Tengo Ganas de Amar

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Capítulo 29: Damien

Capítulo 29: Damien

Mi puño se estrella contra la superficie dura de la bolsa de boxeo, Jordan hace esfuerzo de más mientras sujeta la bolsa contra su hombro y doy un último enviste, derecha, derecha y termino con un puño de la izquierda que lo hace tambalear.

— Diablos viejo, le estás pegando fuerte.

—¿De eso se trata no? — frunzo el ceño y quito las vendas de mis nudillos.

— Digo, sí, ese es el punto, sin embargo, le estas pegando con más fuerza de la que sueles hacerlo. Lo haces con odio.

— Solo estoy tratando de mejorar. — espeto y recojo una botella de agua echándola sobre mi cabeza y limpiando mi cara.

— ¿Has... Hablado con la chica? —inquiere don preguntón.

Escupo el agua de la boca y frunzo el ceño volteándome a mirarlo.

—¿Cuándo dejarás de ser un maldito chismoso?

—¡Vale ya! —levanta las manos. —No dije nada, andas muy tenso últimamente.

Gruño por lo bajo y recojo mi camiseta del suelo. — Seguí tu consejo y me he alejado de ella. — mascullo de mala gana.

Jordan sonríe de lado y me observa con ojos acusatorios.

—¿Qué? — cuestiono a la defensiva y él vuelve a levantar las manos.

— Nada, nada. Solo que no eres de las personas que siguen consejos de alguien sino mal recuerdo.

— ¡Vaf! ¿Quién te entiende? joder. — le lanzo la botella de agua y Jordan suelta una fuerte risa ronca.

— El enojo latente en tu rostro te delata Damien, te estás carcomiendo por dentro al saber que no la vas a ver más.

— Tonterías.

— No lo son. — me alcanza y enarca una ceja. ¡¿Por qué carajos debe ser un maldito sabelotodo?! — Mueres por hablar con esa chica, y eso que apenas han pasado unos días, aunque la verdad es de las decisiones más sensatas que has tomado en mucho tiempo. Sam estará contenta.

—Pues no lo hago por Samantha.

— Lo sé Damien, sé que no lo haces por ella, en realidad lo haces por la chica Hunter. — aprieto la mandíbula sin demostrar cuánta razón tiene.

— ¿Seguirás actuando como mi jodida conciencia? porque la verdad te pareces más a un grano en el culo. — Jordan se carcajea y recoge sus cosas.

— Ya me voy, mándale saludos a la princesita de mi parte. — entorno los ojos lanzándole dagas con la mirada.

Seco mi cabello y rostro con una toalla y lo meto todo en una mochila-bolso deportivo negro, salgo del bar y subo a mi motocicleta, meto la mochila detrás y la dejo calentar unos minutos mientras pienso en lo que dijo Jordan.

Sensato.

He tomado una decisión sensata.

No soy una persona sensata, en lo más mínimo de la palabra. Estoy acostumbrado a cometer errores, a cagarla siempre que puedo y lo estuve haciendo, la estuve cagando y enredándola aún más con Lucille, esa hermosa chica que no tiene lo más mínimo que ver en mi venganza y odio contra los vampiros.

Al principio pensé que sería fácil, el punto era Mary Anne Hunter, no Lucille, pero las cosas se enredaron y para cuando me vi conociéndola ella ya me había deslúmbralo, con esa sencillez suya, esa belleza sobrenatural, esos ojos impresionantes que son capaces de robarte el aliento y sobre todo esa ternura y pureza que sobresale de ella. Y entonces me hizo odiarla, quise huir lo antes que pude en cuanto me di cuenta de lo peligrosa que resultaba ser, porque no podía dejarme engañar por ese rostro angelical, ni por lo linda que era, ni siquiera por el inmenso corazón que sé que lleva.

Lucille amenaza todo por el que he venido trabajando hasta el día de hoy, amenaza al clan, y a todos los planes que tenemos en contra de los vampiros, no puedo arriesgarme, ni siquiera por todo lo que ella ha causado en mi en el poco tiempo que la conozco.

Entonces ¿por qué no puedo sacarla de mi cabeza? ¿Por qué no puedo fingir que nunca la conocí y alejarme de ella como lo he hecho con otras chicas? ¿Por qué?

Quizá no debí llevar las cosas tan lejos, no debí dejar que se entregara a mí de la forma en que lo hizo, ni siquiera debí llevarla de viaje a un lugar tan íntimo de mi vida. Y otra vez me encuentro en un nudo de contradicciones, he hecho cosas que no he hecho nunca en mi vida, que no me creí capaz de hacer, la he dejado ver un lado mío que no lo conoce nadie, ni siquiera mi buen amigo Jordan. ¿Por qué permití que Lucille me conociera de más? ¿Por qué lo hice?

Arranco haciendo que el sonido de la moto nuble por completo mis pensamientos, debo dejar de pensar en ella, sacarla de mi cabeza a como dé lugar. Sin embargo, no me place ver a otras mujeres, no me place ni siquiera acostarme con alguna otra porque es en ella en quien no puedo dejar de pensar, de imaginarla, desnuda, con esa piel aporcelanada tan perfecta, con esos lunares en el abdomen y en el arco que se pierde entre sus nalgas.

Joder, se me pone dura de solo pensar en ella, nunca he perdido el control de esa manera ¿Qué la hace distinta? Quizás sea su apellido, quizá todo se trate de lo prohibido que me resulta tenerla, y de lo peligroso que pudiera ser estar a su lado.

Varios minutos después llego hasta la carretera de la mecánica. Estaciono mi moto en el lugar con menos barro y suciedad y es que este estacionamiento cada vez es más un desastre, en especial con días lluviosos que se avecinan. Reviso mi teléfono y aún me queda el pinchazo de ver su último mensaje, exactamente de hace cuatro días que la vi por última vez. Suspiro y meto el teléfono a mi bolsillo, saco la mochila y me coloco una gorra.

El bar está cerrado, el maloliente olor a licor y tabaco está por todo el lugar y gruño al notar las botellas rotas y el tequila pegajoso en el suelo de madera. Por lo visto alguien no ha limpiado en unos días y es que hasta ahora es que he regresado a casa, no he querido volver y de no ser porque me causaba pena quedarme una semana más en casa de Jordan, habría buscado ya otro lugar que tener que regresar a esta inmundicia.

Paso a través de la puerta vai-ven que da con la mecánica, todo está tal cual como lo deje y por lo visto ni siquiera mi progenitor ha sido capaz de arreglar el viejo convertible del señor húngaro del local de comidas.



Danni Ibaez

Editado: 06.02.2020

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