Tekualnesi

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Capítulo 7

Aquellas palabras no causaron el efecto que debieron causar en ella, eso la preocupó, de alguna manera el hecho de que sus compañeros se toparan con la criatura era algo que pensaba que debía ocurrir, no la sorprendió ni la alarmó; estuvieron cerca del bosque posiblemente la criatura estuviera merodeando y reconoció el olor de quienes la liberaron. Un depredador siempre observa a sus presas antes de atacar. No supo de dónde sacó ese pensamiento, pero lo apartó rápidamente, ella no era Tania que pensaba que la criatura iba por ellos específicamente.

El espejo del baño estaba descubierto y reluciente, no tenía una manta que lo tapara como el de su baño, así que se vio en el espejo por primera vez desde hacía una semana. Su mirada se encontró con la de su reflejo, color miel y asustada, no había ni un solo rastro de tristeza o vacío. Su cabello negro generalmente brilloso se notaba tieso y descuidado, su piel estaba igual de oscura que siempre, no pálida ni lívida, fuera del cabello, todo en ella era normal. Entonces parpadeó y deseó no haberlo hecho.

El color miel cambió a un gélido azul, el cabello se convirtió en una melena espesa color chocolate y la piel oscura estaba surcada por lágrimas negras. La chica nueva estaba ceñida en un hermoso corsé color azul claro. El reflejo sonrió como si se alegrara de verla y dio una vuelta sobre ella misma para después hacer una reverencia, justo como ella había hecho minutos antes. Detrás de ella apareció una mancha que crecía más a cada momento hasta que engulló a su reflejo, sintió una punzada en su pecho y desvió la mirada.

– Creo que me estoy volviendo loca.

Sus compañeros se miraron entre ellos, al parecer pensaban lo mismo.

– Todos nos volvemos locos –Tania se paró justo frente a ella y le sostuvo la mirada –. Es momento de buscar una solución.

Había intentado encontrar una desde que todo empezó, pero ahora era cuestión de vida o muerte, ya habían perdido a dos personas, no podían perder a una tercera. Cargaba el peso de dos muertes y presentía que debería cargar unas cuantas más. No podía permitirlo, era momento de terminar con eso.

– Esto ya fue demasiado lejos –Santiago se irguió y acomodó su corbata roja, vestido formal no se veía tan mal –. ¿Vieron los ojos de ese diablo? No podremos detenerlo, yo no entraré al bosque para ir por el anillo, nadie debería entrar, nos matará incluso antes de llegar a la cueva. En cuanto a las sombras…pueden buscarse a otro chico para acosar.

Si no querían ir por el anillo, dudaba que quisieran tomarle una fotografía. La realidad es que ella tampoco estaba muy entusiasmada con enfrentarse a la criatura, pero no se le ocurría otra opción. Matarla sería más difícil aún.

– ¿Qué propones? –Samanta parecía interesada en lo que el chico tenía que decir –. La sombra seguirá acosándonos, aunque creo que a ustedes más que a mí. No creo que busque a alguien más.

– Las sombras no viajarán tan lejos –la mirada de Santiago era decidida –. Me largo de aquí, volveré a mi casa y ahí me quedaré, no sé qué inventaré, pero no pienso volver.

No se despidió, ni siquiera las miró, sólo salió del cuarto de baño y no volteó hacia atrás. Cinthia sintió un nudo en la garganta, tragar saliva le era imposible; abandono, renuncia, deserción…traición. Todas esas palabras se le vinieron a la mente en cuanto vio a Santiago alejarse, las dejó, se dio por vencido y buscó la salida fácil. No supo qué hacer o qué decir, todas las palabras murieron en su boca y sólo una quedó rondando su mente; cobardía. Santiago era un jodido cobarde, él sabía el riesgo que corría al entrar a un bosque, claro que nadie imaginaba que una leyenda fuera a ser cierta, pero de cualquier forma era peligroso. Él aceptó ese peligro y ahora renunciaba.

Podría sentir apatía, enfado e incluso odio hacia él en ese momento, pero deseó con todo su corazón que nada malo le pasara. Al menos una persona se salvaría. Tania y Samanta lucían devastadas, estaba segura de que las dos desertarían en cualquier momento y quedaría sola. Sobre sus hombros quedaría la carga de deshacer lo que había pasado, después de todo, había sido su culpa; se lo merecía.

– Comprobamos algo –Samanta tenía los ojos como platos –. No puede salir del bosque y no devoró a los policías que entraron por el cadáver, tal vez la sombra mintió y sólo nos quiere a nosotros.

¿De dónde sacaban esas chicas tales ideas? No creía que la criatura fuera inteligente o algo por el estilo, dudaba que tuviera un propósito tal como matar a los chicos que la liberaron, esa cosa mataba a cualquiera, el hombre de barba era la prueba de ello.



As de Trébol

Editado: 23.03.2019

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