Te quiero, ¿no lo sientes?

Tamaño de fuente: - +

capítulo 23

—¡Hey!

Evans lo miró sorprendido.

—A mí también me alegra verte —dijo, Darío, al cruzar la puerta de la habitación de su mejor amigo.

—Aunque no lo creas a mí también me da gusto verte.

Evans esbozó una sonrisa de oreja a oreja.

—¡Vaya! Pero si estás de muy buen humor —ironizó, siguiéndole los pasos hacia el salón.

Evans empezó a servir dos tragos.

—¿Por qué no estarlo? Hace una unos días pasé toda la tarde con mi chica. Nos reímos, le hice una oferta de trabajo y ella aceptó —respondió, con una gran sonrisa, pasándole el vaso con el licor, marrón.

—¿Le hiciste una propuesta de trabajo? —inquirió, arqueado una ceja—. Mejor no me digas nada —añadió antes de darse un trago. Pensando qué locura se le había ocurrido esa vez.

—Le propuse que trabajará para la fundación —prosiguió, Evans ignorando su petición.

—Pero ahora mismo todos los puestos están cubiertos.

—La fundación es ella. La esencia del porqué se creó es ella. Así que puede cubrir cualquier de los puestos. Incluso, el mío. —Se señaló el mismo.

Darío levantó y dejó caer una mano, despreocupado.

—Tú sabrás —dijo, dejándose caer en el sofá.

—Quita esa cara, hombre. Nos está yendo bien. Alégrate un poco. —Le palmeó el hombro y luego se sentó de frente a él.

—Nos está yendo muy, pero muy bien. Tanto que estamos adentro. —Evans lo miró, invitándolo a explicarse—. Ayer nos llamaron de la clínica para solicitar una reunión con nosotros. Estamos con un pie adentro, hermano.

Evans sonrió, complacido. Era mucho más que eso. Era la semilla de una esperanza que empezaba a dar frutos.

—Pudiste decírmelo por teléfono

—¿Y perderme tu cara? Además, quiero asegurarme de que no cometas ninguna locura.

Evans entendió a lo que se refería. Por fin tendría frente a frente al patriarca de la familia que le había quitado a Katia. Sin embargo, él no era su real problema.

—Steven no forma parte de la junta directiva —señaló, entendiendo la preocupación de su amigo. Tenía ganas de partirle la cara de niño “perfecto”, pero podría controlarse.

—Pero trabaja allí y conociéndote, temo que vayas a echar todo a perder por celos.

—Puedo manejarlo —dijo con seguridad.

Darío, estiró el brazo sobre el sofá, tomando una pose más relajada mientras hacía una mueca con los labios.

—Por otra parte...

—¿No me digas que encontraste a una mujer? —soltó de repente.

Darío lo miró con el ceño fruncido. No entendía de dónde salía esa pregunta.

—No me mires así. Entendía que mientras estabas estudiando no querías ninguna distracción, pero ya es hora de que busques a alguien o terminaras enamorándote de mí.

Darío le lanzó uno de los cojines.

—Ya quisieras —repuso, sonriendo.

Evans se río fuerte.

—Fuera de relajo —dijo, tomando un aire serio—... ¿Hace cuánto que no la mojas?

—De seguro tengo menos tiempo que tú.

—Que yo muchos —repuso. No había estado con nadie desde la desaparición de Katia.

—Agradezco tu repentina preocupación por mi vida sentimental, pero estoy bien como estoy.

—Tú sabrás —dijo, todavía riendo.

—Te decía —Alargó las palabras para que Evans detuviera su chistecito—. Que fui a hablar con esta señora... —Chasqueó los dedos mientras hacía memoria—. La encargada de la casa hogar….

—Larissa. ¿La conociste? —quiso saber antes de dar un trago a su licor.

—No. No estaba. Pero de verdad está haciendo una gran labor. Vi a algunos de los chicos y están muy entusiasmado con el proyecto. Me preguntaron por ti. Lily quiere saber cuándo iras a verla.



Indhira

Editado: 08.08.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar