Tú mi nube de azúcar

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El sonido de la alarma me despertó, la apague y después de hacer mis cosas personales, aun en piyama, recogí mi cabello en un chongo en la parte superior de mi cabeza, busque en las cosas viejas que mi abuela tiene en el cuarto que esta al fondo, entre los muebles y cajas, veo una mesa redonda, con mucho trabajo la saco de la bodega y la dejo afuera, busco las herramientas y le quito las patas.
Me baño y me visto con una blusa negra, pantalón de mezclilla, sudadera negra, tenis negros y gorras del mismo color, tomo mi bolsa de color nude y coloco ahí todas mis cosas, tomo mi bicicleta y salgo de mi casa, aseguro la puerta y pedaleo hasta el asilo donde está mi abuela.


Al llegar, saludo a la enfermera y camino hasta la habitación. Mi abuela yace acostada en la cama, dejo mi bolsa en la silla que está cerca de la ventana, me entristece verla así. Acaricio su rostro, su cabello canoso.
Mi viejita me toma de la mano, me observa confundida, después sonríe, esta pálida, no puedo evitar sacar una lagrima.

 

 

 

—Tendrás tu príncipe mi niña — cerro sus ojos y me dejo sola.

 

 

 

—Abuelita — sacudo su cuerpo y ya mis lágrimas son como una llave abierta — viejita — mi cuerpo tiembla por mi desesperación — no me puedes dejar.

 

 

 

Alguien me tomaba de los hombros pero yo solo quería seguir a su lado, la enfermera me decía que ya no hay algo que se pueda hacer.

 

 

 

—Aurora — la enfermera me abraza, acaricia mi espalda tratando de darme consuelo, pero simplemente es algo para lo que nunca se está preparado.

 

 

 

Mi celular comienza a sonar, con las manos temblorosas lo tomo de mi bolso, contesto rápidamente, trato de calmarme pero no puedo.

 

 

 

 

—Aurora — si voz es como un bálsamo pero no lo suficiente fuerte como para tranquilizarme — ¿Qué pasa? ¿Por qué lloras?

 

 

 

—Me dejo — es lo primero que digo, cierro mis ojos con fuerza, como si eso pudiera ayudarme ahora — Mi abuela me dejo.

 

 

 

—Voy para allá — escucho cuando se levanta rápidamente — me encargare de los tramites, yo no te dejare sola.

 

 


***

 

 

Mientras desayuno, tome mi teléfono y le llamo a la mujer que ha robado mis pensamientos, a la que extraño cuando no la tenga a mi lado, soy de las personas que creen en el amor a primera vista.

 

 

—Aurora — la saludo pero escucho su respiración rápida, como si estuviera tratando de controlarse, la escucho llorar y eso me preocupa al instante — ¿Qué pasa? ¿Por qué lloras?

 

 

 

—Me dejo — es lo primero que me dice, observo a mi mamá que esta frente a mí — Mi abuela me dejo.

 

 

 

—Voy para allá — me levanto rápidamente de la silla, mi madre me mira seria ante mi reacción — yo me encargare de los tramites — no quiero colgar pero tengo que hacerlo.

 

 

 

—Hijo que pasa — mi mamá se levanta, camina hasta quedar frente a mí.

 

 

—La abuela de, Aurora, falleció — paso una mano por mi cabello — necesito al abogado, mamá ella no sabe que soy un príncipe.

 

 

 

Asiente con la cabeza y rápidamente está llamando al abogado mientras toma su bolso, le digo la dirección del asilo y maneja hasta allá. Es el único familiar que le queda en este país, no sabe en qué parte de México está el reto de su familia, pues su abuelos desde muy jóvenes emigraron y tuvieron a sus hijo aquí.
Mi mamá estaciona el auto y yo bajo rápidamente. Corro hasta encontrarla, está sentada en el suelo, abrazando sus piernas y rostro, se ve tan frágil. Me acomodo a su lado y la abrazo.
Ella se desmorona mucho más cuando me corresponde el abrazo, beso su cabeza y sé que ahora mismo no hay palabras que puedan consolarla. Veo a mi mamá de reojo y permanece de pie frente a nosotros.



Cecilia Ovando

Editado: 18.06.2019

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