Te doy mi corazón© (snypp#3)

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Capítulo 15

Varias semanas después.

Hoy iríamos a la playa. Estaba muy feliz.
Estás semanas habían sido maravillosas. Descubriendo cosas de cada uno.
Supe que a Lazuli le encantaba el helado de chocolate y el dulce de menta. Pero que no los comía en exceso, le encantaban las ensaladas y no comía comida demasiadas grasosas aunque si disfrutaba mucho cuando nos comíamos una rica pizza o hamburguesa.

Tomaba pastillas por que se sentía cansada y en ocasiones se veía muy pálida que hacía que me preocupará demasiado.
Cuando le sugería que fuéramos al hospital ella se negaba rotundamente y por esa situación eran algunas de nuestras discusiones.
¿Es que no entendía que si algo le pasaba yo me moriría?
Suspiré. No pienses en eso.

Pero por una extraña razón sentía que algo malo iba a pasar.
Dejando mis inseguridades para un lado aparqué enfrenté de la casa de Lazuli.
Abrí la puerta y caminé hacía su casa con un café con leche en la mano y unas galletas de avena.

Lazuli abrió al tercer toqué.
—Hola cariño— dijo sonriéndome.
—Hola— contesté como un bobo. Estaba impresionado por su belleza, traía un vestido rosa con flores blancas muy primaverales, su cabello suelto leonado iba adornado con una corona de pequeñas flores de fantasía, estaba maquillada sencillamente lo que la hacía ver más joven y más hermosa.
Suspiré.
—Estas preciosa.
Ella me repasó de arriba abajo.
—¿Te gusta lo que ves?—  le pregunté engreídamente.
Ella alzó las cejas.
—No seas presumido.
—¿Ser presumido es decir la verdad?— le contesté guiñándole el ojo.
Bufo.
—Que engreído eres cariño.
Me reí.
—¿Pero así me amas verdad?— dije hinchando el pecho como un pavo real.
Ella sonrío adorablemente.
—Si lo hago.
—Yo también— le respondí abrazándola con una mano.
—¿Y eso?— preguntó Lazuli.
—Es para ti mi amor.
Ella asintió.
—Gracias mi vida— respondió poniendo sus brazos en mi cuello y besándome en los labios.
—No sabes cuánto me gusta que me abraces.
Ella sonrío.
—Ajá— declaró pegándome en el pecho juguetonamente.
Alce la ceja.
—¿No me crees?— pregunté haciéndome el ofendido.
Negó con la cabeza con una mirada pícara.
—Entonces tendré que demostrártelo— exclamé susurrándole en el oído seductoramente.
—¿Y cómo harás eso?— preguntó provocativa.
Alce la ceja y la miré de manera coqueta.
—Abrazándote, dándote besos, diciéndote lo bella, inteligente, obstinada que eres. La mujer que siempre amaré cada minuto, para que veas que sin ti yo me muero— contesté con vehemencia, cada palabra saliendo directamente de mi corazón.

Lazuli se me quedó mirando impresionada, sus ojos me miraban con amor y algo más, algo que no supe interpreta pero que me dejó un nudo en el estómago.
Aún me escondía algo. ¿Pero qué?

—Yo también mi amor yo también— declaró abrazándome con fuerza casi con desesperación. Me soltó de unos minutos y me vio a los ojos sonriendo.
—¿Me vas a dar ese café y esas galletas?
Sonreí con picardía.
—¿Así nomas? ¿Si un gracias?— puse cara de ofendido.
Se paró de puntitas y me dio un suave beso en los labios a lo cual yo correspondí.
—¿Mejor?
—Mucho mejor— respondí agarrándola de la mano y dirigiéndonos a mi auto.

***
Cuando llegamos a la playa de Coney Island es probablemente la más emblemática de la ciudad y una de las más visitadas.

Se encuentra en Brooklyn, esto convierte a Coney Island en un lugar autentico, donde es fácil captar la esencia de la ciudad y sus habitantes.
Tiene una longitud de 4 kilómetros y dispone de todo los servicios necesarios.

Destaca por sus paseos marítimos y salpicado por numerosas atracciones, puestos de comida y tiendas de todo tipo.

Lo más conocido es la montaña rusa que tiene y que alcanza una velocidad de 100 Km/h y el puesto de perritos según lo que oído es el más famoso de Estados Unidos.

Es una playa hermosa.
Avanzamos a la playa felizmente abrazados.
Había bastante gente, de diferentes nacionalidades.
Los hombres no le quitaban los ojos a Lazuli.

No podía soporta el pensamiento de mi Lazuli en los brazos de otro hombre. Solamente aquella imagen en mi mente podían hacerme rabiar y gruñir durante todo un día.

—¿Qué están gracioso?— le pregunté pulverizando con la mirada a los hombres que la veían.
Lazuli se rio.
—Las mujeres se te quedan mirando todas lelas— contestó pegándome suavemente en el brazo.
—Lo sé cariño, yo no tengo la culpa de estar tan guapo— respondí presumidamente.
—Engreído.
—Guapa.



AdyerenLael97

Editado: 27.07.2019

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