Tarjeta De Presentación

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Capítulo 4: Nuestra "cita"

Los dos fuimos hacia la mesa, al llegar no sabia cuál era la mesa por lo cual ella me dijo dónde era, una vez llegamos corriendo un lugar como una muestra de modales pero ella lo entendió mal pensando que yo me sentaría ahí, así que se fue a sentar en la otra dejándome parada como un estúpido.

Ella empezó a tomar agua como si estuviera de “cruda" mientras yo pensaba en cuanto me costaría un vaso de agua.

Cuando ella se acabó el agua del vaso me vio fijamente pero no hablaba, supuse que ella esperaba que yo empezara por ello empecé a decirle.

—¿Qué ha sido de tu vida Rachel? ¿Has logrado lo que buscabas?

Ella estaba apunto de hablar pero se mordió el labio y después dijo:

—¡Si! Soy diseñadora desde que salí de la universidad ¿y tu que has hecho?

No le hallaba sentido a mentirle así que hablé con la verdad.

—Aún me encuentro en la universidad, tengo un trabajo de medio tiempo y aún visito al colegio para traer a mi hermana —sonreí mientras me rascaba la cabeza— ¿has tenido una relación actualmente?

Sentí que era una pregunta muy fuerte pero la duda me carcomía, debía haber alguien, si no fuera por eso, ¿para que me llamó?

Ella bajó la mano de la mesa y me contestó:

—¡No! No he tenido novio durante mucho tiempo.

—Ya veo, ¿y qué pasó con Marcus? Pensé que iban hacia algo más serio…

—No, él era un poco…

—¿Robótico?

—Exacto, no congeniamos muy bien y tuvimos que separarnos.

—Tal vez no me creas pero siempre supe que ese chico no era para ti, él era muy desalmado, es más, estoy seguro que si hubieras seguido con él posiblemente solo te vería como una  forma de que su imagen sea mejor ante los medios, siempre vi a ese tipo como… un tipo que no puede amar.

—Su-supongo…

—Bueno, ese no es el punto, en fin, ¿qué tal estás?

—Se podría decir que bien, no ha pasado mucho en mi vida desde que te fuiste, desde que abandoné a Marcus he sido más “Ermitaña”

—¿Ermitaña? ¿Por qué?

—Me alejé un poco de las relaciones desde entonces…

Al ver que dejé de hablar ella exclamó rápido.

—¿Y tu tienes novia? Recuerdo que había muchas cerca de ti en ese entonces.

Je, enserio piensa así…

—No he tenido novia desde que terminó nuestro año escolar, he pasado todo este tiempo trabajando así que no he podido ver ello.

—No te creo, siempre tuviste muchas “amigas" —ella jugaba con el tenedor — algo me dice que tienes muchas “chicas de una noche" en tu vida.

—Ja, ja, ja, no he tenido oportunidad de salir, ha habido algunas chicas que llamaron mi atención pero no ha pasado de ahí…

—No te creo, estoy segura que ya tuviste novia.

—¿Por qué habría de mentirte? —sonreí en forma de burla hacia lo que decía.

—No lo sé, dime tú.

Lograba ver que ella estaba un poco… ¿celosa?

Primero que todo ¿con que derecho iba a estar celosa?

Ella fue la que tuvo novio no yo, tal vez tuve alguna “aventura" estando borracho pero nunca pensé en tener una novia a excepción de ella; el simple hecho de que ella fuera quien se sintiera celosa me hizo pensar que seguía siendo la misma chica caprichosa de hace algunos años.

Lo único que podía pensar al escucharla era: 
—¡¿Con que derecho lo dices tu?!

Por eso le dije:

—Anne, mi querida Rachel, si no me equivoco ¿tu eras la que tenía novio no?

Ella también sintió enojo con ello, asumiendo eso por que infló sin querer  los cachetes.

Antes tenía esa costumbre siempre que no estaba de acuerdo conmigo.

Recuerdo que una vez estábamos jugando a la botella y cuando me tocó besarla me acobardé, no lo entendí muy bien ese día pero después me fijé que siempre que estaba enojada ella inflaba los cachetes como si fuera un durazno.

—Si estaba con otro chico era solo por que tu no te atrevías a declararte —se sirvió otro vaso de agua.

Ella antes era un poco más callada ante eso pero por lo visto, había cambiado un poco.

—Ni que hubiera sido mi obligación declararme, si cuando lo hice tú me rechazas te ¿o se te olvida?

Puede que fuera un cobarde pero ella era más bipolar que Charles Manson.

—Tienes que entender que en ese momento no podíamos estar juntos —ella ocultaba su rostro al hablar.

—¿Por qué no? —pregunté mientras que sin darme cuenta la tomé de las manos— era mal momento solo ¿por que estabas con ese riquillo idiota?

Siempre había una excusa para que me alejará, no podía huir ahora, tenía que preguntar lo que no pregunté antes.

—Si supieras lo mucho que él te ayudo…

—¡¿En que me pudo ayudar él?! ¿Dime que hizo además de alejarte de mi?

—¡Aunque él no hubiera estado ahí tu jamás hubieras vencido a los prejuicios! ¡Te importaba más lo que pensaban sobre nosotros que nosotros!

Ella me vio enojada, no solamente esto, parecía que, ella enserio sufría al recordarlo.

—Siempre ha sido así, cuando yo tengo el valor de expresar lo que siento tu no lo tienes y cuando tu quieres hacerlo yo no…

—Sin duda nunca estamos de acuerdo ¿verdad?

—Tienes razón…

Los dos nos callamos un momento pero al vernos empezamos a reírnos.

Por alguna razón, recordarnos de ello nos hacía querer reírnos de nuestras viejas decisiones.

No sabía muy bien ello pero, sin darme cuenta habíamos conectado.

Al pensar en lo que fuimos nos dimos cuenta de algo que nos pudo servir antes.

—Inventamos muchas excusas para ocultar nuestro falta de valor.

Sin querer los dos fuimos cobardes, nos escondíamos de la realidad encerrándonos en que estaba mal pero, si en realidad nos amábamos, no debimos inventar tantas excusas….

Me sentí nostálgico al pensar en ello, siempre creí que la culpa era de la sociedad, tal vez era en parte a ello pero quien no tuvo valor, fui yo.

Veía su cara y pensé:

—Ella cree lo mismo que yo…

Los dos cometimos muchos errores antes, los dos sufrimos, los dos… estamos aquí.



Fernando Capriel

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En el texto hay: romance imposible

Editado: 23.07.2019

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