Tiempos Oscuros

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C I N C O

Estoy tan enojada, voy a paso rápido, mis pies me guían exactamente a donde todo empezó, voy a pararle los pies a ese maldito que se cree superior a mí y superior a muchas personas, haré que me diga dónde están mis hermanas y después hablaré con los demás para abandonar este lugar y nunca volver a pisar la ciudad de Moscú por lo que nos reste de vida. Pasados los minutos alcanzo a divisar las excéntricas luces del club y mi enojo comienza a menguar para abrirle paso al nerviosismo, a la ansiedad y tal vez al miedo. Mi respiración es agitada cuando me detengo justo en la esquina de la acera, trato de regular mi respiración pero no lo consigo.

Ahora estoy temblando, no puedo creer que vaya a hacer esto y tampoco puedo creer que en serio esté reaccionando de esta manera ante la idea de poner a un hombre extraño en su lugar y exigir respuestas. Me encuentro exactamente a diez pasos de la entrada del club de Alexey, no he podido dormir después de lo de ayer, así que les he dicho a mis hermanos que estaría en casa de Misha para pasar ahí la noche. Necesito hacer esto, porque necesito recuperar a mis hermanas, cueste lo que cueste, además me siento demasiado culpable, ya que todo indica que yo fui la causante de lo que están sufriendo las gemelas. Me voy convenciendo a mí misma de lo que estoy a punto de hacer, de que tengo que mostrarme firme, cruel y fría.

Sé que para poder entrar pronto a estos lugares se necesita destacar, así que llevo puesto el vestido más "provocador" que tengo, tacones, me peiné e hice mejor que pude para lograr un maquillaje medianamente decente para la ocasión, cabe destacar que me tuve que cambiar en el baño de un centro comercial que queda ubicado entre mi casa y el club. Así que espero que mi intento surta efecto.

Llego a la fila que no es tan corta como esperaba y me sigo mentalizando para ser valiente y fuerte, mi mente despega y me lleva a pensar cosas demasiado aleatorias a la situación en la que me encuentro. Estoy absorta en mis pensamientos, tanto que pego un pequeño salto cuando un guardia llama mi atención, procuro no mostrarme agresiva, como normalmente reaccionaría a algo así y me limito a sonreír como imbécil al hombre de cabello grasoso, barba descuidada y que desprende un ligero olor a vómito que se encuentra frente a mí. Me pregunta si vengo sola, a lo que yo sólo asiento inocentemente, el hombre sonríe como el idiota que es y me invita a seguirlo, suelto una pequeña risa y lo sigo para después entrar al club.

La música es tan estridente como se esperaría que fuera la música de un club, además, no lo había notado con detalle las veces pasadas pero tiene la fachada de ser un lugar exclusivo y, a juzgar por la cantidad de personas que he visto que se encuentran dentro y las que están haciendo fila todas las veces que he venido, sí es muy popular.

Voy directamente a la puerta color azul marino que abre paso al corredor algo tenebroso que lleva a la oficina del dueño, una vez frente a la puerta procuro que nadie esté prestando atención a lo que hago. Respiro hondo, abro la puerta y sigo mi camino, conforme avanzo, mi cabeza se va llenando de pensamientos en contra de Alexey Morózov y mi enojo vuelve a hacer su aparición, al cabo de segundos estoy a centímetros de la puerta roja tan oscura que parece negro y sin tocar, giro el picaporte e intento abrir pero éste no cede; lo intento de nuevo y sigue sin ceder, me desespero y ahora no sé qué voy a hacer. Tal vez no se encuentra aquí, tal vez está torturando a mis hermanas en quién-sabe-donde, tal vez está secuestrando o asesinando a alguien más, tal vez...

⸺ ¡Shura! Cariño, ¿qué haces aquí?⸺su voz proviene de mis espaldas, entrecierro los ojos y me volteo rápidamente, queriendo gritarle por todo lo que está pasando⸺. ¿Por qué no avisaste que vendrías? Hubiera estado aquí antes y hubiera estado preparado.

Se acerca a mí y yo me hago a un lado, él me mira fijamente pero su semblante no parece para nada sorprendido; sin mediar palabra procede a abrir la puerta con la única llave plateada, tan reluciente que podría encandilar a las personas, que saca de su bolsillo. La puerta cede con facilidad y estira su brazo para que yo pase a la oficina. Una vez adentro, él cierra de nuevo la puerta, pero sin echar el pestillo.

⸺ ¿Dónde están mis hermanas?⸺ trato con todo lo que puedo el contener mis gritos de preocupación y rabia. Alexey hace cara de confusión que no le queda para nada bien, se nota a kilómetros que no es genuina.

⸺¿Por qué supones que yo sé en dónde se encuentran?

⸺¡No me vengas con esos juegos, Alexey!⸺ avanzo rápidamente hasta quedar a milímetros de su rostro. Él se las arregla para ofrecerme una sonrisa torcida.

⸺Si yo fuera tu, no hablaría así.

⸺¿Por qué no? ¿Qué puedes hacer que yo no pueda? ¿Acaso tienes poderes mágicos? Porque creo que somos iguales⸺ le digo con tanta firmeza que en mi imaginación me doy palmaditas de felicitación ante mi respuesta. Alexey abre más los ojos y se aleja un poco de mí y con su mirada comienza a analizar todo mi rostro.



RJ Cuervo

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En el texto hay: asesinos seriales, psicopata, mafia

Editado: 27.01.2019

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