Tierra de Clanes. El Fuego de Beltane

Tamaño de fuente: - +

ROMPIENDO LAS REGLAS

Los carnyx volvieron a sonar en el fuerte, esta vez presagiando una muerte. La excitación de los habitantes del Castillo Oscuro era tal que les resultaba imposible contenerla. Hasta los niños más pequeños gritaban por los rincones su deseo de ver sangre y violencia. Aquel era un gran acontecimiento, que reunía a todas las órdenes y al que incluso podían asistir aquellos que vivían en las tribus vecinas pertenecientes al Clan Inbhir Nis. Gaela, por su parte, no disfrutaba de la celebración; aquel joven no era más que un niño y tendría que enfrentarse a algún despiadado guerrero negro quien podría fácilmente liquidarlo de un solo golpe. No podía encontrar la diversión en semejante acto y mucho menos llamarlo espectáculo; pero esa era la realidad, los pictos eran un pueblo bárbaro que disfrutaba de la muerte y la convertía en todo un rito, en una tradición. No habían conseguido conquistar todas las Tierras Fértiles del Norte gracias a su misericordia y diálogo, sino a su espada. Ser débil era la peor de las vergüenzas con la que los dioses podían castigar a un niño y Gaela lo sabía bien, había sido una joven débil toda su vida.

El Castillo quedó vacío, ni un alma merodeaba sus pasillos. Jamás había tenido la oportunidad de observarlo en silencio. A veces, cuando las voces callan, todo lo que las rodea habla. Y así sucedía con aquellos muros de piedra oscura; muros que habían sido testigos de innumerables historias, batallas, asedios, amores y desamores, intrigas y mentiras, y hasta de traiciones. Deseaba que alguno de ellos le contase la verdad, esa que nadie le había contado nunca; que le confesara en quién poder o no confiar, quiénes tenían intenciones honorables o, por el contrario, solo querían hacerle daño. Eran tantas sus preguntas en la soledad de aquel castillo desierto que hubiera hecho falta una vida entera para darle las respuestas que tanto deseaba.

Una voz la sacó de su ensimismamiento. Era Kairghon.

—¡Aquí estás! ¿Pero qué demonios haces?—exclamó enfurecido. Estaba agotado y le costaba respirar. Al parecer la había estado buscando por todas partes.

—No te molestes, no pienso asistir y ver cómo asesinan a un niño pequeño.

—¡Debes estar tomándome el pelo! ¡Tienes que venir enseguida, todo el mundo te busca! No puede dar comienzo si no estás tú.

Gaela lo pensó unos instantes; tampoco tenía nada que perder, si necesitaban su presencia para comenzar no iba a dejar que cientos de personas que allí se encontraban se perdieran su mayor entretenimiento por su culpa. Iría, inauguraría aquella locura y volvería a la soledad del Castillo Oscuro.

—Está bien, iré.

Gaela le siguió fuera del castillo, por la puerta de los jardines, pero jamás podría haber imaginado, ni en la más terrible de sus pesadillas, lo que habría de encontrarse en ellos. Se había erigido una imponente construcción de forma ovalada en el centro de aquel terreno con banquetas de madera, más elevadas mientras más se alejaban de la arena donde tendría lugar el combate. Gaela había errado totalmente en sus cálculos; allí había miles de personas enloquecidas, gritando y coreando para que la pelea diera comienzo. Nunca había visto a una multitud tan embravecida como aquella; le daba la impresión de que, de no empezar ya el combate, se matarían los unos a los otros de igual forma. Sólo querían espectáculo.

De pronto, los carnyx volvieron a sonar; esta vez anunciaban la llegada de la comitiva de los Hijos de Nadie a los territorios del Clan Inbhir Nis. Gaela aún temía que los habitantes de Craig Phadrig se percataran de la debilidad de aquel pueblo y de lo que habían sufrido, como ella había hecho cuando estuvo en el bosque. No obstante, lo que apareció ante sus ojos fue todo lo contrario. Un despliegue de hombres armados hasta los dientes, con el cuerpo decorado de vivos colores y plumas de exóticas aves que colgaban de su vestimenta. El único que no tenía presencia entre ellos era el color rojo y Gaela pudo entender enseguida porqué: querían marcar la diferencia con sus hermanos, los hijos de Bres el Traidor, los Capa Roja.

A la comitiva que marchaba a pie le seguía una procesión de bellos corceles, tal y como había intuído el viejo de Irving, hermosos y salvajes caballos, a los que montaban sin riendas ni montura, solamente a pelo. Flanqueándolos, saltando de árbol en árbol y emitiendo lo que Gaela pudo interpretar como sonidos de guerra, se encontraban más de un centenar de hombres y mujeres con arcos y flechas, que parecían volar entre las ramas de las copas más altas. No era difícil percatarse de la mirada recelosa que algunos miembros del Clan Esmeralda, que en Craig Phadrig habitaban, les lanzaron a aquellos salvajes. Algunos de ellos asieron sus arcos con cautela. Según le pareció a Gaela los veían como una auténtica amenaza y parecía que podían competir con ellos en destreza y habilidad en los bosques cazando con sus afiladas flechas y lanzas.

No obstante, aunque Gaela no había presenciado nada de aquello cuando estuvo en el territorio de los Hijos de nadie, lo que más la sorprendió aún estaba por llegar. De las elevadas puertas de los muros de Craig Phadrig emergió una visión aterradora, un monstruoso y grotesco ser que enmudeció a todos los presentes. Sus fauces eran descomunales y su color azul oscuro como una noche clara. Gaela intentaba relacionarlo con un caballo pues crines, cabeza y patas, como tal, poseía, pero el resto... el resto sólo podía ser obra de vengativa Domnu, diosa del inframundo, que con el propio fuego de su vientre había creado tal despropósito. Su cabeza estaba coronada por dos temibles cuernos, y dos colmillos, largos como espadas, asomaban de sus temibles fauces. Lo más sorprendente era que su cuerpo, lejos de estar cubierto de pelo cual corcel, estaba protegido por afiladas escamas como si fuera un pez, y su cola parecía ser un ramo de algas verdes y viscosas. De ellas escurría agua como si acabase de salir de un lago y en su cuello de entreveían pequeñas branquias por las que el animal respiraba.



ARRovic

#5622 en Fantasía
#7841 en Otros
#1157 en Aventura

En el texto hay: mitologia celta, druidas, guerreros

Editado: 10.06.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar