The Rockers

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Capítulo 7: Aprender a perdonar


Eran de esos días en los que no querías hacer absolutamente nada y sólo quedarte en tu cama, pero sabes que tienes miles de cosas que hacer y no te queda de otra. 

Después de lo de anoche en la casa de Stuart llegue rendida al departamento.
Tenía tanta suerte que cuando llegue Clark todavía no llegaba de su entrenamiento. 

—Buenos días.—acaricio su cara al verlo despertar. 

Escucho un quejido de respuesta. Me enderezo y me recargo en su pecho.  

—Ya es tarde, tengo que irme.

—Quédate un rato más. —soba mi espalda, provocándome escalofríos. 

Cierro los ojos disfrutando de su caricia. Me encanta que lo haga.

—Tengo que ir a la universidad y después tengo que conseguir un trabajo. —salgo de mi pequeño trance producto de su caricia. 

Mis clases de ballet no se pagaran solas. Ya era hora de conseguir un buen trabajo y que Clark dejara de pagarme todo. 

Abre los ojos por primera vez y su sonrisa picara aparece.

—Te he dicho alguna vez que te ves demasiado sexy por las mañanas. 

Río y niego con la cabeza. Si para el sexy es levantarme y verme como si me hubieran revolcado en la banqueta toda la noche, no se que tiene en la cabeza. 

—Y yo te he dicho que si no llego temprano me pondrán falta. —me estiro dándole un beso en los labios. 

Quitó las sábanas y me dispongo a bajar de la cama cuando me toma por la cintura impidiendo el acto. 

—Sólo por hoy.—siento sus besos en mi hombro. 

—Ya lo hemos hablado Clark, sabes lo que sucederá después. —advierto. 

—Sólo cinco minutos.—sigue besando. 

Hecho la cabeza hacia atrás dejándome llevar, pero se me viene a la mente la escuela y me remuevo en un intento de quitar su boca de mi hombro. 

—Dije que no.

Resopla y quita su mano molesto de mi cintura, casi empujándome. Bajó de la cama y camino al baño.

—No te sorprendas si algún día me voy con alguien más para que me satisfaga. —susurra tapándose con la sábana. 

Una punzada de dolor se hace presente en mi pecho y las ganas de llorar también. 

—Y tu no te sorprendas cuando te deje por ser un idiota.—digo y cierro la puerta. 

Tampoco es como si no tuviéramos relaciones nunca. Sólo que el quiere tener sexo la veinticuatro horas del día y yo no quiero, tengo más cosas que hacer, que estar ocupada en la polla de mi novio. 

Suelto un gruñido y abro la llave de la regadera. Siempre encuentra una manera de hacerme sentir mal.

Me ducho rápidamente y salgo sin mirar a Clark que sigue en la cama. 

—Lo siento, no quería decir aquello… 

—Tu nunca quieres decir nada.—digo intentando que la voz no se me quiebre. 

Intento ponerme lo más rápido que puedo el pantalón pero mi piel mojada lo impide. Voto el pantalón a un lado y sacó un vestido del armario. 

—Lo siento, ¿que más quieres que diga?

Lo ignoro y me pongo lo que me falta para salir del cuarto a la sala. Tomo mi bolso y las llaves del departamento. 

—Holly, sabes que no me gusta que lleves vestido. —es lo único que escucho antes de cerrar la puerta. 

Si cree que le perdonaré tan fácilmente con sólo decir un lo siento, esta más que equivocado. Esta vez pasó la raya.

********

Genial. Si a los maestros no les bastaba con millones de materias diarias, tenían que sumarle una más al repertorio. 

Enfrente de mi estaba una enorme lista de talleres a los que podías anotarte. 

Artes gráficas, Mecánica Automotriz, Carpintería, Teatro, Música, Repostería, entre muchos más. 

"No lo veas como una obligación sino como un aprendizaje" leí en el pie de la hoja. 

Si claro, como me gusta pasar mi tiempo horneando pastelitos. 

—¿Para que seré buena?—escucho a mi lado. 

Sólo quedaba Teatro y Repostería. 
Yo que quería Carpintería. 

Volteo a ver a Grace quien con la pluma golpea su cien como si le costará pensar. 

—Podrías anotarte a teatro.—sugiero. 

—¿Crees que soy buena para hacer teatro?— deja de prestarle atención a la hoja para voltear a verme emocionada.

—Claro, todo el tiempo te dramatizas por todo. —golpea mi hombro y vuelve su vista a la hoja.  

Todos estaban llenos. Reviso las últimas hojas. 

—Al cual te anotarás. —habla una voz cerca de mi oído.

Stuart. Con casi dos meses de conocerlo, se muy bien que es el. 

—No es de tu incumbencia.—digo sacando una pluma para anotarme. 

No me quedaba de otra, me anotaría a repostería. Veo con decepción la hoja llena de Carpintería.

—Dame eso.—me arrebata la pluma. 

Lo veo rayar dos nombres de la hoja de Carpintería y anotar los nuestros. 

—¿Qué haces?



MonchaGrey.✨

Editado: 06.09.2019

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