Tarjeta De Presentación

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Prólogo

A veces nos enamoramos de quien no debemos, no importa la razón, sea, mayor que tú, menor que tú, diferente a ti, igual a ti; pero sin importar cual sea el caso, siempre hay algo que evita su florecimiento: La Sociedad. 
La sociedad, para muchos no es más que un grupo de personas obligadas a seguir leyes para poder estar en paz, para mi no es así. 
Yo la veo como la encargada de separar a lo que no debe ser. 
Por ejemplo, si quieres adoptar a una rata de alcantarilla, te tratarán como un raro y harán lo que puedan para que la alejes de tu vida. 
El amor comparte el mismo caso, si para ellos tu amor es “extraño", lo destruirán y tirarán tus deseos de estar con esa persona a la basura. 
No exagero cuando digo esto, la sociedad es cruel, no importa que tanto busques algo, eso no sucederá si a ellos no les gusta. 
Te lo cuento de corazón, si amas demasiado a quien no debas, ¡aléjate!, solo te dañará a ti y a esa persona. 
Estoy seguro que si te interesa, no vas a querer que él o ella sufra. 
Pero, si decides hacerlo, tener el valor para enfrentar a todos para lograr tu objetivo. 
Entonces, ¡somos dos! 
Nos encontrábamos en la secundaria, yo estaba a fines de mi carrera y ella estaba dos grados atrás. 
Nos conocimos por nuestros amigos, al principio la veía como una simple niña, pero entre más charlábamos, me daba cuenta de lo muy bien que congeniábamos. 
En menos de una semana, ya éramos muy unidos, no había recreo alguno en el cual no nos viéramos, era increíble nuestra conexión. 
Ella era muy hiperactiva, le gustaba todo lo que a mi, siempre entendía lo que buscaba decir y no había cosa alguna de ella por la cual llegará a quejarme. 
E igual, ella se encontraba muy bien con mi presencia, siempre que pasaba por su clase, pasábamos haciendo un saludo que se basaba en tratar de estirar hasta donde más no pudieran tus cachetes, en fin, era un saludo tierno. 
Pero como sabrán, no importa que tan bien se vea algo, si al público no le gusta, primero lo ignorará, después se quejará y finalmente, la destruirá. 
Poco a poco, hundirán sus esperanzas, las harán trizas y las machacarán. 
A pesar de que nos llevábamos bien, sin darnos cuenta, nuestros propios amigos nos alejaban. 
A ella le decían que era un pervertido infiel que solo se preocupaba por si mismo. 
Por alguna razón, ninguna de sus amigas quería que yo estuviera con ella e inventaban todo lo que podían para que ella se alejará. 
Mientras que a mi me decían que ella solo era una niña consentida que buscaba sentirse más que otros. 
En ese momento no lo sabía, pero ellos habían sido advertidos por los maestros sobre que yo no me juntará con ella. 
Aunque, en realidad no me importaba que dijeran, a ella tampoco, nos conocíamos bien y sabíamos que todo lo dicho era mentira. 
¿O no? 
A veces, esa duda me hacía pensar que, tal vez, no la conocía tan bien como yo creía. 
En esos días, cuando nos topábamos, éramos más fríos, ella desviaba la mira y por alguna razón, yo no juntaba el valor para decirle algo. 
Más de una vez, deseé gritarle el por que me ignoraba, el por que ya no quería verme, el por que, ya no le importaba…

Día a día, eso se hizo usual, ya no hablábamos, ya no nos reíamos juntos, ya no, éramos algo. 
Quisiéramos o no, las cosas avanzaban, ella era muy Bonita y era normal que muchos intentarán cortejarla. 
Y yo, por alguna razón, a las chicas les atraía que fuera del grado más alto y mi carácter “frio" 
Pero ese carácter, no era más que un engaño, era mi protección, de esa forma, podía olvidarme de ella. 
Y eso es lo que más me dolía. 
Mientras yo seguía siendo el mismo inútil, ella era popular, carismática y lograba hacer lo que buscaba. 
Podía vivir con eso, no es como si fuera un problema para mi, hasta que la vi con un chico. 
Él era guapo, fácilmente me  hacia ver como un bicho raro. 
Era su novio, al principio huía de esta idea diciéndome a mi mismo. 
—No puede ser, de seguro es su amigo. 
Ja, ni yo me la creía. 
Tenía muy claro que era su novio y me hacía mucho daño. 
Primero empecé con la cerveza, las fiestas, drogas, buscaba algo para no sentirme tan impotente.

—¡¿Por qué no me amas?! 
Siempre que me emborrachaba esa frase llegaba a mi mente. 
Pensaba que era injusto, que ella fuera tan feliz y yo fuera todo lo contrario a ello. 
Pero en eso, me llego una noticia muy importante. 
Ella había terminado con su novio, un amigo me contó, no se como lo supo, aunque me era imposible quejarme de ello. 
Pero mis fachas no eran las mejores, estaba débil y con un rostro repugnante, mi salud daba vergüenza. 
Así que, decidí que me pondría en forma por ella. 
Dejaría atrás todo ese mundo de perdición y me esforzaría todo lo posible para que ella me volviera a ver como su chico ideal. 
Mi meta era clara, no pensaba retroceder ni perder un segundo en ello. 
Empecé con el ejercicio y también con las terapias de rehabilitación; mi salud empezaba a mejorar gradualmente hasta que volví al como me encontraba antes. 
Era grandioso, ya no tenía problemas con las drogas ni tampoco con la fiestas, es más, ya ni me interesaban. 
Solo había un problema, nuestra edad. 
Ella era unos 3 años menor a mi lo cual hacía ver nuestro romance como algo extraño, algunos hasta me llamaban pedófilo por ello en el pasado. 
Pero no me importaba ni en los más mínimo eso, ya habíamos sufrido mucho por ello, no sería capaz de arruinarlo dos veces. 
Por eso, al regresar al colegio como un chico renovado, estaríamos juntos con el simple hecho de que habláramos un poco más. 
O eso creía yo… 
Cuando regresé ella se había hecho novia de un chico con aires de grandeza muy notorios. 
No podía creer que todo mi esfuerzo fue en vano, que había hecho todo lo posible para que ella fuera mi chica. 
—Hice todo por ti, ¡y no te interesó ni una mierda! 
Lo empecé a ver de esa manera, no me cabía en el cerebro que ella estuviera con otro hombre que no fuera yo, no me parecía justo siquiera. 
Pero, eso me hice ver la realidad. 
Al preocuparme tanto por ella, me olvidé de mi futuro, me olvidé que, tarde o temprano el colegio terminaría y no podría seguir siendo el mismo vago por la eternidad. 
Ella me hizo cambiar, su indiferencia me enseñó que la vida es muy corta para que me preocupe por solo una chica, tenía demasiados problemas para que ella fuera el único. 
Y así  empecé a estudiar con más fervor que nunca, tenía que recuperar todo el tiempo perdido y hacerme un buen estudiante. 
Me esforcé tanto con ello que, incluso fui reconocido por el establecimiento; me gané el derecho a una beca hacia la universidad que era parte del colegio. 
Era increíble, me había superado, ya no era el mismo vago que solo buscaba mujeres y placeres. 
Todo iba bien, hasta que ella volvió. 
Resulta que, al ver que yo había arreglado todos mis problemas, buscó felicitarme por lo que era ahora. 
Su sonrisa seguía siendo hermosa, me atraía de una manera que no podía controlar. 
Pero ya no era el mismo de antes, no podía caer en los problemas pasados así como así. 
Por eso, decidí que ya no debíamos estar juntos. 
Le dije que se alejará de mi, que no volviera a mi vida, alegué diciéndole que si en realidad me apreciará no estaría con ese idiota. 
Mis palabras le hicieron daño, logré ver acuestas que ella estaba llorando, la seguí por un momento cuando corría, pero tuve que detenerme al ver que fue a los brazos de su novio. 
Odiaba a ese tipo a niveles que me parecían exagerados. 
Él tenía lo que buscará, era carismático, millonario y contaba con el apoyo de todas las personas que veía, era un líder nato. 
En ese momento, deseaba estallar mis nudillos en sus asquerosamente perfectos dientes, pero sabía que si lo hacía, todo se arruinaría. 
Por eso mismo, me alejé de ella y de todo lo que tuviera que ver con su persona. 
—Si es así, no puedo hacer nada. 
Ignore mis sentimientos y me esforcé por seguir con mis notas. 
Después de todo, ¿acaso me servía amarla?, yo traté de todo para que estuviéramos juntos y no se pudo. 
No puedo forzar a que las cosas fueron como yo quiera. 
En fin, seguimos esa rutina durante todo el año hasta fechas finales. 
Descubrí por rumores de que ella era infeliz, de que ese chico solo la usaba a su gusto y no se preocupaba por amarla. 
Ya tenía ganado el año, no tenía razones por la cual seguir esforzándome; decidí que la ayudaría. 
Tal vez había elegido el ya no hablarle pero era el único capaz de hacerla feliz de nuevo, no me importaba si todos me juzgaban, la haría feliz. 
Así que, el día final de clases, organicé un plan para que pudiéramos vernos sin que su novio se diera cuenta. 
Junto a 4 amigos, provocamos un gran apagón dentro del lugar, haciendo que todos salieran del colegio. 
De esa manera, hicimos que solo ella y yo nos quedáramos adentro. 
Una vez ahí, ella corrió de mi ya que, posiblemente aún guardaba un poco de rencor por lo que nos pasó. 
No la podía culpar pero tampoco apoyar; la seguí como un idiota dando vueltas como por 10 minutos hasta que la arrinconé detrás de la tienda de almuerzos. 
Al estar tan sudados no pudo resistir y le di un beso al menos por unos 5 minutos. 
Después de separarnos le hablé y le pedí que dejara a su novio. 
Pero ella no estaba dispuesta a eso, no podía abandonarlo todo por que había cambiado. 
Después de todo, era un pedido injusto, ella no tenía el por qué decir que si. 
Al aceptar que ella no se iría conmigo, decidí algo. 
—¿Ves esto? Es una tarjeta de presentación, mi número, mi dirección, mi correo y todo lo que necesites para comunicarte conmigo esta ahí, guárdala hasta que estés sola, y te aseguro algo, no importa cuánto tiempo pasé, yo, estaré dispuesto a ir por ti. 
Justo después de que terminara de hablarle, llegaron los profesores a revisar quienes se habían quedado adentro. 
Tuve que huir, pero no sin antes darle la identificación. 
Salí por una ventana y no volví a poner ni un pie jamás dentro del colegio. 
Ella se quedó ahí, diciendo que nada había pasado, pero en realidad, ella guardó la carta y fingió con todos sobre lo sucedido. 
Esperé por varios meses que ella contestará, me imaginé que se tomaría su tiempo para hacerlo, pero… 
No, no me contestó. 
Aunque siendo honesto conmigo mismo, nunca pensé que me fuera a contestar. 
Pero al menos la besé ¿no? 
Tenía que olvidarla, ya tengo 23 años, no estoy para creer en esa cosas. 
Quiera o no, creer que ella sentiría lo mismo que yo era tonto, ella tenía pareja, no estaba para abandonar todo solo por que al fin había juntado valor. 
Soy un adulto ahora, me encuentro en la universidad, también cuento con un trabajo de medio tiempo, vivo una vida muy ajetreada. 
Después de todo, yo solo era un perdedor buscando reivindicarse... 
Se podría decir que no soy pobre pero tampoco alguien rico. 
En si, estoy muy abajo para llegar a clase alta y muy arriba para considerarme clase baja. 
Mi nombre es ******, es un gusto hablarles. 
Vivo días muy aburridos, estudio, trabajo, duermo, estudió, trabajo, duermo. 
Ese ciclo se repite como si fuera algo normal. 
Tengo una hermana menor, un perro y algunos amigos que enserio aprecio, no gasto mucho tiempo en amistades pero al menos los veo en el trabajo. 
No hay cambio alguno, siempre es así, se podría decir que, entro en la calificación de “Vivir Para Trabajar" 
No tengo la culpa de ello, tengo que mantener a mi hermana, desde que mi madre murió, he tenido que ser madre y padre de ella, no puedo malgastar mi tiempo en amistades o relaciones frívolas 
Trabajo como atendedor de supermercado, en mi trabajo soy conocido como “Zero". 
Me dicen así ya que no tengo ningún sueño, solo sigo el camino básico de todo humano. 
Pero lo veo como algo normal, incluso me acostumbré más al apodo que a ser llamado por mi nombre. 
Estudio arquitectura pero para ser honesto aún no le halló interés, solo entre por que me dijeron que conseguiría mucho dinero con esa carrera. 
Mayormente me mantengo dormido en clase, pero logró pasar y con eso me basta. 
Tal vez para algunos sea mejor una vida llena de diversiones pero yo pienso que es mejor estar tranquilo en el aburrimiento que abrumado en lo desconocido. 
Bueno, así era hasta ayer. 
Estaba a medio examen hasta que, de repente, ella me llamó. 
Su voz era casi idéntica a la que recordaba solo que era un poco más “adulta" por así decir, pero seguía con la misma forma de charlar que antes. 
No sabía muy bien por qué, pero de la felicidad lancé un grito a medio examen y me sacaron. 
¡Pero valió la pena! 
Ella me dije que necesitaba verme, que su vida era una mierda desde que nos separamos y no le importaba que tantos años habían pasado no podía estar otro segundo más sin mi. 
No podía creer lo que escuchaba, me moría de la felicidad, pero también de curiosidad. 
Después de todo, suena a demasiada coincidencia para que sea verdad. 
Pero como decía mi padre: 
-La única razón para que tus puños rocen la lona es cuando te desmayas. 
No se por que razón, por que después de tantos años ella me llamó. 
Fuera un engaño o no, tenía que comprobarlo por mi mismo. 
Pero si soy honesto conmigo mismo. 
¡Me muero de ganas de verla!



Fernando Capriel

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#2301 en Joven Adulto

En el texto hay: romance imposible

Editado: 23.07.2019

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