Tierra de Clanes. El Fuego de Beltane

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MORIR CON HONOR O VIVIR EN LA DESHONRA

—Debemos curar sus heridas pronto, si no, no podrá continuar —pronunció Kendric mientras observaba el demacrado cuerpo de Gaela, todavía inconsciente.

—¿Pero te has vuelto loco, Kendric? ¿Cómo diantres va a continuar en este estado? ¡Nos damos la vuelta inmediatamente!

Kendric se abalanzó sobre Elliot colocando el brazo contra su cuello y apretando con fuerza.

—¡Tú no eres nadie para decidir cuándo acaba o empieza esta misión! ¿entiendes?

—No lo soy, pero Gaela me importa y no voy a dejar que la mates -contestó Elliot seguro de sí mismo.

—¿Que la mate yo? Tú has sido un estorbo todo este viaje, sucia rata, y ahora, ¿pretendes cargar sobre mis hombros lo que ha sucedido? ¡Debería matarte yo mismo y no darle el gusto a tu maestro!

—¡Hazlo si lo deseas, pero las heridas de Gaela son profundas y no permitiré que la conduzcas a una muerte segura!

—¡Maldito bastardo! —Kendric sacó su cuchillo y apuntó al cuello de Elliot cuando una voz lo distrajo.

—Ke...kend...Kendric...

—Aye! Dime, dime. ¡Oh, por fin! ¡Aquí, aquí estoy! 

Ante la emoción de escuchar su voz de nuevo, Kendric soltó a Elliot y se acercó a ella, cogiéndola de la mano. Con la mano derecha, la única que al parecer podía mover, Gaela le agarró de la piel de jabalí que cubría su pecho y lo atrajo hacia ella. Kendric se ruborizó al estar tan cerca de sus labios, pero parecía que quería decirle algo. Se acercó aún más, casi podía rozarlos...Entonces Gaela le susurró al oído:

—Como vuelvas... a tocar a Elliot, te mato... ¿entiendes? —y le soltó.

Elliot no pudo evitar echarse a reír a carcajada limpia mientras Kendric se apartaba de ella muerto de vergüenza, con el orgullo herido. Solo pudo responder:

—Me alegra...ejemm...comprobar que no has perdido facultades.

Gaela se intentó incorporar, apoyándose sobre los codos, pero el codo izquierdo no respondía. No quería mirar, ni comprobar en qué estado estaba, al menos no de momento.

—¿Qué ha sucedido? —alcanzó a pronunciar aún con la voz demasiado débil.

—¿Acaso no lo recuerdas? Nos han asaltado tres Capa Roja y hemos acabado con ellos.

—Está todo borroso; lo último que recuerdo es que estábamos perdidos, sin salvación posible, acorralados. Entonces yo...

—Has liberado tus habilidades de cathasaar y has acabado con ellos —resumió Elliot.

—Tú... tú me has salvado a mí —pronunció Gaela cuando el recuerdo volvió a su mente como un rayo.

—¿Yo? —preguntó Elliot confuso.

—Sí, lanzaste el cuchillo y acertaste en su hombro. De no ser por ti no hubiera tenido tiempo de concentrarme. Me has salvado la vida.

—Yo no lo expresaría así... —acertó a pronunciar Elliot cabizbajo.

—¿Qué ocurre? Estáis pálidos.

—Gaela, como decirte... antes de tu... transformación, muchos golpes acertaron e impactaron sobre tu cuerpo. Esa maldita arma de los infiernos, ese hacha tan afilada...Estabas inconsciente...de hecho creíamos que... —a Elliot le fue imposible terminar la frase.

—Lo que quiere decir es que vas a necesitar un buen reposo para sanar, pues tu estado es muy grave Gaela, muy grave. Calculo que el incidente nos retrasará dos o tres lunas; aunque sanes más rápido que el resto, tus heridas han sido profundas y casi provocan tu muerte. No podemos arriesgarnos.

—Para, para, para... ¿Pero tú estás loco, Kendric?

—¡Al fin! ¡Gracias a los dioses la voz de la razón! Yo también le he dicho que ha perdido la cabeza, pues seguir, en tu estado, es una locura, yo diría...

—¡No Elliot! ¡Lo que sería una locura es no seguir ahora mismo!

—¿Cómo? —ambos se escandalizaron, pero en este caso fue Kendric quién sonrió.

—Esta es la salvaje picta que yo conozco.

—¿Pero, pero...? ¡No veis que esta estupidez podría matarla! ¡Que es un maldito dragón! —Elliot no acostumbraba a decir tampoco palabras malsonantes pues afirmaba que ofendían a los dioses, pero esta vez le habían sacado de sus casillas—. No, no lo permitiré —añadió en tono autoritario—. Tendréis que pasar por encima de mi cadáver.

—Eso no será nada difícil; ya pareces uno —le espetó Kendric.

—¡Dejadlo ya! ¡Hombres teníais que ser! Mira que os gusta marcar el territorio como estúpidos perros. ¡Yo soy la que tiene que decidir!

—No suelo estar muy de acuerdo con este cretino, pero tiene razón Gaela; necesitas algo de reposo, la misión debe posponerse —sentenció Kendric.

Por una vez Kendric y Elliot se aliaban en una causa común. Gaela no discutió más, no tenía fuerzas; si ya era cansado pelear contra uno, los dos podían formar un gran equipo para imponer su voluntad. Además, de momento, sabía que necesitaba algo de reposo pues sentía que las heridas eran tan profundas que habían llegado a rasgarle el alma.



ARRovic

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En el texto hay: mitologia celta, druidas, guerreros

Editado: 10.06.2019

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