The poet and the siren

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Capítulo 1

   Después de una pérdida, una mujer promedio se envuelve entre sus cobijas y mira películas románticas mientras se llena de libras de helado muy alto en calorías mas lo que esta joven Harkönnen necesitaba era una nueva misión que supliera su sed de sangre y venganza. 

   Al parecer Ulbrecht, mi ex amante se estaba desquitando con lo que me mantenía en pie cuando no hay que ir al estudio o preparar el equipaje para salir de gira. Mi amado colega y amigo era la cabeza a cargo de asignar misiones así que todo estaba más que claro. 

    Estaba pagando con creces el haber convencido a Jürgen de unirse a una causa perdida: penetrar en las entrañas del burdel clandestino propiedad de Elizavetta -la primera esposa del tío Petrus y madre de mi prima Susanna- que se se expande como un virus a medida que el dolor aumenta. Es algo así como una versión monstruosa, sanguinaria, inescrupulosa y gore del Hotel California. 

    Como castigo no tan severo fui llevada a nuestra casa en Oxford para que depurara todo mal recuerdo de la guarida de Elizavetta a punta de atenciones provenientes de mis considerados familiares, sesiones de estimulación sensorial, aromaterapia, ejercicios de bajo impacto como natación o salir a caminar. Estas sesiones no duraban más de cuarenta minutos y las realizaba al terminar el desayuno o bien caída la tarde. 

    La apretada rutina que usualmente comenzaba a las cinco ahora empezaba a las ocho de la mañana con un buen desayuno en la cama. El menú era siempre una sorpresa. Era impredecible determinar la influencia cultural en la cocina mas el plato más reconfortante en el mes que llevaba en casa había sido un desayuno preparado por mi hermano Julian: omelette de tres huevos con champiñones, colada de avena con canela y té de melocotón. Aparte de tan agradable visita de un día, todos los días eran el retrato de una dama sin oficio.

     Estaba comenzando a irritarme y decidí reunirme con mis padres para expresarles que a pesar del secuestro que yo misma había provocado, estaba lista para seguir adelante y les prometí que no me volvería a involucrar con nada relacionado con la demente ex de mi tío Petrus. Aclaro que en mi cabezota reposaba una cláusula que me permitía ir en busca de Elizavetta y acabar con ella en dado caso de que esta me arrebatara algo muy querido. Cosa que sabía pasaría en algún momento de esta vida. 

     A veces es necesario mentir para conseguir lo que quieres, pero es imposible engañar a tus padres pues ellos siempre están mil millas más allá que tus pensamientos. Mamá y su mirada escudriñadora y papá cruzado de brazos escuchaban atentamente cada argumento que daba pero no creyeron una sílaba del vómito verbal que estaba esparcido por todo el cuarto de entrenamiento. ''Pequeña Lu, te entendemos pero es Ulbrecht quien decide si vas a meterte en otro nido de víboras o no''. Dijo mamá encogiendo los hombros, fingía que no podía hacer nada aún teniendo más jerarquía que Ulbrecht. ''Si yo fuera tú, me iría de viaje a investigar algo para ese libro que llevas escribiendo desde la secundaria. Ya es hora de que le pongas punto final a ese asunto''. Sugirió papá resaltando mi tendencia a darle largas a ciertas cosas. ''Sí, sí...Está bien yo provoqué el secuestro pero fue para bien, he descubierto una o dos cosas que nos ayudarán para destruírlos una vez llegue Maebius, si es que el cabeza dura lo hace''. Me quejé.

     Me extrañó que no intentaran sonsacarme lo que había descubierto. Era muy raro. Quizá ya conocían el infame burdel.

  ''Me iré a donde nadie me encuentre y ni se molesten en intentar localizarme''. Dije resuelta a hacer que mi subidón de altanería hiciera que mis padres me retuvieran. Y no funcionó. Por el contrario, me desearon buena suerte en mi viaje. No se me da bien hacerme la malcriada. Eso se lo debo a Chelsea, me educó bien.

     Frustrada, volví a mi habitación. 

     Sin pensar en lo que fuera a necesitar o no, pensé que era mejor ir ligera de equipaje y sólo empaqué tres conjuntos casuales y tres deportivos, dos pares de zapatos, ropa interior, medias y maquillaje esencial: pestañina, delineador y labial rojo carmesí. En caso de necesitar algo más, de seguro lo encontraría en cualquier alcoba del castillo. Verifiqué que llevara lo necesario en la maleta de lona Gaultier. Después tomé el morral negro con apliques rojos de los Moomin con motivos de Pequeñita estampados a color y allí guardé la laptop, la infaltable libreta de notas de los Moomin y un bolígrafo de Snufkin. La niña estaba lista para salir huyendo tras una rabieta.

      Fui a la cocina a preparar dos emparedados: uno de pavo, queso gouda y pepinillos y otro de roast beef con queso cheddar y pimentón rojo. Saqué una bolsa Ziploc y allí porcioné dos tazas de maní. Con esto tendría que ser suficiente en un caso de emergencia. Si hay algo útil que Chelsea me ha enseñado es que nunca debes salir sin comida. 

     Mi querida madre temía tanto que pasara hambre que cuando había salidas escolares yo era la única niña que llevaba medio pollo, una lata de atún y medio litro de jugo o soda. Y pues...Yo me lo comía todo. 

     Como decidí ir a la tierra del sol durmiente, tenía dos opciones: comprar un costoso tiquete a última hora o tomar prestado el helicóptero ¡Bah! A veces es mejor actuar natural y hacer lo que la gente normal hace: ir en avión usando mi otra identidad. Lilith Rush, es hora de que te des un merecido receso empapado de vodka y atardeceres melancólicos.

     De forma impulsiva, busqué un tickete hacia Joensuu. Tenía que estar en la puerta de abordaje a las 5:00 p.m. y ya eran las 2:45 p.m. Era posible llegar en una hora sin trancones.



Lucretia Harkönnen

Editado: 04.09.2019

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