Tercera.

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Osiris.

            La luz brillaba en la dimensión de magia multifacética cuando Lucie bufaba exasperada y Lucian parecía más que divertido con la situación, sabía bien que su hermana había aceptado muy a su pesar a rescatar a su primo y el mejor amigo de este en consecuencia. Lucian conocía a su hermana como si ella fuese el libro de posiciones explosivas del último volumen que en la biblioteca encantada en casa descansaba, el corazón de la peli plateada era tosco e inaccesible, pero cuando se trataba de Magna la menor del linaje por el lado de la tía Maggie, su corazón se volvía tan suave y blando como las nubes lilas de la dimensión. Le miraba divertido mientras le escuchaba soltar maldiciones encantadas y todo su diccionario de palabras soeces mientras se elevaba en el aire y su dedo formando infinitos de múltiples colores, su melliza solía hacer eso cuando se le obligaba a ceder cuando ella no deseaba en absoluto a ayudar. Lucie no era una bruja maléfica, solo era demasiado cerrada a ayudar si ella sentía te merecías lo que te sucedía. A la única persona que siempre salía a sacar de apuros eraLucian, su mellizo, si él se sentía mal, ella se sentía peor.

            Finalmente Lucian decidió que era suficiente por el día y que Lucie ya había rellenado la cuota de maldiciones mágicas por el momento y habló, llamando la atención de su hermana mayor.

  • Para ya, Lu. –Le pidió, soltando un encantamiento para bajarla de los aires directo al césped del jardín encantado que juntos habían creado a las afueras de Osiris.Ella suspiró molesta por el bajón de golpe que su hermano había desencadenado con sus encantamientos rápidos y volteó a verle irritada.
  • Sino querías ayudar en absoluto, ¿Por qué accediste? –Ladeó la cabeza hablando el mellizo peli plateado.
  • ¿Por qué crees tú que lo he hecho, Lu? –Arqueó una ceja de plata.
  • No siempre tienes que ceder por los ojos de cordero de Magna. –Le hizo saber.
  • Lo sé. –Suspiró. –Pero no soporto verle mal. Aunque nadie me saca de la cabeza que Hermes se ha ganado lo que le está pasando. –Rodó los ojos recordando la razón de su amargura.
  • ¿Y Abraham? –Inquirió su hermano.
  • Aún más. –Sentenció. Lucian rio, sabía bien porque su hermana aborrecía tanto al amigo de su primo mayor.
  • ¿Segura que quieres que el amor de tu mágica vida muera en manos de Athos? –Se mofó de su hermana, ganándose una mirada de odio por parte de ella.
  • Cierra tu boca sino tienes nada coherente que aportar a la conversación. –Le zanjó.
  • ¿No es coherente que diga la verdad, Lu? –Volvió a mofarse de su hermana.
  • ¡Que te calles, Lucian! Dices babosadas meramente. –Contestó rabiosa, odiaba con todas sus fuerzas que su hermano se burlara de su amor platónico por Abraham.
  • Cállame. –Le retó, pero en cuando vio la sonrisa diabólica de su hermana se retractó con alarma. – ¡Era broma, Lu, era una tonta broma! –Le detuvo de conjurar un hechizo que él no podría anular.
  • Sabes que puedo llegar a ser muy literal. –Se encogió de hombros y se sentó en el césped pues estaba acostada de lado, abrazó sus piernas quedando de perfil ante su hermano. Suspiró nuevamente. –Debemos partir pronto, Athos es impredecible y no quiero arriesgarme a llegar tarde. –Se puso en pie.
  • ¿Crees que lleguemos a tiempo? –Preguntó su hermano levantándose quedando más alto que ella.
  • No lo sé, Lucian. –Suspiró negando, bajo la mirada y emprendió su camino fuera del jardín. Pues este era secreto y si creaba un portal mágico en el lugar para llegar a casa, cualquiera podría acceder ahí, y el punto era que fuese tan inaccesible como ella.
  • Solo espero que sí. No soportaría saberte con el corazón roto, Lu. –Le abrazó por los hombros para luego adelantarse a ella y hacerle montarse en su espalda.
  • Es solo un chico más, hermano. No es único, hay miles como él. Además no es como que no pueda superarle, después de todo, no estoy enamorada de él. –O eso quería pensar ella, pues lo cierto es que en verdad, ella lo estaba muy profundamente, pero jamás se atrevería a confesar ese secreto que con su hermano compartía.
  • Sé que mientes, Lu. Veo como lo ves, no miras a nadie más cuando él está cerca. –Llegaron al límite que separaba al jardín de Osiris y salió entrando a la dimensión.
  • No quiero hablar más de ello ahora, Lu. Vamos a casa. –Le pidió abrazándole desde su espalda y ocultando su rostro en el hueco del cuello de su hermano.
  • Lo sé, Lu, lo sé. –le dijo por medio de sus mentes.



Tina Pérez.

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Editado: 23.03.2018

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