Te Lo Prometo

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5.5. HAGAMOS UNA FIESTA - PARTE II

CINCO

HAGAMOS UNA FIESTA

PARTE II

 

 

 

 

Cruzamos el patio trasero, pasando desapercibidos por la multitud de personas hasta que llegamos al garaje que abarca cuatro autos gigantes y sobraba aún espacio. También cruzamos el garaje y al par de éste había una casa para perros de color azul, donde perfectamente caben hasta cuatro humanos altos o gordos. Tenía una puerta que estaba cerrada y dos ventanas abiertas.

—No te vayas a asustar. Él es un gran chico.

Abrí la puerta y lo llamé.

—Vamos, guapo. Traje un amigo, ven a verlo.

Esperé unos segundos hasta que salió un perro muy bonito de tamaño intimidante, y juguetón. Un San Bernardo de cinco años y medio, creo.

—Él es Sipke, Damon, mi apuesto perro. Spike, salúdalo, dile hola.

Spike ladró y bajó la cabeza y sacó la lengua. Damon se acercó a él y le tocó las orejas.

—Hola grandote. Tu cuidas a Hope y a Karma cuando están solas ¿eh?. Dame la mano. —Spike le respondió.

—¿Desde hace cuánto lo tienes?

—Mmm hace mucho. Creo que desde los once. Tranquilo. No muerde. Es muy juguetón. Es el único perro que no me da miedo, hay otros que me hacen temblar. Y Spike está soltero, pero sé que está detrás de la cola de Coco, la vecina canina. Se vuelve loco cuando la mira.

—¿Igual que cómo cuando yo te veo?

Una risita se me salió, pero él no paraba de verme.

—Veo que me miras como si fuera tonta.—-Me crucé de brazos.

—Creo que me subestimas demasiado. No salgo con tontas.

—¿Debo de sentirme alagada? Ni siquiera estamos saliendo.

Damon se levantó, y dejó a Spike. Mi perro se quedó quieto dejando la lengua por fuera y luego se sentó en el suelo a observarnos.

—Si estamos saliendo—aclaró, más bien, recalcó —desde hace un par de días, cariño no me niegues porque yo no te haría eso.

—Eso no lo sé... Ven, vamos te quiero enseñar algo de mi casa.

Damon me siguió como Spike sigue a Coco. Me escondí detrás de una palmera para poder ver a los chicos que no conocía zambullirse en mi piscina. Esa cabellera rubia de mi primo estaba encantado platicando con Karla. Ya me imaginaba que harían estos dos después.

—¿Qué hacemos aquí? —Susurró Damon en mi oído, su aliento era caliente y me provocó escalofrío.

Me voltee para responderle, su nariz rozó la mía, miré sus ojos y me perdí en ellos, ese café claro me transmitió tranquilidad. Nuestras respiraciones se mezclaban y no resistí más, acerqué mi boca a la de él y nos dimos un largo beso, suave, profundo pero a la vez intenso. Fue fantástico.

—Me encantan las fiestas de los lunes. Mencionó cuando nos separamos—-Apuesto que las del viernes serán mejor.

—¡No hago fiesta todos los lunes, fue improvisado! Bryan vino sin avisar y me dio medio que te viera. Entonces le dije que Karla y Sara venían y que sería día de chicas y entonces él dijo que se quedaba y yo le dije que podía invitar amigos... y así empezó esto.

—Entonces... ¿ésta fiesta que revienta mis sensibles oídos es gracias a que no querías que tu primo me viera? —Asentí.

—Eres la niña tierna que he conocido en toda mi vida.

—Gracias, me lo dicen a diario. Ven, entremos.

Unos chicos fumaban afuera sin control, debajo de las gradas estaban besándose una que otra pareja y otra subía las gradas hacia los cuartos,

—Deténganse. No pueden pasar. No hay sexo en mi casa después de la nueve y oh miren—les enseñe mi reloj—son las 04:47 p.m.

—Solo íbamos al baño—dijo el chico.

—No me importa, hay cuatro baños abajo. Has cola o te aguantas.

La chica se rio y Damon apareció.

—Creo si no es por las buenas, será por las malas. Hagan caso, en serio.

El chico y Damon mantuvieron la mirada pero el primero en bajarla fue el otro chico ebrio, ellos lentamente se fueron riendo.

—Gracias. Le digo

—¿De verdad sólo hay sexo después de las nueve?

—No lo sé, lo dije porque supongo que a esa hora todos lo hacen antes de ir a dormir. Es buen ejercicio según los médicos.

—¿Tu lo prácticas?—preguntó interesado, pero él me ofendió con esa pregunta. Me le quedé viendo mal.

—¿Qué insinúas?

—Nada, pero te ves preciosa cuando te enojas, solo bromeaba.

—No es gracioso Damon. No tengo edad para eso.

—Tienes toda la razón—respondió apenado.

Cruzamos el pasillo lleno de cuadros carísimos, y de jarrones de miles de dólares, pasamos un pequeño saloncito imitación del siglo XX y la sala de instrumentos. Llegamos a la biblioteca, un enorme paraíso de mucho placer.



LittleHopexx

Editado: 01.06.2019

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