Te quiero, ¿no lo sientes?

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capítulo 33

Al día siguiente, Mia trataba por todos los medios de recordar algo sobre su vida pasada. Tenía la urgencia de saber si en sus antiguas relaciones —en el caso de haberlas tenido— se sentía de la misma forma que lo hacía con Evans. Necesitaba saber con desesperación si era una mala persona. Porque solo una mala persona permitiría que otro hombre que no fuera su prometido la besara de esa forma. Y no sólo estaba el beso, sino las ganas que tenía de verlo, de estar con él y de repetirlo. Eso estaba mal. Ella estaba mal. Al llegar al apartamento luego de lo sucedido, tomó el teléfono para llamar a Steven y contarle todo. Sin embargo, no tuvo el valor. Además de que recordó que él le había dado esos quince días para aclarar sus sentimientos y era lo que ella tenía la intención de hacer. Pero para eso necesitaba mantenerse alejada de Evans. En la noche cuando fue a dormir, trató de olvidar el sabor de sus labios, de no pensar en la burbuja que fue proyectada durante el beso, en lo natural que se sentían sus labios contra los suyos y en la corriente que le atravesó mientras ella lo besaba. Porque ella también lo había besado y esa era una verdad imposible de ignorar.

Evans no dejaba de rememorar todas las cosas que había vivido con Katia: las conversaciones, los buenos y malos momentos de su relación. Haber pasado el día con ella le hizo darse cuenta de todo lo que se estaba perdiendo y no tenía la intención de seguir haciéndolo. También lo hizo interrogarse sobre la relación que ella mantenía con Steven. No hablaba de él y por la información que el detective le había proporcionado, no parecían tener una relación idílica. Pensarlo le daba serenidad a su torturada mente. Pero, aun así, era tiempo de acabar con toda esa falsa. Ya había dado el primer paso: besarla. Había llegado el momento de ir por todas y recuperar a su mujer.

 

—Tierra llamado a Mia.

La señora Aldrich agitó la mano enfrente a la cara de Mia. Tenía rato hablándole y esta no la escuchaba lo más mínimo.

—Eh... ¿qué? —preguntó confundida, parpadeando para salir de su ensoñación—. Lo siento. Estaba un poco distraída y no la escuché.

La señora Aldrich dejó de cortar la cinta con la cual estaba haciendo un lazo y puso las tijeras sobre el mostrador.

—Ya me di cuenta, pero olvida lo que dije. Eran bobearías. —Se giró para estar de frente a ella—. ¿Qué te sucede?

Mia devolvió la mirada a lo que estaba haciendo y no respondió.

—¿Pasó algo malo en la salida de ayer? —preguntó con dulzura y ligeramente preocupada.

Mia torció la boca mientras pensaba en una respuesta. ¿Malo? Esa no era la palabra indicada. La tarde estuvo estupenda, incluyendo el beso. Por eso la culpa la estaba matando.

—¿Puedo confiarle algo? —demandó Mia sin dejar de preparar el ramo de flores que estaba en el que estaba trabajando.

—Claro, querida.

—Evans me besó —anunció sin preámbulos y un poco de alivió cubrió su pecho.

La señora Aldrich no se escandalizó. Algo se había imaginado. Por lo tanto, se mantuvo silencio y Mia pensó que no la había escuchado. Segundos después como Mia no prosiguió ella le agarró las manos y detuvo sus movimientos. Luego la giró hacia sí.

—¿Y tú le devolviste el beso?

Mia asintió, avergonzada. Pero, necesitaba hablar con alguien que la ayudara a entender lo que le estaba pasando.

—¿Y cómo te sentiste? —preguntó con voz suave.

—Agitada. Confundida. Sentí que me temblaba todo por dentro y por fuera. Y desde entonces no he dejado de sentirme mal y no sé cómo lidiar con todo esto.

—Espera, cariño. Tranquilízate. Dime una cosa, ¿por qué te sientes mal exactamente? ¿Porque te besó o porque te gustó?

—¿Eso qué más da? Lo que realmente importa aquí, es que debí cachetearlo y mandarlo a la..., pero no lo hice porque Evans es... él es...

—Debió ser tremendo el beso si te dejó sin palabras —bromeó en medio de una sonrisa—. ¿Qué sientes realmente por ese muchacho? —preguntó con seriedad—. ¿Qué te llama la atención en él? Mia suspiró.

 

—Que me haga reír. Contrariamente a Steven que se toma las cosas tan en serio, él es más relajado. Me parece un hombre fuerte, pero también puede ser sensible. —Mia se perdió en medio de los momentos hasta entonces compartidos con él —. Me gusta la forma en la que me mira, como si no importara nada más al alrededor. Y esta esa llama que veo en sus ojos y que me atrae al punto de querer arder en ella.



Indhira

Editado: 22.08.2019

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