Supervivencia

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Capítulo 9

Volver al entrenamiento luego de los días de descanso era exactamente lo que creía que necesitaba. Estar en casa sin ánimos de hacer nada sólo me hundía más en un pozo de depresión y ya estaba harta de llorar. Ruth vino a visitarme varias veces. De verdad apreciaba sus esfuerzos por levantarme el ánimo, pero a la vez me hacía sentirme culpable por no lograr lo que ella esperaba de mí. Tuve que asistir a más sesiones con el psicólogo y a reuniones con los líderes de las unidades para demostrar que aún estaba en condiciones de seguir. Querían suspenderme pero logré que por lo menos me admitieran a los entrenamientos. Mi participación en la próxima misión dependía ahora de mi desempeño en los próximos días.

Así que la mañana del lunes fui la primera en llegar al vestuario. Estaba terminando de atarme los cordones de los borcegos cuando oí voces femeninas que al entrar se sumieron en un silencio repentino. La voz sobre lo que ma habia pasado en la última misión ya se había corrido aparentemente. Las saludé fingiendo que nada malo pasaba conmigo y el momento incómodo se aligeró un poco. Nadie se esperaba mi presencia allí.

Ruth también había llegado. Esperé que estuviera lista y salí con ella al campo. Los infectados ya estaban allí junto con los agentes, como siempre. Entre ellos estaba John, quien apenas me vio clavó su mirada en mí y no la apartó por los siguientes minutos. Lo sabía porque lo sentía observándome. Yo fingí no verlo y me concentré en lo que debíamos hacer. 

Luego de dos horas de ejercicios nos dieron un descanso que tomamos con gusto. Con mi toalla y mi botella de agua fui a sentarme a una zona donde había un cesped que parecía casi natural. La luz que iluminaba esa zona lo hacía parecer una linda tarde soleada de verano. Ruth se había ido al vestuario a refrescar por lo que ahora estaba sola. Pero mi soledad no duró mucho. 

Lo vi a John separándose de su grupo y caminando en mi dirección. Y por algún motivo sentí que me ponía nerviosa. Observé a mi alrededor sin saber muy bien qué hacer. Noté por el rabillo del ojo que se sentaba a mi lado. Ninguno de los dijio nada y eso comenzó a molestarme. ¿Acaso iba a sentarse a mi lado para quedarse en silencio nada más? Me giré para enfrentarlo y me encontré con su mirada puesta en mí. Su mirada era demasiado fuerte, difícil de sostener, pero me esforcé.

-¿Cómo estás?- me preguntó antes de que pudiera decir algo.

La sorpresa y el hecho de que estaba por decirle cualquier cosa menos lindo hicieron que me trabara al hablar y no pude evitar sonrojarme. 

-B-Bien, más o menos. Bien.

Sus ojos se achicaron como solían hacer y eso me enfureció. Maldita esa máscara que ocultaba sus expresiones. Me gustaría ver cómo reaccionaba. ¿Qué? ¿Qué demonios pensaba?

-¿Qué quieres?- logré articular.

-Quería saber cómo estabas. La última que nos vimos quisiste matarme.- dijo como si nada.

-Siempre que te veo siento deseos de matarte.- le corregí.

Lo que menos me esperaba era que reaccionara con una carcajada. Me quedé observándolo con los ojos abiertos. Escucharlo reir me hizo sentir un poco menos de rechazo hacia él. Parecía una persona común y corriente y no un monstruo. Concentrate, Laura, pensé.

-Me imagino.- dijo al terminar de reír.- Y sin embargo aquí estoy, sentado a tu lado y conversando contigo. Aún no te has echado encima mío a estrangularme.

-Eso es porque cuando lo haga nadie debe verme.- miré hacia los compañeros, que al igual que yo, aprovechaban el descanso en el campo. Algunos dirigían miradas curiosas hacia donde estábamos nosotros. Miré hacia abajo, donde mis dedos rozaban el cesped plástico.

-Sabia decisión.- respondió con seriedad.

Ninguno agregó nada por unos segundos. Tiempo en el cual dudé de si preguntarle o no lo que rondaba en mi mente. No por él, sino por temor a la respuesta que podría darme. ¿Querría escucharla? Tomé aire armándome de valor y hablé.

-¿Conocías a Richard?

Me giré para mirar sus ojos. Estos me observaban con algo de tristeza.

-No. No tuve la suerte de cruzarme con él cuando estaba allí afuera.- un leve sarcasmo tiñó sus palabras.

-¿Lo lastimaste mucho?- pregunté con preocupación.

-No.

Asentí y volví a concentrarme en mis manos. Richard estaba bien.

-¿Puedo preguntarte algo?



Akane

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En el texto hay: vampiros

Editado: 22.08.2019

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