hacía que perdiera el equilibrio, cayendo hacia atrás y rodando los dos pisos antes de llegar al vestíbulo del departamento, ensangrentada, con la espalda destrozada, mi hermanita muerta por los golpes sufridos por la caída, y el rostro semi desfigurado.

Caí al suelo llorando a mares, lo que pasaba en mis premoniciones siempre se cumplía y no había manera de cambiar eso.

Entonces tomé una decisión, debía detener la muerte inminente de mi madre.

Miré el reloj, 12:26 pm, tenía diez minutos para llegar a mi edificio, me levanté del suelo de un salto y comencé a correr fuera del instituto.

A mitad del camino uno de mis tacones se rompió y tropecé, haciendo que caiga de bruces al suelo. Gruñí y me quité ambos tacones, me levanté y seguí corriendo, sin importarme el calor abrasador del asfalto sobres mis pies desnudos.

Llegué a mi edificio nueve minutos después, me detuve un poco a recuperar el aliento y corrí escaleras arriba, llegando a tiempo para ver cómo mi madre perdía un poco el equilibrio, me lancé hacia delante y detuve su caída.

-¡Cuidado!-Exclamé, mi madre recuperó el equilibrio y soltó un suspiro de alivio.- ¿Te encuentras bien, mamá?

-Sí, no sé qué hubiera pasado sino hubieras llegado tú.-Me sonrió con dulzura y acarició mi mejilla.

-Muerto.-Murmuré y recogí lo que se había caído de las bolsas.

-Qué tonta soy, ¿puedes ir al auto a buscar la bolsa que dejé, por favor?

-Claro, solo ten cuidado.

-Lo tendré, cariño.

Subía las escaleras, estaba por llegar a mi departamento, con la bolsa llena de ropa para bebé en una mano, cuando escuché los gemidos que provenían de mi departamento.

Solo un pensamiento surco mi mente, ¡mi madre!

Solté lo bolsa y corrí los últimos escalones que me faltaban por llegar, al entrar en mi hogar encontré los más horrible que mis ojos había presenciado jamás.

-¡Mamá!-Corrí hacia el cuerpo ensangrentado de mi madre, tenía un cuchillo clavado firmemente en el vientre, otro en el corazón y otro en el ojo.

-Te...amo, n-no l-lo olv-vides.-Susurró en un tono apenas audible antes de que su corazón dejara de latir y sus pulmones de producir aire.



ElizaKmarena

Editado: 10.09.2018

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