"The Sky" - A puro Rock and Roll

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Prólogo

Mi vida era monótona. Aburrida. Excepto los viernes a la noche y los dos primeros sábados de cada mes, cuando tocábamos en «The Moon». Aquel era un sitio que nos provocaba un amor/odio constante. Amor porque nos abría las puertas para tocar frente al público, cualquiera que sea; y odio porque todo lo demás apestaba, desde la organización hasta su sonidista mediocre.

Soy guitarrista, compositor y fundador —con mucho orgullo— de una banda con influencias bluseras y rocanroleras llamada «The Sky». Nosotros somos uno de los muchos grupos que pelean a diario por innovar, buscando brillar entre otros tantos, con la única finalidad de obtener la recompensa mayor en este tipo de negocios: ganarse el afecto y la lealtad de un público cada vez más exquisito.  

La mayoría de las bandas de hoy en día buscan fervientemente deleitar con temas propios que —como muchos de ustedes sabrán— pueden llevarte a la cima o hundirte en un pantano, todo en cuestión de segundos. El Rock and Roll es competitivo y muchas veces es necesario arriesgarse… Si no estás preparado para eso; entonces definitivamente no elegiste el camino correcto.

Mi sueño de convertirme en una estrella de Rock and Roll se inició en la adolescencia. Aquella es una edad perfecta para soñar en grande… Un buen día llega la juventud de la mano de la realidad —las dos bien entrelazadas— y antes de que puedas reaccionar te hacen un knock-out. Pero será mejor que dejemos ese drama para después y regresemos a la adolescencia.

Inicié el proyecto de banda junto a Ian, un sujeto de carácter explosivo que se había convertido hacía menos de un mes en mi mejor amigo. Ian participaba en el coro de la iglesia desde chico y cantaba como los dioses. Tiempo después escalamos de nivel, y tras incorporar a Jim, nuestro baterista estrella, nos transformamos en un Power Trío.

Éramos ruidosos y académicos, los tres juntos nos potenciábamos en todo. Algunos meses más tarde comenzamos a componer temas propios, y cuando descubrimos que podíamos hacer buena música, hicimos un convenio inquebrantable donde juramos que la única manera de abandonar a The Sky era la muerte, sin excepciones. Nos sentíamos tan a gusto siendo nosotros tres, y congeniábamos tanto en nuestro modo artístico, que además decidimos que no aceptaríamos remplazos ni nuevos rostros en la alineación de The Sky.

Gracias al cielo la cabeza se nos abrió a medida que fuimos creciendo, y nuestra torpe promesa se hizo añicos dos años más tarde, cuando conocimos a Chris y lo incorporamos en el teclado. Fue una decisión unánime. Desde el primer ensayo sentimos una química diferente, que nos hizo pensar que luego de poco tiempo alcanzaríamos la cumbre del éxito. Finalmente vencería la vieja escuela. Finalmente la atención se enfocaría nuevamente en la mirada perdida del pasado. El Rock resurgiría de sus cenizas para llenar de historia una nueva era.

Ese día, en el ensayo, mientras tocaba el solo más sentido de toda mi vida, experimenté lo mismo que probablemente experimentaron los Purple Roll. La película hubiera sido perfecta de haber sucedido… Pero como toda buena película momentánea que crea la mente, con sus ficciones y complejidades, pronto se esfumó, convirtiéndose en un pensamiento más. Un pensamiento producto de otra crisis del alcohol y el delirio. El camino de la música es sinuoso, tormentoso y te va a matar. El camino del Rock and Roll terminará con tu vida.

O al menos, eso fue lo que sucedió con los Purple Roll. Fue quizás el grupo más relevante de todos los tiempos, pero ya nada quedaba de ellos a excepción de unos cuantos discos y sus rostros jóvenes paseando en las remeras de individuos habitantes de los siete continentes. Lee Stoff, su vocalista, sigue siendo insuperable. Sus falsetes y alaridos no volverán a encontrarse en ningún otro ser, al menos en un millón de años. Joe, que en paz descanse, prodigio de la guitarra, mártir, su alma se apagó mucho antes de partir de este mundo. Richard sigue siendo el mejor tecladista de nuestra época, y sus improvisaciones en los antros dicen que se extienden hasta la luz del sol.

Roger, el modesto bajista, es quien mantiene mayor contacto con los fans. Él todavía intercambia correspondencia y de vez en cuando algún afortunado presume una fotografía junto a él. Jon es el indiscutido rey de la batería. Según llegué a saber siempre fue dueño de una personalidad avinagrada y de un carácter explosivo. Aquello le otorgó su popular y merecido sobrenombre «Acid Lord». No sé muchos detalles sobre su actualidad. Es la misma información que se maneja en cualquier club de fanáticos alrededor del mundo; lo mismo que divulgaron los medios amarillistas: que después de casi morirse por problemas en su hígado se convirtió en un ermitaño. Vive en Suiza desde la separación de Purple Rock, donde tiene a sus pies un verdadero escuadrón de fanáticos.

El Rock and Roll terminó de algún modo con la vida de todos ellos, incluso mucho antes de que puedan llegar a suponerlo. Según una antigua teoría de procedencia desconocida, el alma muere y resucita una incansable cantidad de veces antes de apagarse por completo. Tiene que ver con un proceso que consiste más que nada en redescubrirse, a tal punto de aceptar que una parte nuestra se irá cuando llegue el cambio, convirtiéndose en algo mucho más fuerte. Aquello será tan significativo que además de hacernos dudar sobre nosotros mismos; nos obligará a reubicar cada idea.



Julina Hessen

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Editado: 24.02.2019

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