Ten cuidado con el corazón.

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La chica de mirada triste

 

Despertó bañado en un sudor frio, aun con esos enormes ojos castaños viéndolo suplicantes.

Temblando corrió a la habitación de Delly.

-¿Qué sucede? – pregunto algo adormilada.

-Vi a... a alguien.

-¿A qué te refieres? ¿Alguien entro?

-No, la vi, en mis sueños, ella... me llamaba.

-¿Quién?

-No lo sé, solo sé que... me necesita.

Delly se sentó en la cama y lo miro durante un segundo, tal vez Mirraz era un ángel de la guarda, y tal vez uno de sus protegidos lo necesitaba. Sus ojos mostraban tanta pena que Mirraz entristeció también.

-Si no sabes quién es, no podremos encontrarla.

-Lo sé.

Mirraz volvió al sofá arrastrando los pies, era la primera vez desde que había caído que sentía sus alas, las sentía arrastrarse tras de él, adoloridas y rotas.

No logro volver a dormir esa noche, el rostro de la chica de cabello castaño y ojos tristes lo mantuvo en vela, añorando sus recuerdos, deseando saber quién era.

A la mañana siguiente Delly salió a trabajar mientras él seguía pensando en la chica. Salió a dar un paseo, esta vez fue su salvadora personal quien acudió a su cabeza: Delly. Delly siempre tenía esa sonrisa tierna en sus labios, una sonrisa reconfortante, pero sus ojos por el contrario siempre estaban tristes, siempre melancólicos, él solía pensar a menudo que la chica se pondría a llorar de un momento a otro, pero ella jamás lo hacía, no, Delly era muy fuerte.

Le gustaría saber la historia de Delly, la razón de su sufrimiento, pero, ella era muy reservada, solía hablar con frases tan carentes de detalles que solo lo dejaban con más preguntas que respuestas.

Se conformaba con saber que ya no estaba sola, él estaba ahí con ella.

De nuevo esa mirada triste, ya se había convertido una parte importante de sus sueños, de sus pensamientos, de él mismo.

Delly lo miro con esa sonrisa que trataba de aparentar alegría.

-¿De nuevo soñaste con ella?

-Sí, cada vez luce más triste.

-Lo lamento.

-¿Por qué sucede esto?, digo si fuera su ángel de la guarda no crees que ya deberíamos de habernos deslindado, desde la caída, ¿no deberían haberle puesto ya a alguien más? – dijo algo molesto.

-No lo sé. No tengo idea de las reglas de allá arriba.

-Es solo que... no quiero que este triste.

Delly continúo con el desayuno sin tener más que decir.

-¿No te molesta no saber nada de ahí arriba? ¿No quisieras volver?

-No puedes extrañar algo que no recuerdas – respondió Delly aun con su atención en el desayuno.

-Ni tampoco amar algo que desconoces... - la verdad cayó sobre él tan fuerte como una bofetada.

Mirraz había aprendido a reconocer la mayoría de los sentimientos de su día a día. La ira, la ansiedad, la tristeza, la felicidad pero, había uno que no tenía muy claro, uno muy dulce, uno apenas perceptible, solía asociarlo con Delly porque lo sentía cuando la veía, y ahora también cuando recordaba a la chica de ojos cafés.

-Delly, yo la amo.

-¿Qué? – se volvió al fin y poso su triste mirada en Mirraz.

-La amo.

El amor es un sentimiento caprichoso, solo te das cuenta de que lo llevas impregnado cuando lo sientes en peligro. Muchos humanos no saben que lo tienen hasta que lo pierden.

Mirraz entro por la enorme puerta de madera, tan antigua como la piedra de las paredes, la luz cubría la enorme habitación, trapazando los ventanales de colores, coloreando así en interior de la iglesia. Las representaciones en los ventanales de colores representaban el tortuoso camino que Jesucristo tuvo que pasar para que al fin lo crucificaran. Tardo unos minutos observando la tercera caída, el rostro de Cristo lo conmovía, lucia resignado pero en sus ojos había esperanza.

Continúo caminando hasta llegar al enorme e imponente altar.

Ahí arriba lo miraba desde su incomodo "lecho" en donde sus ojos transmitían más que tristeza.

-¿Por qué? ¿Por qué me has abandonado? - soltó Mirraz con dolor - ¿Por qué me lanzaste aquí?

-¿Puedo ayudarte hijo? – escucho una voz a sus espaldas.

-No – dijo Mirraz sin siquiera dirigirle la mirada al anciano.

Salió de la catedral aun derramando lágrimas amargas.



Frann Gold

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En el texto hay: angeles caidos, angeles, tragedia

Editado: 04.05.2018

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