Supervivencia

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Capítulo 3

Habían pasado dos semanas desde la llegada de los infectados y en ese tiempo no había podido enterarme de nada más sobre ellos. Todo era muy hermético. Los tenían encerrados en alguna parte, haciéndoles pruebas, extrayendo muestras de sangre para analizarlas. Muy pocas personas los habían visto, por lo que todo lo concerniente a ellos era muy misterioso.

La mañana del lunes me levanté temprano. Debía comenzar con mi entrenamiento nuevamente. Luego de cada salida nos daban una semana de descanso para después comenzar con los ejercicios diarios para mantenerse en forma. Debíamos ser fuertes y ágiles para enfrentarnos a los infectados. 

Luego de un desayuno ligero y de colocarme mi ropa de entrenamiento que consistía en un pantalón y una musculosa, tomé mi campera y mi bolso, y salí camino al regimiento. Afuera de mi casa las luces iluminaban el camino tenuemente. Los ingenieros de la base manejaban las luces como si fueran el sol, encendiéndolas y apagándolas de acuerdo al horario del sol en el exterior. Era necesario tratar de mantener una vida lo más normal posible. En el trayecto me crucé con otras personas yendo a su trabajo, médicos, soldados, albañiles que se dedicaban a ampliar la base, etc.

Llegué a mi destino a horario. El campo de entramiento era parecido a un estadio de fútbol sólo que en el centro, en vez de haber una cancha, había una pista para correr, muros para escalar y demás objetos para realizar ejercicio. Fui derecho a los vestuarios a dejar mis cosas, allí me encontré con otras compañeras. Entre ellas Ruth, lo más parecido a una amiga que había encontrado en aquella cueva. 

-¿Has notado, Laura? ¿Serán cierto los rumores?- me preguntó apenas me vio.

-¿Qué rumores?

-¿En serio? Tú que siempre sabes todo de antemano, ¿no tienes idea?- saltó Lisa, una soldado de la unidad A, con sorna.

-¿De qué no tengo idea?- comenzaba a molestarme.

-Comenzaremos a entrenar con los vampiros.- me dijo Ruth.

-¿Qué?- casi grité.

-Lo que oyes.- habló Lisa.- Tenemos que acostumbrarnos a trabajar con ellos para la próxima salida.

-¡No lo puedo creer!- volví a exclamar con indignación.

-Pues, apúrate. ¡Vamos a ver si es cierto!- Lisa parecía inexplicablemente muy entusiasmada con la idea de trabajar con chupa sangres.

Salimos al campo donde ya estaban todos los demás. Nos formamos y vi al frente a los líderes de cada Unidad junto con otros hombres vestidos de traje, seguramente funcionarios del gobierno. Detrás de ellos se veían agentes del gobierno también, rodeando a un pequeño grupo de personas . Eran los vampiros.

A simple vista parecían personas comunes y corrientes, excepto por la gran máscara negra que llevaban sobre sus rostros, cubriéndoles toda la mandíbula y la nariz. Eran seis, tal como me había dicho Daniel. Había dos mujeres, una de unos cuarenta años y la otra de mi edad apróximadamente. Entre los hombres, el mayor tenía el cabello canoso y los dos más jóvenes parecían tener alrededor de treinta años. Vestían igual que los soldados que esperábamos formados, nos miraban fijamente, imperturbables. ¿Estarían bajo el efecto de alguna droga para estar tranquilos? Las veces que me había enfrentado a vampiros siempre los veía frenéticos, desesperados por sangre. Me parecía extraño verlos así. Observé sus máscaras nuevamente y sentí un escalofrío recorrer mi espalda. Aquello debía significar que todavía eran peligrosos, que no podían contenerse al sentir sed. 

El líder de la Unidad A comenzó a hablar entonces.

-Bienvenidos a otra semana de entrenamiento. Como verán, esta semana y seguramente las próximas serán especiales. A partir de ahora contaremos con la colaboración de estas... personas.- la breve pausa en la que dudó en cómo llamarlos no pasó inadvertida para nadie, tampoco el hecho de que la idea parecía desagradarle. Una reacción totalmente lógica, ni yo sabría si era correcto llamarles personas. Se giró hacia ellos y asintió con la cabeza al hombre mayor.

El más anciano de los vampiros dio un paso adelante entonces y comenzó a hablar. A pesar de llevar puesta la máscara, su voz sonó clara y fuerte.

-Buenos días a todos. Gracias una vez más por habernos permitido unirnos a su grupo. Esperamos serles de ayuda. Lo primero que deben saber es que las máscaras son sólo por precaución, estamos bien alimentados- otro escalofrío recorrió mi espalda. ¿Con qué los alimentaron?-, si sentimos sed, podemos controlarnos. Lo segundo es que no vamos a traicionarlos, estamos aquí porque creemos que los métodos que se utilizaban en nuestro grupo no son los correctos. Hemos sido víctimas de maltrato, y aún hay personas allí que lo siguen siendo. Eso debe acabar. Por eso, nuestra única intención es ayudarlos. - hizo una pausa, observando a todos nosotros. Nadie parecía muy convencido de lo que decía.- Por otro lado, tal vez hayan notado ciertas características nuestras cuando salieron al exterior, pero de todas formas las mencionaré. Tenemos más fuerza que la de un humano promedio, al igual que mejor vista y audición. Ahora mismo, por ejemplo, podemos oír sus corazones latir.



Akane

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En el texto hay: vampiros

Editado: 22.08.2019

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