Tierra de Clanes. El Fuego de Beltane

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EL BAUTIZO DEL CAZADOR

El Gran Tautis, señor del valle de Gleann Fiadh.

Un título que había ganado a base de sudor, esfuerzo, y como no, muchas cicatrices. El Gran Tautis imponía desde su nombre hasta sus tobillos; el más portentoso, fuerte y fiero de todos. Sin embargo, Gaela sabía que tras esa coraza de duro metal, la compasión y la templanza encontraban lugar en su corazón.

El Gran Tautis había participado en la cacería siendo el líder, no obstante, una vez finalizada, debía dirigirse a su choza y eliminar todo rastro de suciedad de su cuerpo, acicalándose como buen picto que era con renovada pintura azul en su piel. Era imperioso llevar a cabo tal acto, pues postrarse ante su pueblo, y la atenta mirada de los dioses, embarrado hubiera sido toda una ofensa. Ahora debía llevar a cabo una ceremonia de suma importancia y no podía hacerlo ataviado con sus ropajes de simple cazador.

El silencio se hizo cuando su solemne figura apareció, y nadie se atrevió a pronunciar palabra antes de que él hablara: -¡Bienvenidos hermanos, hermanas! He oído los rumores pero no podía creerlos hasta verlo con mis propios ojos. ¡Traedme aquí ese jabalí y ese carnero que habéis cazado!

Entonces, un grupo de hombres que llevaban al jabalí sujeto de un tronco y amarrado de las patas colgando boca a abajo, se abrió paso entre la multitud para acercarse al jefe. Por otro lado Aivi, con el carnero aun berreando e intentando zafarse de su captora, los seguía. Una vez estuvieron en presencia del Gran Tautis, éste habló de nuevo.

—¡Qué gran orgullo para unos padres, en tan excelsa festividad, coronar a su primogénita como Dama de Beltane! ¡Pero más orgullo debo sentir yo, pues el valiente cazador esta vez ha sido mi propio hijo!

Tebas enrojeció, no le gustaba ser el centro de atención, y para él aquel título del cazador de Beltane era todo menos un orgullo. Pero su padre era el Gran Tautis, ¿qué menos podía esperarse de él?

—Ven, ven acá —le instó su padre—. Cuéntanos cómo ha sucedido todo, porque un momento antes estabas detrás de mí y después, ¡clavándole el cuchillo en el cuello a ese desgraciado, tú solo, sin ninguna ayuda!

La masa prorrumpió en gritos de guerra y bramidos como bestias ante la hazaña de su hermano.

—Yo, yo no... —Tebas no podía articular palabra. Verlo allí, tan fuerte y fiero como su padre, con los rizos castaños enredados y esa intensa mirada cerúlea que no dejaba indiferente a ninguna hembra, parecía pequeño cuando tantos pares de ojos miraban en su dirección.

Tautis, que ya conocía de sobra a su hijo, le encubrió: —Está bien, ¿quieres mantener la intriga hasta que vengan los hombres del castillo, no? ¡Qué listo es mi chaval! Seguro que impresionas al druida y a nuestro gran Jefe.

Tebas asintió porque no se le ocurría qué otra cosa hacer y dejó que su padre le echara el brazo por encima y lo estrujase hasta casi dejarlo sin aire.

—Y tú, pequeña mía, que te he visto nacer y crecer y que eres una segunda hija para mí, será todo un honor coronarte como Dama de Beltane y entregar el carnero que has atrapado al druida para que éste lo ofrezca a los dioses en sacrificio a la luz de la luna.

Tautis asió al escurridizo animal y hábilmente, antes de que se zafara, lo consiguió meter en una jaula que portaba para tal fin. —Así pues, yo, Tautis, como señor de Gleann Fiadh, te corono a ti Abigail-Inbhir Nis, como Dama de Beltane y te concedo el privilegio de preguntar esta noche, en audiencia privada con el druida, aquello que más desees. Aunque debes recordar que solo está permitido hacer una y una única pregunta. ¿Has entendido?

Aye!

A Gaela le llamó la atención como el Gran Tautis se había dirigido a su amiga por el apellido del clan. No era común utilizarlo en casa, ya que todos los que allí vivían se llamaban igual; todos aquellos que hubieran nacido en las tierras del Clan de Inbhir Nis. No obstante, era muy útil cuando se viajaba más allá de las fronteras para identificar la tierra en la que uno se encontraba y saber a qué clan pertenecían sus gentes. Sin embargo, al ser una ceremonia tan solemne en la que se suponía que los dioses observaban, decir en voz alta aquel nombre equivalía a expresar el agradecimiento de la tribu hacia esa persona, hacia Aivi por haber honrado a sus hermanos y haber conseguido ganar en la cacería. La sangre, la familia, y la pertenencia en la Tierra de los Clanes era el bien de valor más preciado que cualquier persona podía poseer.

Aivi se acercó a Tautis a quien abrazó y dejó que sobre su cabeza colocase una hermosa diadema de flores silvestres que acentuaban aún más su belleza, eclipsando a cualquiera que osara hacerle la competencia. Si Aivi quería escoger compañero, aquella sería su noche, de eso no había duda, pensó Gaela.

Cuando parecía que el primer rito de la mañana había concluido, pues de costumbre así era, y la congregación se dispersaba, Tautis alzó la mano y habló de nuevo     



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En el texto hay: mitologia celta, druidas, guerreros

Editado: 10.06.2019

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