Tierra de Clanes. El Fuego de Beltane

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BANNOCK

El banquete proseguía y el hidromiel cumplía aquella venerada función de nublarles el sentido. Ante tal despliegue de abundancia, la lujuria se veía reflejada en los ojos de aquellos bárbaros que engullían la comida como si fueran los hijos de los infernales fomorianos en las guerras de Moytura. Clavaban sus colmillos en la apetitosa carne de jabalí, ingerían el duro pernil de cerdo sin apenas masticarlo, y arrancaban las patas de conejo con sus propias manos, metiéndolas luego en los intestinos de las aves para ayudarles a sacar el delicioso skirlie bien escondido en sus entrañas.

La misión era devorar todo lo que se cruzara en su camino, hasta chuparse los dedos para que ni una sola gota de grasa se desperdiciara. Incluso alguno, debido a la ferocidad de su gula, mordía sus propias manos hasta hacerse sangrar y paraban cuando se daban cuenta que aquello no era un trozo de ternera.

-¡Fieras bestias hambrientas como buitres esperando impacientes la carnaza! ¡Parad de engullid y dejad espacio en vuestro estómago para este magnífico Bannock que con mis propias manos he cocinado para vosotros! –El Gran Tautis alzó la voz exultante entre las mesas de sus comensales, de pie, acaparando la mirada de todos, con un gran pedazo de pan entre las manos. Los hermanos del valle pararon en seco su actividad de engullir todo cuanto se interpusiera en su camino y prorrumpieron en vítores hacia Tautis, pues sabían lo que estaba por llegar.

—Como ya sabéis —prosiguió Tautis con su característica voz grave y severa-, el Bannock, sólo puede ser cocinado cuatro veces a lo largo de un ciclo, coincidiendo con las festividades que marcan el cambio de época en un giro de la Rueda de la Vida. El Bannock, que sin ser un alimento extraordinario, pues consiste en una simple mezcla de harina, sal y agua, cobra especial importancia en la noche de Beltane, ya que la tradición establece que debo repartir este pan de forma ovalada entre todos vosotros y debemos ingerirlo al lado del fuego. Más sabéis que la historia no acaba aquí, pues dentro de la masa del Bannock una sorpresa especial he escondido, ¡y a quien le toque ese pedazo debe luchar contra quien yo ordene!

Las masas prorrumpieron en vítores, rugidos y aplausos de hombres cuyo Breacan se encontraba a esas alturas completamente descolocado, y mujeres con rosadas mejillas y trenzas desbaratadas. Como cada solsticio, el jefe del valle se paseaba de mesa en mesa repartiendo pedazos del gran Bannock entre los hermanos de la tribu, que él mismo había cocinado en su casa.

—¡Y ahora comed hermanos míos y averigüemos quien será el afortunado esta vez!

Los hermanos del valle no tardaron en desmenuzar su pedazo de Bannock y masticarlo, mirándose los unos a los otros con expectación y con miedo, pues que su porción contuviese un elemento extraño era un arma de doble filo; el elegido podía demostrar su valía ganando la lucha y quedándose con la pieza que el jefe hubiese escondido en la masa, pues solía ser un objeto de valor, o quedar en ridículo perdiendo contra el contrincante que el jefe le asignara.

Por fin, uno de los hermanos se puso en pie de un saltó, sosteniendo un pequeño objeto entre las manos y gritando de felicidad.

—¡Yo, Gran Tautis! ¡Yo he encontrado en mi pedazo de Bannock aquello que habías escondido! ¡Dime contra quién debo luchar por esta piedra preciosa, pues te aseguro pelearé a muerte!

La afortunada o desafortunada, según se sucedieran los siguientes acontecimientos, fue nada menos que la sucia de Elía. Ésta sostenía en alto una lustrosa gema para que todos pudieran admirarla. Sus exclamaciones dejaban lugar a poca duda: pelearía por aquella gema contra cualquiera que el Jefe le ordenase, aunque su vida dependiera de ello, pues con aquel objeto podría comprar sustento para todo el ciclo.

Tautis se relajó entonces en su asiento, preparado para ver lo que sucedía a continuación. Aquella etapa del juego, en la que se suponía que el jefe del valle debía nombrar contrincante, era aprovechada para especular y proponer candidatos. Tautis siempre demoraba la decisión ya que se divertía observando como los hermanos del valle apostaban sobre el asunto.

—¿Quién será capaz de enfrentarse a la mujer más temible del valle?

—¡Yo creo que debería ser Zarse! ¡Esta mañana la ha menospreciado con descaro y seguro que Elía le corta la lengua!

—¿Una mujer? ¡Debería ser un hombre, cobardes! ¿Qué macho se atreve a luchar contra Elía?

Las especulaciones y proposiciones siguieron hasta que Aivi se levantó.

—¡Yo pelearé contra Elía!

—Aivi es una buena candidata, pues aunque Elía es enorme y feroz, Aivi es menuda, escurridiza y habilidosa. ¡De seguro el combate será todo un acontecimiento! —proclamaban algunas voces.

—No —interrumpió Tautis—. Aunque me encantaría presenciar dicha contienda debemos recordar que Aivi es la Dama de Beltane y debe reunirse con el druida esta noche. Así pues debe permanecer pura y limpia, sin rastro de sangre, o el druida no la recibirá.

—Tienes razón jefe Tautis. Me retiro entonces —sentenció Aivi cabizbaja.



ARRovic

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En el texto hay: mitologia celta, druidas, guerreros

Editado: 10.06.2019

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