Sweet Garden

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Capítulo 4: Que dios bendiga a nuestra nueva invitada.

Ya era casi media noche y Marie seguía desaparecida.

2 patrullas estaban estacionadas afuera de aquella vivienda pintada de tonos corteza.

-Señorita, ¿Cómo fue la última vez que vio a su hermana menor?- Un policía le hacía un sin fin de preguntas a la Joven de 18 años de edad, quien, al parecer no paraba de producir un lago de lágrimas sobre sus ojos.

- ¡Apenas esta mañana! Y-Yo estaba saliendo para ir al trabajo. Me despedí de ella como todos los días, le di un gran beso sobre su frente y me fui- La chica tenía un rostro lleno de preocupación, miedo, agonía, era un rostro roto.

El oficial solo tomaba apuntes sobre su pequeña libreta como todo un profesional. Como se notaba que este tipo de casos eran frecuentes.

-Entendido, sé que usted no estaba en casa cuando los hechos sucedieron pero, ¿Tiene alguna idea de lo que tenía puesto la niña?

-No... Pero su uniforme no está colgado ni su suéter grisáceo así que supongo que eso tenía puesto..- Aseguro con una voz totalmente ahogada.

-Bien- Asintió el mayor mientras tomaba sus últimos apuntes para después guardar su bolígrafo - La encontraremos señorita, descuide.

El Oficial dio la vuelta mientras daba algunas instrucciones a sus compañeros a través de su radio y se dirigía a su respectivo vehículo.

La muchacha se quedó allí parada, mirando a todos los vecinos que se habían reunido, todos susurrando y creando falsas teorías.

Su rostro estaba totalmente pálido, sus ojos estaban totalmente apagados como si ninguna luz existiera dentro de ella en ese momento.

Lo único que podía escuchar eran algunas sirenas, susurros, los Grillos y sus propios pensamientos.

"Es Tu Culpa"

"Es solo una niña, ¿¡En que estabas pensando!?"

"Sabes cómo se preocupa"

"No sabes hacer nada"

- Detente...- Se Susurraba a ella misma una y otra vez, como acostumbraba hacer.

Después que la gente entrara a sus respectivos hogares y la calle se quedara desierta de ruido alguno, ella entro a su vivienda mientras cerraba la puerta con un largo suspiro.

Camino por esa casa.

Le dio una y otra vez, ¿Esperando? Nada en especial.

Un milagro sería mucho pedir.

Hizo otra oración, para que dios ayudara a encontrar a Marie, y que la mantuviera a salvo de cualquier mal.

Después de un rato, Abby fue a la cocina. Saco una pequeña escalera colocándola junto a la alacena. Subió a ella para alcanzar una caja de madera para luego, bajar apenas.

Ya abajo, coloco la caja en la barra de la cocina, la abrió con sus delicadas y frágiles manos saco de su interior una botella de Whisky un poco empolvada.

Abby recordaba cuando su padre llegaba a casa con el mejor humor posible, ponerse de meloso con su madre, consentir y mostrarle trucos de magia a Marie y más que nada preocuparse siempre por su hija mayor. Siempre le ayudaba con cualquier duda del colegio, le daba su apoyo en cualquier proyecto personal e incluso escuchaba todas las desventuras de Abby con claridad.

Abby enserio amaba a sus padres.

Su madre era una mujer muy simpática, de hecho siempre que invitaba a sus amigas de la Secundaria a estudiar a su casa su madre preparaba sándwiches y sus mejores postres. Era muy educada e incluso sarcástica y humorística con sus visitas.

Sabia cuando comportarse amistosa y cuando ser seria y directa con sus hijas y su propio esposo.

Aquella botella que había agarrado Abby era un regalo de su padre para su madre por 25 años juntos.

25 años después que se confesaran.

25 años después de que toda su familia los considerara por muertos por el simple hecho de compartir un sentimiento.

Con un poco de esfuerzo la abrió.

Si Marie estuviera ahí pensaría lo que haría dos veces, pero ella no estaba allí presente.

Lleno su garganta de aquel liquido como si fuera una cascada de alivio.

La pobre desgraciada había vaciado aquella botella de 1000 dólares hasta la mitad.

Lo que haría con el resto era un misterio.

Su rostro estaba escurrido de maquillaje arruinado y litros de lágrimas y sufrimiento que parecerían nunca acabar.

Se recargo sobre el viejo refrigerador más antiguo que ella misma dejándose caer hasta llegar al solido suelo.

Miraba sus desgastados dedos, sus sucias uñas, sus frágiles brazos, su viejo abrigo víctima y compañero de su ardo trabajo; Sus rotos pies y ese oxidado dije que nunca se quitaba.

El lago de lágrimas solo empeoraba con cada segundo que pasaba, y que dios bendiga a esta pobre mujer si encontraban a su hermana muerta en el rio.

En medio de su sufrimiento, un rechinido de alguna puerta empezó a resonar por toda la casa.

"Chiiiieieeer" "Chiiiiaiaaar"

¿Un sueño? ¿Alucinación?

No podría ser.

Tal vez, un milagro, un regalo, un deseo hecho realidad.

Marie.

Abby, tambaleándose trato de seguir aquel ruido Intermitente que parecía tan lejano y a la vez cercano.

El whisky la estaba arrastrando como si el mismo alcohol supiera lo que le esperaba a la muchacha.



Marie G González

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Editado: 16.02.2018

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