Tengo Ganas de Amar

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Capítulo 15: Enna

 

Capítulo 15: Enna

Observo mis manos, manchadas de pintura, me duelen, los huesos en mis manos duelen después de horas y horas pintando.

He desgastado los pinceles, apretándolos tan fuerte que algunas astillas se han incrustado en mis dedos.

Suspiro e inclino mi espalda hacia adelante, apoyando mis palmas en el taburete. Cierro los ojos con la cabeza hacia abajo, el cabello se me pega a la cara, y siento tanta rabia, tanto enojo que quiero parar ya.

Me alejo de la pintura y con un grito lanzo un puñal contra el lienzo. Con mis garras rasguño la tela, mis uñas sangran y toda mi obra de arte ahora es una catástrofe, lanzo mis pinceles, mis colores, mi pintura. Nada importa, porque todo es un desastre un desastre igual que mi vida, siento impotencia, y me siento aún más impotente de no poder llorar, de ser esta jodida mujer dura que no puede llorar ni siquiera en silencio.

Caigo sobre mis pantorrillas en el suelo y observo todo con tristeza. No quería hacerlo, no quería destrozarlo todo, no quería enamorarme de Peter, no quería.

Esto me está matando, este amor me está asfixiando, no sé qué hacer, no sé ni que decirle. Tan solo quiero saber qué es lo que él siente, si la estúpida esperanza que habita en mi pecho es real.

Escucho él sonido de la puerta, a mi velocidad me pongo de pie y recojo todo lo tirado en el suelo. — ¿Si?

— Enna, soy Mirna. — suspiro y me dejo caer en la cama.

— Pasa. — Mirna entra a mi habitación. Y enarca una ceja notando todo el desastre en el que me encuentro.

— ¿Qué sucedió? — trago saliva y miro hacia el techo, dejo caer mis parpados tratando de tranquilizarme.

— Tuve una crisis.

— ¿Sufres de crisis nerviosas?

— No, solo he tenido dos en toda mi vida. — recuerdo a la perfección esa noche, cuando después de tanto llorar empecé asfixiarme, a golpear todo. Quería a mi hermana conmigo, pero las palabras de mamá me taladraban la cabeza.

— ¿Y qué hiciste la anterior vez?

— Maggy, la esposa de mi padre, me ayudó. Ella me dijo que debía pensar en algo bueno, intentar respirar, aunque no fuera necesario y pensar que todo va a mejorar.

— Pues es buen consejo. — Mirna se sienta a mi lado y abro los ojos.

— Lo sé.

— ¿Nunca la consideraste como tu madre? — pienso en ello, recuerdo que toda mi niñez era muy cercana a Margaret, a veces sentía celos de Lucille, ella era su mamá, pero Maggy se había encargado de darme el mismo cariño, las mismas caricias, los mismos cuentos. Recuerdo haberle dicho mamá, y también como sus ojos se llenaron de alegría al escucharme. Pero entonces me hice adolescente, y comprendí muchas cosas, yo no era huérfana, mi madre estaba viva, y gran culpa de que ella estuviera alejada la tenía Maggy.

— Cuando era niña sí.

Suspiro. Y arreglo mis pinceles los llevo al lavamanos y los dejo colgando para que se sequen.

— Vendrás a la fiesta ¿verdad? — Hago una mueca de desagrado y Mirna sonríe. — Vamos, será mi última fiesta universitaria, el próximo año ya no estaré aquí.

— Me vas hacer falta. — Hago un puchero.

— Estarás bien sin mí. Lo sé. — Pues yo no estaba tan segura. — Por cierto, te traje esto.

Extiende unas hojas engrapadas. Las tomo, frunciendo el ceño y leo las letras pequeñas.

Solicitud para la facultad de artes plásticas.

Trago saliva. Y niego.

— Prefiero esperar a enero.

— Porque esperar si puedes hacerlo ahora. Vamos Adrienna llena esa solicitud y el formulario también.

— Es que yo...

— Algún día te darás cuenta que eres tú misma quien se pone los obstáculos. — con una sonrisa se levanta y desaparece de mi habitación dejando una ráfaga de viento detrás de ella.

Quizás era cierto. Yo sola me ponía los obstáculos.

(***)

Había olvidado lo bien que lucía un vestido en mi cuerpo. Mis curvas lograban una figura de infarto, más aún en un vestido tan delgado y fino como el que llevo puesto. Es color plata, con un escote largo hasta la mitad de mi abdomen, solo dos tirantes sueltos, espalda descubierta y llega hasta el suelo. Ventajas de ser un vampiro es que tu piel parece tersa, y tus músculos duros, mis senos están muy bien levantados, como dos esferas grandes bien puestas. Me miro al espejo con una sonrisa que no me llena el pecho, aplico un poco más del labial color vino y hecho rubor a mis mejillas. En el tocador hay unas cuantas chicas más, es bonito ver como todas se esmeran por lucir radiantes en una noche como hoy, oficialmente la última noche del año.

La fiesta se encuentra a pleno regocijo. Hay mucha bebida y por el momento la música es suave, amena para el público y el lugar. Sin embargo, como van pasando los minutos y las horas, más gente va llegando. Veo a Brett aparecer a lado de su hermana menor Beck, bebo un poco de champagne por si necesito valor para pasar el mal rato.

Mirna esta preciosa, todo lo que alguien diría una mujer admirable, madura y hecha y derecha, su novio es un hombre lobo de la manada de los Coleman, tiene un buen rango por lo que Mirna no necesita preocuparse.

Observo mi alrededor como si todo fuese una bola de cristal, hay tanta felicidad que parece irreal. Y supongo que lo es, no puedo fingir estar bien cuando por dentro tengo muchos pedacitos rotos. Falta aproximadamente una hora para el nuevo año y me siento tan sola.

Pido que me sirvan un poco más del champagne, aunque no me haga el efecto que realmente quiero.

— Eso no es gracioso. Ayyy. —retiro mi pie cuando siento una gran pisada en mi dedo meñique. — Oh por dios lo siento.

— Porque no miras por donde caminas. — gruño.

— Oh mierda es Adrienna Hunter, solo he leído de ella en las revistas y nunca me había cruzado con ella y acabo de pisarla. — Habla todo muy rápido. —Nate dime que hago. — de pronto veo la cabezota bien peinada de Nathaniel detrás suyo.

— ¿Pues qué vas a hacer Justin? Es Enna, no es la gran cosa, sin ofender.



Danni Ibaez

Editado: 22.02.2020

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