Tierra de Clanes. El Fuego de Beltane

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ENTRENAMIENTO NOCTURNO

El sol hacía tiempo que se había escondido y Kendric se había marchado, sin embargo, Gaela seguía allí plantada en el campo de entrenamiento. Aunque aún no se fiase por entero de Idris eso no significaba que él no tuviera razón: iba demasiado lento. En poco tiempo debía prestar su juramento y no estaba preparada. Debía esforzarse más. Así que volvió a levantar la espada y se dirigió a uno de esos muñecos de paja. Comenzó por repasar todo lo que había aprendido, con disciplina, pero pronto se dejó llevar.

Aunque estaba ya oscuro, miró en derredor para cerciorarse que nadie la observaba y empezó a asestarle golpes sin ton ni son al pobre muñeco. No sabía exactamente por qué, pero de esa forma conseguía liberar toda su rabia. Golpeaba sin ningún control, mientras las lágrimas acompañaban sus movimientos. Lloraba por Tautis, por todo aquello que quería decirle y no pudo, por Idris, porque no podía confiar en nadie, porque no le dejaban salir a buscar a su hermano Tebas...

—Es lo peor que puedes hacer; dejarte llevar por la ira. Así, solo conseguirás que te maten.

Gaela se sobresaltó. No se había percatado de que una silueta la observaba en la lejanía, con cara de preocupación. Cuando se acercó más, descubrió que se trataba de Brian.

—Estaba practicando, nada más.

—Pues yo creo que estabas desahogándote.

Se acercó más a ella. La ponía muy nerviosa. Kendric era alto y musculado, sin embargo, Brian era más delgado, más ágil, no tan fuerte y, aun así, conseguía intimidarla, mucho más que Kendric. Sus ojos azules brillaban a la tenue luz de la luna, y en su rostro podía adivinar una verdadera preocupación. Era sincero.

—¡Pero Brian! ¿Qué demonios te ha pasado? ¡Estás cubierto de sangre!

Al principio Gaela no se había percatado, pero ahora que lo tenía más cerca veía sangre seca por casi todo su cuerpo.

—Créeme, el otro acabó mucho peor —concluyó con esa irresistible sonrisa que hacía que Gaela enmudeciera —. Entonces dime, ¿qué te ha hecho este pobre muñeco de paja?

—Tengo... tengo demasiadas cosas en la cabeza, asuntos no resueltos, mucha presión por... en fin, mucha presión.

—Ese es exactamente el error. Cuando se entra en combate no existe nada más que tu oponente y tú. Dan igual tus problemas, tu humor. Debes dejarlo todo atrás, olvidarlo y concentrarte. Cuando consigas matar al que tienes delante puedes volver a pensar en ellos, pues no van a irse a ningún lado, seguirán ahí acechándote. La mente es nuestra mejor aliada, pero una herramienta muy peligrosa y traicionera.

—Sí, creo haber oído eso antes... Aunque bueno, tampoco me ha ido tan mal ¿no? —comentó mientras observaba al pobre muñeco destrozado—. Le he dejado manco y sin cabeza.

—Sí, porque no se movía. Pero pelea conmigo, a ver si consigues siquiera rozarme.

—¿No crees que ya has tenido suficiente?

—¿Estás de broma? Eso solo ha sido un pequeño bocado y aún tengo mucha hambre...—Se acercó más ella, por detrás, y aspiró profundamente el dulce olor a tronco de caoba que desprendía su pelo. Gaela no pudo evitar que todo su cuerpo se erizara al mero contacto de su piel. Cerró los ojos para saborear aquel momento robado de intimidad, pero reaccionó enseguida; no podía caer en sus garras.

—¿Y qué gano yo? Ya sé que vas a machacarme y no me gusta recibir golpes gratuitamente.

—Veamos entonces... umm... si consigues rozarme, podrás pedirme cualquier cosa y yo la haré.

Gaela se quedó con la boca abierta: —¿Lo dices enserio?

—Totalmente. Solo una cosa; pídeme lo que sea y lo tendrás... fíjate lo seguro que estoy de que no vas a conseguirlo —rio a modo de provocación. La estaba tanteando.

Gaela entonces levantó rápidamente su espada, y Brian, con un ágil movimiento de pie, levantó la suya del suelo.

—La próxima vez tendrás que enseñarme a hacer eso.

—Pues esto es lo más fácil; el manejo de la espada no solo depende de la fuerza o potencia, sino también de la rapidez y la agilidad.

Comenzaron a combatir entonces. Luchar contra Brian era muy distinto. Kendric le ordenaba qué debía hacer de forma autoritaria, y no podía desviarse de sus instrucciones. Todos los pasos estaban perfectamente coordinados y ensayados, mientras que Brian era un espíritu libre. No seguía pauta alguna, su forma de blandir la espada era totalmente desordenada y confusa, pues no seguía ninguna de las directrices que Kendric le había enseñado y así era imposible adivinar cuál iba a ser su siguiente movimiento.

—Primera lección, no levantes los pies, pierdes tiempo y equilibro, arrástralos. Recuerda, no existe ahora nada más que tu espada y tu oponente. No existe nada más en este mundo; nada más que tú y yo —enfatizó sus últimas palabras a conciencia, mirándola directamente a los ojos, y sonriéndole. Era irresistible.



ARRovic

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En el texto hay: mitologia celta, druidas, guerreros

Editado: 10.06.2019

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