Tierra de Clanes. El Fuego de Beltane

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ESCUCHAR AL CORAZÓN

Gaela y Brian permanecieron fuera del muro sin quitarle el ojo de encima a Eylean hasta que desapareció de su vista. Solo entonces Brian se volvió hacia Gaela.

—¿Quién era ese y por qué hablabas con él?

—Nadie. Solamente quería darle las gracias por salvarme la vida.

—Sí, yo también lo he visto, la cuestión es, ¿por qué lo ha hecho? —Brian la miraba inquisitivamente.

—Pues porque resulta que yo antes salvé la vida de su hermano, el ladrón. Se sentía en deuda conmigo.

—Menuda familia esa...aunque, qué te puedes esperar de un Hijo de Nadie. La verdad, debía sentir que te debía una porque no dudó un instante en saltar y poner en peligro su propia vida...

—¿Qué quieres decir?

—Nada, solo que se lo tomó muy a pecho. Tú no lo viste pero fue como si...como si estuviera dispuesto a ponerse entre la espada y la pared por ti, dispuesto a dar su vida por ti. Solo digo que es, cuanto menos, extraño.

—No, la verdad, no lo sé, yo cerré los ojos y cuando creía que la espada me rebanaría el cuello... allí estaba él.

—Gaela, ¿hay algo que quieras contarme?

—¿Cómo? ¿A qué te refieres?

—Que todo esto me parece muy extraño. Te pierdes en el bosque de los Hijos de Nadie y resulta que, milagrosamente, no te encuentras con ninguno. Luego, justo a tu vuelta, un niño perteneciente a ellos, viene a por manzanas aquí, cuando los árboles de sus territorios están repletos de ellas...y ahora el combate. Déjame decirte que incluso un necio vería la relación que hay entre todos esos elementos. ¿Y aún eres capaz de quedarte ahí plantada, mirarme a los ojos, y mentirme con tal frialdad?

Gaela se quedó callada unos instantes, no había caído en el detalle de las manzanas, cuando ella misma las había recogido con Aideen. Tampoco entendía por qué los Hijos de Nadie habían puesto en peligro la vida del hermano de Eylean sin siquiera consultarle. ¿Y todo ello para tan solo prevenirle? ¿Para hacerle ver que su sangre no era pura negra? Eran demasiados riesgos que Rhona había sumido; debía de estar verdaderamente desesperada.

Sin embargo, lo que más le molestaba en aquellos momentos era estar discutiendo con Brian; hacía demasiado tiempo que no se veían ni hablaban y ahora que por fin volvían a encontrarse lo único que hacían era discutir. Intentó cambiar de tema pero tan solo consiguió agravar la situación.

—¿Qué hacías en los aposentos de Moira?

—¿Así que ahora también me espías? ¿Es otra de las aficiones que últimamente llevas a cabo, aparte de desaparecer en los bosques y confraternizar con los Hijos de Nadie?

—Te digo que no tengo absolutamente nada que ver con ellos. Y no te hagas el tonto, tú también me viste.

—Así que yo tengo que contarte mis secretos pero tú no puedes contarme los tuyos.

—¡Brian, no sigas por ahí!

—Cuando tú estés dispuesta a hablar y confiar en mí, también lo estaré yo.

Con estas palabras y sin mirar atrás, Brian retornó al Castillo Oscuro. Gaela no comprendía por qué el caprichoso destino siempre se interponía entre ellos. Tenía ganas de abrazarlo, de decirle todo lo que sentía por él, de que ni la distancia había conseguido que lo olvidara, incluso tenía deseos de besarle... pero luego, cuando estaba con él, todo era distinto. Y sabía que, en parte, la culpa era suya; deseaba relatarle los últimos acontecimientos y cuánto había aprendido en el viaje, pero resultaba que todo cuanto descubría había jurado mantenerlo en secreto; cómo el dragón blanco le entregó su corazón, la misteriosa joya que perteneció a su madre con extrañas inscripciones en Ogham, y su encuentro con los Hijos de Nadie.

¿Cómo confesarle todas aquellas verdades sin traicionar la confianza depositada en ella? El dragón había argumentado razones de estrategia, ya que, según él, en algún momento de su vida, y para evitar la extinción de los clanes, debía volver al Nido y demostrar la verdad. Por otro lado, el medallón. Una promesa a una moribunda sellada en su lecho de muerte era de los juramentos más fuertes que existían, y su incumplimiento conllevaba la ira de los dioses y la consecuente prohibición de acceder al Otro Mundo. Y luego estaba lo de los Hijos de Nadie... Ella, personalmente, no quería seguir guardando ese secreto, pero había un detalle a tener en cuenta: ellos sabían cuál era su verdadera identidad, la futura cathasaar negra, y aquel bebé que consiguió sobrevivir al asedio al castillo. Ellos habían prometido no decir nada para que los Capa Roja no degollaran con placer su cabeza, pero si los Hijos de Nadie descubrían que había revelado algo de su encuentro, le confesarían su identidad a los Capa Roja. Así que mantener ese secreto era pura estrategia de supervivencia.

Siendo así, ¿qué opción le quedaba más que mentir? Aunque ello supusiera la desconfianza de quienes la rodeaban. Tanto Brian como Idris sospechaban de la veracidad de sus increíbles historias. Eran dos personas muy inteligentes, y justo las dos únicas a las que les contaría, sin dudar, todo lo acontecido, si pudiera...



ARRovic

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En el texto hay: mitologia celta, druidas, guerreros

Editado: 10.06.2019

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