Tierra de Clanes. El Fuego de Beltane

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CAMANACHD

Gaela pronunció aquellas palabras ante el asombro de Kendric y todos los que allí estaban. No tenía ni idea de a qué se referían con un partido, pero ahora, más que nunca, deseaba estar a la altura. Brian necesitaba una lección de humildad y Alanna le recordaba demasiado a Elía, quien había sido su tortura en el valle durante toda su vida. No iba a dejar que la historia se repitiese.

—Muy bien... ¡Juguemos! —entre vítores y aplausos se dirigieron a la esquina del campo donde las armas estaban apostadas. Todos menos Kendric, que permaneció junto a ella.

—Está bien, aunque sea contra mi voluntad, al menos voy a explicarte en qué consiste el Camanachd —Kendric cambió radicalmente de postura, y disimuló con maestría su desacuerdo. Al contrario que a Brian, a ella la obsequió con la más dulce de las sonrisas—. Es muy sencillo; solo necesitas un palo de madera de fresno con una curvatura al final, el caman, de ahí su nombre, y una pelota pequeña de cuero. Nos dividimos en dos grupos y tratamos de meter la bola en el hail contrario. Gana quién más veces lo consiga. ¿Sencillo, verdad?

De pronto, el restó llegó con un montón de palos que dejaron en el suelo. Entonces Kendric cogió uno y se lo entregó a Gaela. Ella, torpemente, cogió el palo por el lado de la curva y se quedó mirándolo extrañada.

—No, a ver, esa es la parte con la que se golpea la bola, tienes que sostenerlo del otro lado —dicho esto se colocó detrás de ella y, rodeándola con los brazos, cogió el palo—. Así es, y se mueve a izquierda o derecha. Además, no solo hay que golpear la bola en tierra también la puedes golpear en el aire con cualquier canto de la curva. En fin, la única forma de aprender es jugando, así que, ¿preparada?

 En fin, la única forma de aprender es jugando, así que, ¿preparada?

Se separó de ella. Era todo un seductor, se notaba. Tampoco se le escapaba a Gaela la forma en la que las demás le miraban, con deseo y admiración. Su tostada piel como la de Gaela marcaba la diferencia con el resto de hombres y le otorgaban ese punto de exotismo que Gaela conocía bien, pues también hubo una época en la que ella fue admirada y deseada en el valle. Era ese tipo de hombre; salvaje y fuerte, pero en cierto modo, noble. Lo tenía todo. Además de ser un líder nato indiscutible.

Brian, aunque había propuesto jugar, había dejado que fuera Kendric quien diera las órdenes. En el fondo, sabía cuál era su lugar.

—¡Escuchadme todos! Vamos a dividirnos en dos grupos, quiero que aquellos que yo elija se anuden este trozo de tela negro al brazo, y todos aquellos que vayan con Alanna, la cinta esmeralda de su clan, ¿entendido?

A parte de los primeros, en cuanto la voz se corrió, más guerreros o cazadores se presentaron voluntarios para disfrutar del partido. Comenzaron a seleccionar por turnos; Kendric la eligió primero a ella y Alanna resopló de mala gana. Gaela no podía saber si era porque sentía atracción por Kendric o porque simplemente estaba de mal humor. Sin embargo, intuía que pronto lo descubriría. Alanna escogió entonces a Brian. Y así, sucesivamente, hasta que los equipos estuvieron completos, compuestos por diez jugadores cada uno.

Justo antes de comenzar, Alanna se acercó para estrecharle el antebrazo a Kendric y, antes de volver a su puesto, se dirigió a Gaela, que estaba al lado de éste, y le espetó.

—Seguro que Kendric ya te habrá explicado las reglas, ¿pero te ha dicho también que puedo golpearte gustosamente si te cruzas en mi camino? —rio, con aquella malvada, pero angelical sonrisa, y se marchó.

Gaela miró asustada a Kendric pidiendo explicaciones.

—¿Por qué crees entonces que toda esta gente se ha congregado en cuanto han visto que jugaríamos un partido? ¡Porque es todo un espectáculo! Pero tranquila —añadió al ver que se le oscurecía el rostro y tragaba saliva—. Yo te protegeré —le guiñó un ojo y se dirigió a los demás jugadores: —¡Que comience el Camanachd!

No lo había advertido pero una multitud se agolpaba alrededor del campo de juego. Gaela se percató enseguida de que el Camanachd debía ser muy popular en Craig Phadrig. Comenzaron a sudarles las manos, pero intentó relajarse; no podía, bajo ningún concepto, fallar. Sin embargo, aquella reflexión solo empeoró la situación pues recordó que esas fueron las mismas palabras que se dijo a sí misma antes de empezar la cacería... y el resultado fue un desastre.

Por fin, la pequeña pelota comenzó a rodar por el terreno. Gaela primero dejó que los demás actuaran para luego imitarles, pues no había presenciado un partido de Camanachd en su vida y mucho menos lo había jugado. Así, observó como todos se lanzaban en tropel hacia la bola, como cuando las mujeres del valle eran poseídas por el espíritu de los antiguos fomorianos y cazaban al cordero que sería sacrificado. Con el caman la dirigían y la golpeaban para pasar la bola.



ARRovic

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En el texto hay: mitologia celta, druidas, guerreros

Editado: 10.06.2019

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