Sweet Garden

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Capítulo 2: Atrapada en el abismo fantasioso.

Marie aun no comprendía nada, ni el lugar donde estaba ni quién era aquella señorita de largos pero desbaratados cabellos que, al parecer, le había dado una bienvenida un poco inusual de lo que ella estaba acostumbrada a recibir.

La joven pelinegra volvió a colocar su gran sombrero sobre su cabeza después de hacer una pequeña reverencia ante su "invitada" recién llegada.

Al ver que la pequeña estaba parada ahí con una cara de confusión y duda ante lo que pasaba volvió a tomar la palabra.

-Veo que estas un poquito confundida querida, ¡No te preocupes! La tía Avellana está aquí para guiarte querida- Sacó una galleta con chispas de varios colores y sabores de uno de los bolsillos que tenía en su falda-¿Qué quieres Saber?- Preguntaba con interés mientras le daba pequeñas mordidas a la Galleta

Marie sin más remedios, pensó bien lo siguiente que iba a decir pero los nervios y dudas la comían más y más hasta que finalmente soltó todo.

- ¡Muy bien! No sé dónde estoy. No sé qué hago exactamente aquí. No sé porqué usted dice ser "dueña" de este mundo, ¿Acaso a usted le falta un tornillo!?- Protestaba Marie exaltada y confusa.

Avellana solo se molestó en reír un poco para luego aclararle.

-La verdad sí, pero es algo que aquí es lo mejor que te puede faltar.- Decía con una gran sonrisa. - Si no fuera así, ni siquiera tendría sentido el estar en este lugar... ¡Por eso es tan maravilloso!

La joven de cabellos castaños quedo aún más confundida ante esa respuesta. Ella quería salir de un modo u otro de ese lugar.

- Perdóneme Señorita, pero yo no soy una Loca demente, solo quiero salir de aquí, ¿Usted podría ayudarme? - En ese punto, Marie ya estaba muy angustiada por todo. De su paradero, de quién era ella, de si podría volver a casa incluso de que la preocupada ahora sería Abby al no encontrar a su hermana en casa.

Abby.

Alguien tan tranquila, pacifica, hermosa, dedicada y decidida.

Una chica que ponía su dedicación a todo lo que hacía, y que ayudó a Marie para entrar al camino de Dios.

¿Porque desaparecería?

No era alguien que causara problemas ni que los buscara. A decir verdad, ella evitaba todo aquello relacionado con problemas.

- Déjame Pensarlo... Am... ¡Sí!

-¿¡Enserio!?- Una sonrisa se dibujó en el rostro de Marie, al fin podría ir a casa.

-¡Por supuesto que no tontita! La fiesta apenas empieza y tú mi pequeña amiga, eres una de mis invitadas especiales.- Aseguró Avellana con una sonrisa totalmente marcada en su rostro mientras hacía movimientos muy extraños.

La sonrisa de Marie desapareció totalmente para darle paso a un rostro lleno de una sorpresa nada agradable.

- ¡Usted no entiende! ¡Tengo que regresar a casa. Mi hermana debe estar esperándome y no la quiero preocupar!

- ¿Y por qué no?

Esta pregunta fue la gota que derramo el vaso de la paciencia de Marie, ya no podía soportarlo... ¡Ya no más!

- ¿¡Qué clase de pregunta es esa!? ¡Se trata de mi hermana! ¡Lo que más me importa en este mundo! Ella... - Las lágrimas empezaron a tomar a Marie tragándose sus palabras - Ella es mi única familia.

- ¿Uh? - Avellana dejo de tontear al escuchar esto - ¿Única? Mi niña... creo que te olvidas de tus...-

- ¿De mis padres? - La interrumpió - No señorita Avellana, yo no tengo padres; Ellos desaparecieron un día y jamás los volví a ver. Desde entonces mi hermana es lo único que tengo. La quiero con mi alma pero a veces me siento sola sin ellos, a veces quisiera...

- ¿Que ellos volvieran? - Cuestionó la mayor

Marie asintió con la Cabeza

- Básicamente.

-¡Creo que tengo lo que necesitas! - Declaró. Entonces volvió a quitarse su sombrero de cuadros y metió la mano dentro de él como si fuera bolso. Marie solo veía confundida como Avellana hurgaba el interior del sombrero, "¿Qué cosa en este diminuto universo podría arreglar sus problemas que se hallara dentro de ese tonto e infantil sombrero?" Era la pregunta que tomaba su cabeza mientras Avellana realizaba una pequeña pero larga búsqueda.

- ¡Aquí esta! - Aseguro Avellana con una gran emoción sobre su rostro y mientras sacaba algo del sombrero que Marie inmediatamente identifico.

- ¿Un pastelillo? ¿Y eso de qué me servirá? - Marie no pudo evitar soltar una pequeña burla ante esto.

- No es cualquier pastelillo, Cla-ro-que-no, ¡Este pastelillo es mágico! Si alguien lo comiera se cumpliría el deseo más profundo del corazón de esa persona. ¿Puedes imaginarlo? Esta cosita puede hacer reinos colosales, montañas de riquezas, felicidad eterna, el verdadero y más puro amor e incluso... reunir a una familia.

Marie se quedó perpleja. No sabía qué decir. Podría no creer en Avellana pero ese día ya había experimentado tantas cosas que si volviera a casa y viera una vaca volar por el cielo azul, probablemente creería que era más que real.



Marie G González

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Editado: 16.02.2018

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