The Rockers

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 10: La tregua


A dónde quiera que veo hay niños jugando con máquinas. Y a otros corriendo por todo el lugar. 

—Bien, esta es el área en donde trabajaras. —comenta Richard el gerente del lugar. 

Asiento mirando el lugar antes mencionado. Sería recepcionista de un lugar llamado "Game Over" una zona con puras máquinas de videojuegos. 

No era tanto lo que buscaba, pero me ayudaría a pagar un poco mis gastos. 

Después de hablar con Richard sobre mis horarios. Salgo del lugar, casi brincando de la emoción. Richard aparte de ser amable me permitió decidir mis horarios. Le comente que iba a la Universidad y que me quedaría mejor el turno de la tarde así que accedió. 

Aparté sólo trabajaría de Lunes a Miércoles. No sería problema, sólo tenía que organizarme. 

—Por lo visto te fue bien. —dice Stuart cuando me ve entrar al carro totalmente emocionada. 

—¡Me dieron el trabajo! 

—¡Vientos! —me da los cinco. 

—Esta vez yo invito los helados.

—Me parece bien. 

Después de quince minutos y de una larga charla contándole de como estuvo la entrevista y de como se maneja el sistema allí, llegamos a la misma heladería de la otra vez. Y gracias a dios, no estaba tan llena como la vez anterior. 

—Así que ahora podré entrar a jugar gratis. 

—Ahora tendrás que pagar doble. 

—Si es para ti, lo haré con todo gusto.—muestra una gran sonrisa. 

Mis ojos van a parar a su boca. Esa sonrisa, hace que su cara se vea más luminosa. Lo hace ver un chico alegre y no con la cara de poker que siempre tiene cuando lo miro de lejos.

Desde lejos, se ve como si estuviera a la defensiva todo el tiempo. Su rostro sin ninguna expresión, siempre con ese semblante duro. 

Como si tuviera un letrero de: "Pateare tu culo si te acercas" 

Pero lo que se me hace extraño es que conmigo no es así. Al contrario se a portado genial, me ha ayudado a conseguir trabajo, llevado a comer y por helado. Y yo lo he tratado mal cuando el sólo a querido ayudarme. 

Pero ¿Por que lo hace? 

—¿De cuál quieres?—mira la ventanilla con las variedades de helados dentro de ella. 

—El que tu quieras.—digo con mi mente en otro lado. 

—Dame uno de coco y otro de nuez.—pide al chico que atiende detrás de la barra.

—¿Por que? —las pregunta sale por sí sola. 

Me mira sin entender—¿Por que, que? 

—¿Por que eres tan bueno conmigo?

Parece que lo tomo desconcertado por que inmediatamente se nota tenso. 

—Ahhhh…—se lleva la mano a la nuca sobándose y mira hacia otro lado.

Su boca se abre y se cierra como si no pudiera encontrar las palabras adecuadas. 

—Aquí están sus dos helados.—aparece el chico interrumpiendo. 

Saco el dinero y se lo entrego. Como hicimos la otra vez, caminamos hasta su carro y nos recargamos en la puertas del mismo. 

—No has respondido a mi pregunta. —digo dándole una lamida a mi helado de nuez. 

Se rasca la nuca y se encoge de hombros. 

—Tal vez por que quiero enmendar mis errores por la bromas que te hice. —dice sin más. 

¿Por que? ¿Por qué quería hacerlo? 

—Yo también fui mala contigo. 

—No tanto como yo.—mete su mano libre a su chaqueta. 

De repente se me viene a la mente lo que le hice y me siento mal. 

—¡Dios Stuart! ¡Te tatué! 

—No eres tan mala, pensé que quedaría peor. —dice sin importancia. 

¡Enserio! Un tatuaje no es como para no tomarle importancia vives con eso de por vida. 

—¡Vamos Holly, no es tan malo! si lo vez de otra forma estamos a mano. 

—¡Pero Stuart te tatué! —me siento pésima en este momento, y lo demuestro tapándome la cara con la mano culpable. 

—Y te repito que no eres tan mala, hasta me gusto el tatuaje. 

Me enderezo quitándome la mano de la cara. Escanéo su rostro, buscando algún signo de mentira o burla. Pero esta completamente serenó, relajado como si lo que dijera enserio. 

 ¡Wow! ¿En serio le había gustado? 

—¿Te gusto? 

Sonríe y asiente. —De hecho estaba por hacerme uno en esa área, pero tu lo hiciste antes de que lo hiciera y lo mejor de todo es que lo hiciste gratis. 

—Pero estabas molesto. 

—En el momento, pero después pensé que no sería tan malo y lo deje ir. —su voz suena tan despreocupada.

Me quedo callada por un momento mirando al piso, hasta que su voz me hace levantar la vista.

—Para que veas que no hay remordimientos te propongo una tregua.—sugiere. 

—¿De que nos serviría una tregua? 

Se inclina hacia el frente poniendo sus manos en sus rodillas como apoyo. Y así poder llegar

—Ninguno de los dos podrá hacerle ninguna broma al otro.—explica. 



MonchaGrey.✨

Editado: 06.09.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar