Tierra de Clanes. El Fuego de Beltane

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FAMILIA

Por fin en casa.

La dulce y cálida sensación de seguridad embargó todo su ser, con ese olor tan peculiar que entraba por su nariz llenándole los pulmones y relajando la tensión. Tan solo era un círculo de piedra el que le daba la bienvenida, con un simple tejado de paja y tres cubículos donde dormían. Su casa, su familia, su hogar. No había lugar en el mundo en el que Gaela pudiera sentirse más protegida o querida, pues la dicha y la austera abundancia de la tierra reinaban en aquel lugar.

—Bueno Tebas, aunque te felicito por tu actuación, me asalta una inquietante duda

—Bueno Tebas, aunque te felicito por tu actuación, me asalta una inquietante duda... ¿Cómo has cazado a esa bestia? —Gaela enarcó la ceja y lo miró fijamente con una media sonrisa bajo los labios. Conocía su pequeño secreto.

—¿Qué te voy a explicar yo a ti? Estoy seguro de que te hubieras desmayado nada más verlo y ahora en vez de celebrar una festividad estaríamos celebrando un funeral.

—¡Qué irascible Teitebas-Inbhir Nis! ¿Acaso he herido tu orgullo? Pues ambos sabemos que no eres capaz de matar como un auténtico picto.

-¿Y tú? Al menos yo he cazado algo...

Y la disputa hubiera terminado como siempre, con un puñetazo de Gaela indignada poniendo punto y final si aquella gran figura no hubiera entrado por la puerta. El Gran Tautis, señor de Gleann Fiadh, irrumpió en la estancia como no podía ser de otra forma, dando órdenes:

-Gaela, ve a por agua limpia para el barreño y lávate, tenemos que estar presentables para los dioses; y tú muchacho vas a explicarme ahora mismo qué demonios te ha pasado ahí fuera.

El rostro de Tautis había cambiado por completo, su fachada de jefe del valle siempre la había dejado fuera, en el umbral de la puerta, e intentaba ser en casa tan solo Tautis, padre de sus dos hijos.

-¿A qué te refieres padre?

-Lo sabes perfectamente, hijo. ¿Qué ha sucedido en el bosque con el jabalí? Porque sé que tu intención no era cazarlo.

Tebas se temió lo peor. Si padre descubría su estrategia estaba perdido, era el problema de ser el hijo del jefe, que los demás podían intentar mentirle, ateniéndose a las terribles consecuencias que eso supondría, pero sus hijos no tenían ni tan siquiera esa oportunidad; los conocía demasiado bien, antes incluso de que abriesen la boca.

Al ver que no respondía, Tautis suspiró, se dejó caer en una de las sillas talladas en madera que rodeaban la mesa central y miró a su hijo directamente a los ojos. -No voy a mentirte, lo sé. No tiene sentido que sigamos con este juego; tu intentando pasar desapercibido y yo haciendo la vista gorda. ¿Acaso crees que no me doy cuenta? ¡Por todos los dioses, Tebas, soy tu maldito padre!

-Padre, yo... lo siento de veras, no...

Tebas no tenía palabras. Había temido aquel momento, aquel enfrentamiento, toda su vida. Confesarle la verdad al gran jefe; que despreciaba matar, la guerra o las armas y que era una maldición más que un don ser diestro en esas actividades que no le reportaban más que repulsión y desacuerdo. No obstante, parecía que ya no era necesario confesarle sus miedos pues Tautis los había adivinado.

-¿Crees que no me doy cuenta de cómo te quedas rezagado para no matar al jabalí, que rehúyes la cacería, que no puedes ni presenciar la matanza?

-Padre, por favor, déjame que te explique...

Tautis se incorporó de un salto y aunque Tebas era grande, el jefe lo era aún más. Éste levantó su pesada mano en el aire y, cuando Tebas daba por sentado que recibiría un puñetazo en el pómulo y que del golpe lo enderezaría, simplemente le colocó la mano en el hombro y volvió a suspirar.

-¿Qué me vas a explicar que yo ya no sepa? Un padre siempre lo sabe Teitebas, siempre, y sino, es que no es un buen padre. Esto recuérdalo cuando te toque a ti estar en mi lugar-. Tautis se volvió a recostar en la silla más relajado, sumido en sus pensamientos, y Tebas le dio un momento para que comenzara a hablar. –Puede que alguno de estos solsticios encuentres el honor en la batalla, hijo, y no veas solo muerte, sino también vida, pero hasta que ese momento llegue, no me extraña tu reacción, la verdad.

Tebas se había quedado atónito.-No comprendo.

-Quizás no te acuerdes, eras tú demasiado pequeño, a decir verdad, un recién nacido, y bueno... como sabes no eres hijo mío en realidad, pero aún hay cosas de tu nacimiento que no te he contado.

-¿A qué te refieres padre?

Desafortunadamente, antes de que Tautis pudiera continuar, el sonido del cuerno que llamaba a los hombres para su siguiente misión arrancó las palabras de su boca.

-Tenemos que irnos hijo mío, esto tendrá que esperar.



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En el texto hay: mitologia celta, druidas, guerreros

Editado: 10.06.2019

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