Tierra de Clanes. El Fuego de Beltane

Tamaño de fuente: - +

TODO ESTO ES CULPA MIA

—Tendrá que ser castigado.

—Pero, ¿por qué? ¡Fue una pelea de taberna, donde todos dimos y todos recibimos! ¡No es justo que sólo pague él! -Gaela estaba indignada.

—Es a quién mis guardias me han traído y todos han jurado que vieron cómo Tebas derribaba a Kairghon, sin provocación alguna.

—¿Sin provocación alguna? ¡Esto es absurdo! ¡Además fui yo la que se enfrentó a él, Tebas solo me defendió!

—Es mi última palabra, Gaela. Me duele tener que tomar esta decisión, pero debe ser castigado por agredir a uno de mis guerreros. Ahora debemos discutir qué castigo se le ha de aplicar.

Gaela no podía creer lo que estaba oyendo. Miró atónita a ambos lados, esperando que alguien pudiera explicarle lógicamente lo que estaba pasando. Parecía que a nadie le importaba lo más mínimo que ella hubiera estado involucrada en la pelea, pues todas las culpas recaían sobre su hermano. Aquella situación se le estaba yendo de las manos. Aquellos que estaban sentados a la derecha de Cabeza Negra cuchicheaban entre sí, tratando de acordar el castigo más apropiado ante aquella desgraciada situación. Mientras debatían, Gaela observaba el pálido rostro de su hermano que, aunque intentaba mostrarse firme, por dentro estaba muerto de miedo, cual condenado esperando su verdugo.

Idris, aunque debía estar entre ellos, no se encontraba en el Craig Phadrig en esos momentos, como ya era costumbre. Sin embargo, un nuevo miembro del consejo al que nunca antes había visto llamó su atención; era más bajito que ella, y le sobraba mucha grasa en el cuerpo. Sus manos estaban adornadas con piedras preciosas, al igual que su cuello. La túnica era blanca con bordados en oro, cerrada por un broche de plata tallado. Era el que más hablaba, por encima de los demás que aconsejaban a Cabeza Negra, y miraba de manera severa a Tebas. Por fin la jefa del clan habló:

—Teitebas, hijo de Tautis, debes ser castigado con cien latigazos.

—¡¿Cómo?! —Gaela no pensaba quedarse callada—. ¡Cien latigazos podrían matarlo! ¡No...seguro que lo matan! ¿Y todo por haberle pegado a este cretino malnacido?

—Además de haberse resistido a ser traído hasta aquí e intentar huir.

Gaela se sentía impotente, no sabía qué decir para ayudar a su hermano. Cierto era que una vez los guerreros le habían llevado fuera de la posada, Tebas había intentado escapar y Gaela le había ayudado, pero antes de poder alcanzar el muro, ya lo habían apresado otra vez. Se sentía estúpida.

—Honorables jueces, si me permiten hablar... —otra vez esa irritante voz. No le importaría volver a romperle la nariz—. Me gustaría proponer una alternativa.

—Te escuchamos —pronunció Cabeza Negra curiosa.

—¿Qué les parece si Teitebas cumple su castigo formando parte de sus guerreros?

Todos quedaron estupefactos ante aquella proposición.

—No consigo entender Kairghon. ¿Quieres que el mismo al que condenamos por haberte herido, cumpla su castigo a tu lado, entre mis guerreros, que son los que le acusan? —Cabeza Negra se mostraba perpleja.

—Piénsalo. Todo este desastre ha tenido lugar porque el chiquillo se ha negado a formar parte de nuestra Orden. De esta forma podríamos demostrarle que es todo un honor estar al servicio de la Cabeza Negra del Clan. Mi señora, cien latigazos, como bien han apuntado, podría matarlo. Sería todo un desperdicio, pues ¡admiren qué fuerza! —exclamó mientras señalaba su aquel rostro maltrecho—. Serviría mucho mejor vivo que muerto.

—Tu propuesta parece razonable Kairghon, lo consultaremos.

Gaela había palidecido, pero mucho más su hermano; parecía ausente, como si ya su verdugo le hubiera cortado la cabeza. Podía ver como algunos de los consejeros se proclamaban en contra de la propuesta, pero aquel anciano gordinflón no hacía más que asentir y acallar las objeciones de los demás. Por último, se volvió hacia Cabeza Negra y le dijo algo al oído.

—Está bien, así se hará. Entrará a formar parte de los Guerreros Negros. Siempre y cuando Teitebas acepte esta proposición. Quizás prefiera recibir los latigazos —Sentenció Moira, mirando de forma indescriptible a Tebas.

Gaela respiró de alivio. Bien sabía lo que su hermano contestaría: "cien latigazos, aunque mi final sea la muerte". Si había una cosa en este mundo que Tebas odiara con todas sus fuerzas, esa era matar, y los Guerreros Negros no se dedicaban a otra cosa; conquistas, saqueos, guerras... Una vida así no le merecería la pena. Le conocía bien, preferiría arriesgarse a morir con la espalda desgarrada antes que ponerle un dedo encima a alguien.

—No señora, prefiero estar a su servicio, será todo un honor.

Gaela se quedó paralizada. Su mente no asimilaba aquello que oía. Ya no sabía en qué mundo vivía, o si estaba soñando y pronto despertaría de aquella horrible pesadilla. ¿Acaso había entendido que su hermano había aceptado la propuesta? ¡Era un suicidio! No aguantaría ni una luna ¡y mucho menos con aquellos bárbaros que se encargarían de hacerle la vida imposible!



ARRovic

#5639 en Fantasía
#7861 en Otros
#1164 en Aventura

En el texto hay: mitologia celta, druidas, guerreros

Editado: 10.06.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar