Tú, mi salvación

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Capítulo 29

El día de la graduación ha llegado, todos estamos emocionados y al mismo tiempo tristes porque cerramos otra etapa de nuestras vidas. La Universidad trajo consigo cosas buenas, afianzamos mucho nuestras amistades, el conocimiento fue fundamental pero, sobre todo, conocí a Alex.

Recuerdo aquel día como si fuera hoy, Bryan lo presentó al grupo como lo haría con cualquiera, sin imaginarse que sería uno más de nosotros y que me enamoraría de él. Levanto la mirada hacia el espejo para ver los últimos detalles de mi vestido y maquillaje.

El vestido que me regaló y diseñó Leonard me quedó impresionante, nunca pensé que me regalaría, o mejor aún que, diseñaría algo para mí. Su cariño hacia mí es evidente y lo importante es que es mutuo.

Este día se veía lejano, pero al fin llegó. Me trae un sinnúmero de sorpresas, entre ellas a Alex. Él me ha escrito para decirme que llegó al país hoy en la mañana. Tengo que admitir que me siento nerviosa, emocionada y alborotada; desde nuestro encuentro hemos mantenido una agradable comunicación vía mensajes; pero también es cierto que unos días se vio afectada cuando le conté que no puse fin a mi relación con Samuel. Al parecer, esperaba que lo hiciera y, en el fondo, yo también.

Pero aun así con Alex, estamos sanando nuestras heridas y eso tiene emocionado también a los chicos. Hoy, después de mucho tiempo, vamos a estar unidos otra vez aunque sea por una noche.

Mi papá también está contento, mi graduación supone un logro también para él, porque se supone que dejo el trabajo en la tienda y empiezo uno en cualquier empresa, hasta me imagina trabajando en otro sitio.

Lo cierto es que estoy tan contenta en la tienda que no me importaría no ejercer lo que he estudiado. Todo sería fantástico si se trabajara solo en lo que quisiéramos, así al final de la jornada laboral quizá no estaríamos tan agotados.

Nuestro paralelo ha organizado una fiesta después de la ceremonia, así que hoy no tendré hora de regreso y, al mismo tiempo, tengo más horas para estar junto a Alex. En la ceremonia solo se aceptan pocas personas por el reducido espacio, así que para mí no es inconveniente porque mis invitados son pocos: papá, Ruth y Samuel.

A Samuel tuve que invitarlo porque sabía del evento y se me hizo descortés no hacerlo, para ser sincera, pensé que no iba a aceptar, pero para mi asombro, lo hizo. Aunque intenta hacer las cosas bien, ya la relación no ha sido lo mismo, algo se rompió ese día a tal punto que no ha sido posible repararlo porque no sé qué es. Hay momentos en los que me siento ahogada con su presencia, pero se le nota que hace su mayor esfuerzo por el bien de lo nuestro. Hemos pasado momentos juntos, pero ya no está la magia que había al principio, hemos hecho el amor, pero ya no ha sido con la misma entrega que antes.

—Te ves preciosa, hija. —Salgo de mis inquietantes pensamientos al escuchar a papá.

—Gracias papi, —digo abrazándolo cuando se acerca a darme un beso.

—Tu madre se hubiera sentido tan orgullosa de verte en este momento, me siento el padre más afortunado del mundo.

—¡Oh, papá! —exclamo. Parpadeo varias veces conteniendo las lágrimas, falta poco para el evento y no quiero arruinar el maquillaje—. Eres el mejor padre del mundo, de ti también hubiera estado orgullosa.

—Eso espero —susurra. Se aparta para mirarme a los ojos y veo que también tiene sentimientos encontrados—. Siempre he querido lo mejor para ti, mi amor.

—Lo sé.

Y como siempre, Alina interrumpe nuestro momento emotivo metiéndose en medio para hacerse notar y recibir caricias. Minutos después, salimos de la casa los tres.

El lugar está abarrotado de invitados y de estudiantes sonrientes que se toman fotos. Mi mirada recorre todos los rincones en busca de Alex, aunque sin obtener resultados. Samuel ya nos esperaba en el lugar cuando llegamos y nos saludamos todos, incluidos papá, él ya sabe de mi relación, así que lo único que me dijo es que tenga cuidado, «si tan solo me hubiera dicho lo mismo con Alex», pienso mientras vuelvo a mirar a nuestro alrededor.

—¿A quién buscas tanto? —La voz gruesa de Samuel me abate.

—A nadie, bueno, a mis amigos. Voy a buscarlos.

—Espera. —Me agarra del brazo y no me deja avanzar—. No pensarás dejarme solo aquí.

—Samuel, no voy a estar pegada a ti todo el tiempo. Este es mi último día y quiero estar con mis amigos, por eso te dije que no era necesario que asistieras. —Presiona mi brazo con mayor fuerza, ocasionándome dolor—. Suéltame, me estás lastimando. —Miro a mi alrededor esperando que no nos estén observando. Él me suelta, pero me lleva hacia su cuerpo con fuerza.



Gisselle Mendoza

Editado: 27.02.2019

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