Supersticiosa

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21. París.

Miré asustada por la ventanilla, observé como con rapidez nos aproximábamos al impacto que acabaría con nuestras vidas.

Y ocurrió algo posiblemente milagroso: las turbinas comenzaron a funcionar de nuevo y en unos cuantos minutos volvimos a tomar altura.

Sentí como mi corazón volvía a latir y dejé escapar una exclamación de alivio, ¡seguía viva!

-¡Estamos vivos, Dark!-Chillé y lo miré, solté una carcajada al verlo inconsciente en mis piernas.

(…)

Luego de unas interminables horas de vuelo por fin llegamos a nuestro destino.

Sonreí mirando por la ventana mientras acariciaba el cabello oscuro del castaño desmayado en mis piernas. Justo cuando los pasajeros comenzaron a pasar entre los asientos para reunirse con sus seres queridos Dark abrió sus preciosos ojos grises tormenta, como la que acabábamos de pasar hace unas horas.

-Bienvenido a la realidad, Bello Durmiente.-Me mofé, él me miró indignado y se desperezó de mí.

-¡Casi morimos hace rato!

-Pero no lo hicimos.-Dije con simpleza y me levanté de mi asiento, tomé el regalo que él me había dado y salí del avión, con él pisándome los talones.

-¿Trajiste equipaje?-Le pregunté buscando con la mirada mi mochila llena a reventar.

-Sólo una mochila con dos cambios de ropa y dinero.-Se encogió de hombros y tomó de una las dos mochilas.

Le arrebaté la mía y caminé con cierto mal humor hacia la salida del aeropuerto, debía salir y alejarme de Dark. Claro que él no iba dejarme las cosas tan fáciles.

-Tú no irás a ningún lado sin mí.-Gruñó tomándome por el brazo, lo miré con ambas cejas alzadas, desafiante.

-Eso sonó muy posesivo.-Me burlé y me solté de un tirón de su agarre.-Si me fui de Boston fue para alejarme un tiempo de todo, sobre todo de ti.-Escupí, él me miró herido y sus ojos se oscurecieron, creando una barrera entre ambos.

-No entiendo qué es lo que ve Amett en ti.-Sentí mi corazón estrujarse ante sus palabras cargadas de odio, tragué saliva.-Y tampoco entiendo por qué vine hasta aquí. Sé cómo eres y debí esperarme que me trataras como siempre lo haces.

-Yo trato a las personas como me traten.-Le dije con la mandíbula apretada, las comisuras de sus labios se tensaron.-Yo nunca te pedí que vinieras detrás de mí, ni mucho menos te pedí que me compraras ese libro.

-Entonces te pido perdón por hacer lo que creí correcto.

-No te hagas el santo ahora, Dark.-Sonreí con cinismo y cambié el peso de mi mochila al otro hombro.-Vete, nunca debiste seguirme.-Le di la espalda y troté fuera del aeropuerto, sintiendo mi corazón latir deprisa.

Menuda escena que habíamos montado.

Suspiré y me recargué en la pared blanca del aeropuerto, lo cual me llevó a una terrible premonición.

Eran ya cerca de las diez de la noche, Dark y yo habíamos vuelto a discutir, pero ahora él se encontraba en un vuelo de camino a Boston.

Repentinamente el cielo estalló en un diluvio, solté una maldición y corrí a refugiarme al edificio más cercano, el cual se trataba de un café.

-Nos acaban de informar que el vuelo 96 acaba de estrellarse cerca de Bélgica, se dice que no hay sobreviviente alguno.

Mi corazón dejó de latir y los ojos grises de cierto pelinegro aparecieron en mi mente.

-¡Dark!-Chillé, derrumbándome.

Dejé de tocar el suelo un segundo antes de estrellarme de bruces contra él, mi nariz sangraba ligeramente y luchaba por no perder la consciencia.

Tenía que avisarle, no podía dejarlo morir.

Pero, para mi desgracia, el cansancio que dejó mi premonición ganó la batalla, llevándome al mundo de Morfeo.

(…)        

-¿Señorita, se encuentra bien?-Abrí los ojos, desorientada, miré con extrañeza al hombre del avión mirándome fijamente.

-¿Qué hora es?-Murmuré levantándome lentamente, él me sostuvo con firmeza por un brazo.

-Son casi las diez, ¿por qué?-Ahora fue su turno de mirarme extrañado.

Abrí los ojos como platos, alarmada, y corrí de regreso al aeropuerto, ahora concurrido de gente. Comencé a buscar con desespero a cierta cabellera castaña casi negra.



ElizaKmarena

Editado: 10.09.2018

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