Supervivencia

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Capítulo 1

Ajusté la mira de mi arma y observé con atención, no debía fallar. A pesar de hacer frío, una leve capa de sudor cubría mi frente. Respiré hondo y acomodé mis manos sobre el frío objeto sin temblar, seguras de lo que querían lograr. Matar. 

Me hallaba en un departamento abandonado a varios pisos de altura. Era mi ubicación de vigilancia mientras los demás soldados se encontraban en el edificio de enfrente buscando medicinas. Desde que habíamos salido a la superficie, no nos habíamos encontrado con ningún infectado, pero en algún momento iban a aparecer. No había ocasión en la que no lo hicieran, tenían un gran olfato y sentido de audición. Por eso no debíamos demorarnos en nuestro plan. 

Afuera el sol brillaba alto, pero iluminaba apenas la habitación, dejando el espacio a mis espaldas a oscuras. Vi a un infectado caminando lentamente en la calle. Miraba hacia el edificio donde estaban mis compañeros, por lo que seguramente ya los había olido y quería alimentarse de ellos. Le apunté directo a la cabeza. Un solo tiro no iba a matarlo, debía gastar unas cuantas balas para eso y eso significaba una sola cosa: ruido. Una vez que disparara, esa sería la señal para huir de allí y volver a la base, el único lugar seguro para los humanos no infectados. 

Un escalofrío recorrió mi espalda. Una suave brisa hizo que algunos cabellos sueltos me hicieran cosquillas en el cuello. Sin esperar un segundo más, disparé a la cabeza del infectado que estaba en la calle y me giré rápidamente al tiempo que desenfundaba una de las pistolas que llevaba en mi cinturón. Como había creído, un infectado acababa de entrar al departamento donde me hallaba. Al girarme, saltó unos cuantos metros en el aire avalanzándose hacia mí. Le disparé varias veces en el aire y luego rodé hacia un lado al tiempo que lo esquivaba. 

Los infectados eran sujetos que habían sido mordidos por otros, era una cadena sin fin. En cuanto eran mordidos, el veneno en su saliva se desparramaba por sus venas. A las pocas horas comenzaban a sentir que morían de inanición y era entonces cuando comenzaban a desear con locura beber sangre. Sus sentidos se agudizaban y las palpitaciones aumentaban. Con el tiempo enloquecían y llegaban a dañar a sus seres queridos, nada les importaba. A los días, sus cabellos solían caer dejando una cabeza casi calva, su piel se volvía pálida y translúcida, dejando ver unas gruesas venas negras. La boca se agrandaba mostrando unos dientes más grandes y afilados y los ojos se hundían y se volvían completamente negros. Terribles y horripilantes monstruos.

Al momento de matarlos, no me importaba que hayan sido personas alguna vez, porque tenía claro que de ese ser humano ya no quedaba ni rastro en ese cuerpo maltrecho. Y era él o yo. 

Oí disparos provenientes de afuera. Mis compañeros debían estar acabando con el primero al que le había disparado. Debía apresurarme. El infectado a mi lado estaba incorporándose. Tomé la navaja que guardaba en mi bota y salté sobre él antes de darle tiempo a algún movimiento más. Sin una gota de remordimiento, le clavé la navaja en la cabeza. Sangre negra y espesa comenzó a chorrear y la criatura lanzó un alarido ensordecedor. Quité el cuchillo, empujé a la bestia hacia atrás y le asesté una puñalada más en el pecho, donde debería estar el corazón. Con eso era suficiente. El monstruo dejó de moverse casi al instante. 

Guardé mis armas y salí corriendo del departamento al tiempo que limpiaba en mi ropa la sangre que había salpicado a mi rostro y manos. Bajando las escaleras de dos en dos tomé otra pistola cargada por si se aparecía otro infectado. Por suerte no sucedió y logré salir del edificio. Vi a mis compañeros correr calle abajo y los seguí. La mayoría iba con bolsas y las mochilas cargadas. Miraban hacia atrás y hacia arriba a los edificios que alguna vez habían solido formar parte de la majestuosa vista de la ciudad. Ahora sólo eran torres sin vida. 

-Siete, ¿todo bien?

Miré hacia mi derecha, el jefe de la unidad, el señor Maxwell, o Uno -como debíamos llamarle cuando salíamos-,  me observaba con el ceño fruncido al tiempo que corría.

-Sí, señor. No pude matar al objetivo porque otro interrumpió mi trabajo en el edificio.- le respondí agitada. 

El hombre asintió y aceleró la marcha hacia el frente del grupo. Unos minutos más tarde llegamos a la salida escondida, un hueco en un callejón entre montones de basura. Pasando primero los que cargaban bolsos, los demás aguardamos mientras vigilábamos que nadie se acercara. 

Una vez más, una misión exitosa. 

Fui la anteúltima en pasar por el hueco que me llevó a un túnel subterráneo y oscuro. Vi las figuras de los demás trotando a lo lejos iluminando con sus linternas el camino. Los imité, oyendo detrás de mí a Uno. Nuestros pasos hacían eco en el camino, tapando el sonido de nuestras respiraciones agitadas. 



Akane

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En el texto hay: vampiros

Editado: 22.08.2019

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