Testigo De Un Criminal

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Cap. 2 Una carta misteriosa

Volker había quedado solo, después de que vio a Elaine levantarse a la salida. Los policías llegaron rápidamente para levantarlo y regresarlo al confinamiento de acero y cemento en el que había permanecido los últimos años.

Como siempre no dijo nada, solo se dejó llevar por las manos de los policías que lo escoltaban.

—Volker Kennedy— lo llamó con voz firme un tercero de los guardias—tienes una llamada.

Guiado por sus guardianes, caminó hasta el cuarto en donde se atendían las comunicaciones con los demás presos y el exterior.

—Bueno— respondió él después de descolgar el teléfono.

No hubo nada de ruido, nada más que el silencio mismo de unos segundos.

—Volker Kennedy— susurró una voz vacilante al otro lado.

Es cierto que no hay sombra más fría que la de un psicópata serial, pero en este caso, ellos mismos pueden detectar ese tipo de sombra que se les acerca.

—¿Quién eres?— interrogó con voz firme.

—Soy de aquí y allá, no tengo lugar fijo desde que has permanecido en ese encierro. Soy un amigo y un olvidado, pero soy el que seguirá tus deseos, aquellos que te levantaron de la excitación.

—¿Quién maldita sea eres?— gruñó apretando con furia el mango del aparato.

—Soy el que va a volver a matar desde el mismo conteo con el que te quedaste. Voy a ser mejor y sobre todo, voy a terminar con la que tú empezaste.

—Dante— abrió los ojos conociendo las palabras.

—Volker, no planeo hacerte daño, ni mucho menos tomar tu lugar. Te he admirado durante años y eso tú lo sabes, por eso te voy a dar pistas. No quiero matar, eso solo tú lo podías a hacer y quiero que si alguien me va a detener, ese seas tú.

»Hay una carta, está bien cuidada con alguien que tú tienes contacto muy lejano, sin embargo, sí tiene una cercanía demasiado peligrosa con la mujer que es de tu predilección. Voy a volver a matar con la que tu empezaste— volvió a repetir y colgó.

Los ojos de Volker se quedaron quietos, sombríos y recapacitando las cosas con una velocidad impresionante.

—¡Guardia!— gritó llamando a los uniformados de afuera —¡Quiero hablar con el agente Rodrigo Collins!

***

Rodrigo se limitó a responder en los dos primeros repliques, seguía manejando en la carretera que lo separaba de Luisiana, y lo que menos quería era alguna distracción.

Primero uno, luego otro y otro, hasta que el ruido le hizo perder la concentración y lo llevó hasta su oído.

—“Usted tiene una llamada del Institucion Correccional of Luisiana, ¿Desea aceptarla?”— preguntó la voz computarizada que se utilizaba en aquella prisión.

—Sí— asintió confundido.

Pasaron algunos segundos hasta que la claridad del sonido regresó con una voz ya familiarizada.

—Rodrigo.

—¿Qué quieres, Volker?

—Hablar contigo, necesito que vengas a Luisiana de inmediato.

—Tienes suerte, estoy manejando para allá, en un par de horas llego.

—Bien, y otra cosa: que no se enteré Elaine.

No se detuvo en el hotel en donde se hallaba su hija, siguió derecho hasta donde los muros de penitenciario rodeaban el lugar.

—Bienvenido agente Collins— le dieron la bienvenida los guardias conduciéndolo hasta el cuarto de visitas, pero esta vez el cristal ya no se interpondría.

—Más te vale que sea algo bueno, Volker— tomó asiento al frente del hombre esposado.

—Esta mañana, después de que tu hija se fuera, recibí una llamada— suspiró confesando algo en ¿colaboración? —. Años antes de que tú me atraparas, había un sujeto viendo detalle a detalle de como asesinaba.

—Espera— lo detuvo Rodrigo —¿Por qué no lo dijiste?

Él rió recargando la espalda en la silla.

—Tú eras policías, y yo un asesino en serie que se deleitaba con el sentimiento de desesperación, es lógico que mantuviera todo esto en secreto.

—¿Quién es?

—Se llama Dante Denison. Era un adolecente cuando llegó a mis manos y me miró asesinar fríamente. Cuando yo caí preso no supe más de él, hasta esta mañana.

—¿Por qué me cuentas esto ahora?

—Por una sencilla razón, el que vuelva a matar me viene valiendo una tonelada de mierda, pero hay algo que me preocupa y es lo que me dijo.

—Maldición, Volker, habla ya.

—Me dijo que va a volver a asesinar el mismo número de mujeres que yo maté, y que terminara con la que yo había empezado— se quedó en silencio viendo la reacción de Rodrigo que no hacía más que pensar —¡Con un demonio, Rodrigo! A la primera mujer que yo maté fue a Merry Crosport, la madre de Elaine, piensa tomar a Elaine como la numero treinta y ocho.

Rodrigo se llevó las manos a la cabeza recargándola y frotando el rostro que sudaba.



ADAMAS

Editado: 21.07.2019

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