Tengo Ganas de Amar

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Capítulo 13: Enna

Capítulo 12: Enna

Mientras avanzo, mis pasos resuenan en la cabeza como temblores bajo la tierra. Mis dedos se contraen en puño bajo la sombra de mis guantes y soy el espectáculo principal de todos los alumnos de la tétrica universidad.

Recibo miradas por aquí y recibo miradas por allá. Sí, supongo que puedo llamar mucho la atención aún más si estoy convertida completamente en vampiro, mis ojos rojos asustan, mis garras pronto se insertaran en las palmas de mis manos y puedo sentir la palpitación de mis venas.

Veo a varios vampiros corriendo de un lugar a otro, cuchichean entre ellos y ya han avisado de mi presencia.

— Abre la puerta. — ordeno a la muchacha de grandes ojos. Está petrificada en medio de la puerta de la mansión Nosfer. Ella niega con la cabeza.

— Ni... No. No puedo abrir, lo... Lo siento. — inclino mi rostro de lado y saco mis colmillos a la luz, la mujer tiene tanto miedo que parece que va a orinarse sobre sus pantalones.

— Lo... Lo siento... No puedo, no está permitido... No me hagas daño por favor — junta sus manos y ruega.

— Permiso Adrienna, cuando no te hacen caso por las buenas simplemente debes deshacerte de eso. — Mirna se adelanta y eleva a la chica por los aires para luego botarla a la nieve.

Escucho murmullos detrás nuestro y con una sonrisa siniestra empujo la puerta para entrar. Justo a tiempo, tan solo me basta poner un pie dentro para que aproximadamente unas doce mujeres del clan Nosfer aparezcan delante de nosotras y se cubran entre ellas.

Giselle Romanov aparece frente a nosotras, es la líder de su clan por lo que está claro que sería la primera en dar la cara.

—Adrienna Hunter... Mirna. — Enarca una ceja. — Que sorpresa que vengan a interrumpir a nuestra casa, a que debemos su visita.

— ¿Dónde está? — voy directo al grano.

— ¿Dónde está quién? No entiendo a qué se debe tanta hostilidad.

— No venimos en plan de amabilidad Romanov, llama a la chica. — anuncia Mirna.

— No entiendo de que...

— Llama a la chica. — levanta la voz haciendo que las demás se sobresalten. Vemos como de a poco las mujeres detrás de ella, se van abriendo paso y muy, muy en el fondo veo a la rata asiática encogida como un pequeño roedor. La miro con los ojos entrecerrados. — Hola Lana.

— ¿A que han venido? Está en contra de la ley irrumpir de esa manera en nuestra casa clan, ustedes no tienen derecho a...

— Sabemos muy bien las leyes Giselle, al igual que tú lo sabes. — Mirna me mira e indica con un movimiento de la cabeza que continúe yo.

— Lana Bretti Chang, te acuso a ti de intento de homicidio y complot con los yakusa Chang. — sus pequeños ojos se abren y todos ahogan un grito. La mujercita niega con la cabeza y lágrimas empiezan a correr por sus mejillas.

Pequeña rata mentirosa.

— ¡Es mentira! ¡Todo es mentira! — grita.

— Eso es una acusación muy grave Adrienna, no puedes simplemente soltar cosas así sin pruebas.

— ¿Pruebas quieres pruebas Giselle? — aprieto los dientes y doy un paso al frente. — Todo el mundo sabe de las amenazas de Lana contra mí, todo mi clan me respalda y no es un secreto que su padre maneja negocios turbios en Asia. Podría apostar hasta con ojos cerrados que fue ella quien los mando a asesinarme.

— Eso no es prueba de nada. — Se teletransporta hacia mí. — Eres una inmunda pelirroja que se cree con el maldito poder de todo. Pero te equivocas, aquí no puedes hacer lo que quieras estúpida. — sonríe maquiavélicamente y aprieta tanto sus dientes que puedo escucharla en mi cabeza.

Mis ojos arden de lo rojos que están y mis garras buscan desgarrar cualquier cosa, su cabeza podría se runa buena opción. Siento mi poder elevándose, como el piso de madera tiembla bajo los pies de todos y entonces noto el terror que recorre en sus ojos.

— ¿Se te olvida quién soy? — avanzo y ella retrocede. — Tú no sabes, no tienes idea de lo que soy capaz de hacer. Tu familia podrá tener algún maldito poder en china, Corea o de donde diablos provengas, pero aquí, con un chasquido de dedos podría sacar toda la información necesaria para hundirte a ti y a tu familia. — espeto.

— No... No... Me das miedo. — levanta el rostro.

— ¿Qué? ¿Qué quieres? ¿Te hago un croquis o qué? Desaparece Lana, desaparece por tu bien o te juro por mi familia que te va ir muy mal.

— Me está amenazando todos la están viendo. — Señala y entonces Mirna habla.

— De nada te sirve hacerte la victima Lana Bretti, tenemos más de veinte personas que podrían afirmar tus amenazas y tus planes. Y por si no lo saben si ustedes la apoyan o están detrás de todo esto habrá muchos problemas.

— No tenemos que llegar a tanto. — se defiende Giselle. — Nosotras no teníamos idea de lo que hizo Lana.

— Yo no hice nada.

— Mas te vale que te calles. — grita Giselle. — Te hemos acogido en nuestro clan, te respetamos y mentir en nuestras propias caras es una falta total de respeto. Mirna, Adrienna, les pido disculpa en nombre de nuestro clan, no queremos tener ningún tipo de discordia con los Blood. Perdonadnos.

Miro a Mirna y ella esboza una de las comisuras de sus labios. — Mientras esto cese aquí, todo estará bien. Adrienna pudo haber muerto, no estamos jugando con respecto a lo sucedido.

— Yo me encargare de ello. Y nuevamente lamentamos lo que pasó Adrienna.

Asiento y Mirna y yo nos retiramos.

Problema solucionado.

(***)

Abrazo mis piernas al son que tarareo una melodía, es una canción francesa, muy antigua y considerada un clásico de la música. Puede que no sea un cerebrito, pero sé apreciar la buena música y cuando me gusta mucho una canción no puedo dejar de pensarla en mi cabeza.

El clima es grisáceo, no hay muchas personas en el campus supongo que se debe a que el clima es frio y los parciales de noviembre han comenzado. Suspiro teniendo en cuenta que el próximo año, comenzare mi primer ciclo en la facultad de arte, no sé cómo lo tomen todos, si les sorprenderá tanto saber que amo el arte y la pintura, que esa es mi manera de expresar lo que siento.



Danni Ibaez

Editado: 06.02.2020

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