Tú mi nube de azúcar

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Aurora, se quedó dormida en mis brazos después de un rato, la pobre está agotada, la cargue y la llave a la que supongo es su habitación. Su rostro luce pálido, sus ojos parecen que saldrás de su lugar de los inflamados que están, le doy un beso en la frente, acaricio su mejilla, suspiro al pensar en todo lo que tengo que decirle. 
Con cuidado me levanto de la cama para no despertarla, salgo de su habitación, mi celular suena y con solo ver se lo que me espera.

 

 

—Bueno — es lo primero que digo, no tengo ánimos de nada, solo tengo que enfocarme en, Aurora, ahora. 

 

 

—Hijo — pongo los dedos de mi mano izquierda en mis cienes — Tienes un mes para volver — hago mi mano un puño por lo que me acaba de decir.

 

 

—¿Por qué tan pronto? Dijiste que después de graduarme tendría un año más — observo la puerta del cuarto, no quiero despertarla, inhalo y exhalo para tranquilizarme un poco.

 

 

—Yo sé lo que te dije — esta serio — no te lo digo como padre, te lo digo como rey, ha pasado muchos año fuera y si no vuelves, los siguientes en la línea de sucesión reclamaran el trono, sé que preferiste quedarte con tu madre, tu hermana no puede tomar tu lugar, solo los hombres de cada familia real pueden.

 

 

Extraño a mi hermana, hace muchos años que no la veo, ya es toda una señorita, son pocos los recuerdos que tengo con ella, si mi padre no hubiera hecho lo que hizo seguiríamos siendo una familia, pero mi madre hizo lo correcto. Hablo con mi padre un poco más y después cuelgo, yo no sé cocinar y mi princesa tiene que comer.
Busco comida a domicilio desde mi teléfono y hago un pedido, después de hacer eso, veo las fotos que le tome a sus bocetos, yo no sé de esas cosas pero a mi parecer son realmente buenos, quizás pueda ayudarla.
Me siento en uno de sus muebles, apoyo mis codos en mis piernas y mi cabeza en mis manos, esto de ser un príncipe es algo pesado, desde que estoy en este país me ha costado mantener un perfil bajo para que la prensa no este sobre mí, mi madre haces sus cosas, hace todo lo posible por resguardarme de la prensa.

¿Cómo reaccionara mi luz de la mañana al saber que soy un príncipe? Esa chica es realmente increíble, talentosa en lo que hace.

 

 

***

 

Tengo un dolor de cabeza terrible, no sé cómo es que estoy en mi cama, con mucho pesar me levanto y salgo de mi habitación, camino por el pasillo con mi mano en mi cabeza, siento mis ojos muy grandes, debe ser por haber llorado mucho.
Henry, al verme se levanta del sillón, lo observo curiosa, tiene el cabello despeinado, la camisa un poco arrugada, observo el cojín rojo que está en el sillón.

 

 

—¿Tienes hambre? — Una triste sonrisa aparece en mis labios.

 

 

—Sí, un poco, supongo que tú también — me doy la vuelta hacia la cocina — ahora preparo algo — digo rápidamente abriendo el refrigerador.

 

 

—Eh, no hace falta, yo he pedido comida a domicilio — al darme la vuelta, lo veo mordiendo su labio inferior — veras yo no sé cocinar pero pues lo solucione.

 

 

—Ahora ya sé que debo enseñarte — camino hasta él y le doy un beso en la mejilla — gracias por acompañarme, por llegar a mi vida, me acostumbrado a tenerte en este poco tiempo que llevamos de conocernos — acaricio su mejilla derecha mientras lo miro a los ojos — debo tener un aspecto terrible.

 

 

—Para mí eres la más bella, mi princesa — se acerca mucho más y me abraza, rodeo su cuerpo con mis brazos, acaricia mi cabello.

 

 

Mi estómago decide que es momento de hacer acto de presencia gruñendo por falta de alimento, los dos nos reímos y mientras caliento lo que él ha pedido en el microondas, recojo mis bocetos de la mesa, coloco dos vas, la jarra con agua de naranja y dos platos con comida china.

 

 



Cecilia Ovando

Editado: 18.06.2019

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