Tú mi nube de azúcar

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Ya han pasado las veinticuatro horas para tener las cenizas de mi abuela en mis manos y ahora que la tengo le hago una promesa en mi mente. Todos están conmigo en el jardín, yo estoy de pie entre los rosales de mi abuela, saco de la urna la bolsa que contiene sus restos.

 

 

—Siempre te tendré en mis recuerdos — susurro, Henry, pasa su brazo izquierdo sobre mis hombros.

 

 

Esparzo las cenizas en el jardín y cuando termino de hacerlo entro en mi casa, colocó su foto junto a la imagen de la virgen de Guadalupe y en enciendo una veladora, rezo un padre nuestro y un ave maría y me persigno al terminar.
Les sirvo unos aperitivos a las personas que me acompañan y todo, su presencia me hace bien, la señora Elizabeth, es diferente, camina con propiedad, tiene gestos muy refinados al igual que su hijo, eso es extraño. Pasan alrededor de tres horas cuando todos se van menos él.

 

 

—Mi luz de la mañana — Henry, me toma de las manos y besa mis nudillos, ese es un gesto tan caballeroso y me sinceramente me gusta que haga esas cosas.

 

 

—Sinceramente me gusta que hagas este tipo de cosas — muerdo mi labio — es tan romántico, me hace recordad los amores a la antigua que muestran en las películas.

 

 

—Me gustaría llevarte aun lugar, pero sé que no es el momento para eso — suelto una de mis manos y acaricio su mejilla lentamente, mi abuela quería que viviera, que me dejara llevar por lo que me dice el corazón.

 

 

—Llévame a donde tú quieras — me mira como si no esperara esa respuesta — confió en ti.

 

 

Me abraza rápidamente, el olor de su colonia me gusta, sujeto su cuerpo con fuerza, cierro mis ojos y me doy cuenta de algo, que ya no solo lo extraño cuando no lo veo, yo lo quiero. En estos pocos días ya lo quiero como algo más.

Es algo tan loco, es muy rápido que en tan solo unos días ya quiera a este hombre, no puedo estar confundido lo bueno y comprensivo que ha estado conmigo por lo de mi abuela, solo se las cosas que él me ha platicado. Me alejo de, Henry, lo miro a los ojos, reflejándome esos dos cristales que me gustan mucho.

 

 

—Pensaras que es una locura — suspiro, inhalo y exhalo armándome de valor para decir lo que siento, pensara que estoy loca, estoy segura de eso — pero yo, te quiero — al decirlo mi corazón late con fuerza — te pienso sin querer y te extraño cuando no te veo, jamás había sentido algo así.

 

 

Henry, se mantiene inexpresivo y eso me mata de los nervios, el hombre que esta frente a mi es especial, me siento nerviosa por no verlo con alguna expresión, de pronto una sonrisa autentica aparece en sus labios, pone una de mis manos en su pecho.

 

 

—Yo no sé si tu creas en el amor a primera vista, pero yo si — acaricia mi cabello negro, mi mejilla y mis labios — has cambiado mi vida, Aurora Garcés, quiero que tengamos una primera cita y te prometo que será especial.

 

 

—¿Solo una cita? — Pregunto con una ceja levantada.

 

 

—Tendremos las tres citas y la última tendrá una sorpresa — asiento con la cabeza porque me ha dejado pensativa con la palabra sorpresa.

 

 

—Paso por ti a las ocho — me da un beso de abuelita y por ultimo besa mis nudillos.

 

 

Nos despedimos y sale de mi casa, nuestra primera cita es hoy ¿Cómo se debe vestir para una ocasión así? 

 

 

 

***

 

 

Literalmente he sacado toda mi ropa del closet buscando que ponerme, he optado por ponerme una blusa de color salmón manga larga con una falda negra de corte recto y zapatos color nude, he maquillado mi rostro un poco, mi cabello suelto, las manos me tiemblan un poco por los nervios, nunca he tenido una primera cita, y solo faltan quince minutos para que, Henry, llegue.



Cecilia Ovando

Editado: 18.06.2019

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