Tierra De Nieve Y Cenizas (libro 3)

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Capítulo 10

Caín Warner

No es que haya olvidado cómo fueron nuestras semanas al salir de Old Town pero ahora que estoy de regreso es como si esos días no fueran nada.

A pesar de que el grupo lleva armas y comida suficiente, incluso mantas para las noches, siento que de alguna forma todo es peor. Las noches en vela, las largas caminatas, el racionamiento de alimentos e incluso el tener que ser sigilosos.

Tardé tres días en darme cuenta de por qué me sentía así.

Mi familia, no estoy completo sin ellos.

Hemos pasado dos semanas y dos días fuera, en mi grupo tengo a Elías, Jesse, Elis y un par de chicos que parecen ser amigos de ella, uno de ellos es Alexander y el otro es Anthony y sus ojos al estar todo el tiempo alerta me recuerdan a los de una lagartija.

Estamos de camino al siguiente grupo de resistencia, el primero fue un éxito, logramos formar alianzas, nos dejaron pasar la noche con ellos, nos dieron comida y agua embotellada extra para que siguiéramos con el viaje.

Fue algo fuerte ver que varios de ellos perdieron a sus seres queridos, tenían un mural con sus fotos, un altar para los caídos, eso me llenó de un sentimiento celestial.

Y el escucharlos llamarme, sentir cómo se acercaron a mi unas hechiceras mayores y me abrazaron hizo que todo este viaje valiera la pena.

Me preguntaron por el resto del grupo y por Abby, les contesté que nos habíamos dividido para buscar otros grupos de alianzas.

Abby me contó las nuevas noticias y me dio una reprimenda por el experimento que Aaron y yo hemos estado elaborando.

No se lo había dicho porque no creí necesario darle falsas esperanzas, de hecho, los únicos que sabíamos sobre eso era Aaron, la doctora que ve a Cody, Elías, Drew y uno que otro experto en ciencias.

Pero no hay avances en la cura, por momentos tuve esperanza de que si mi sangre pudo salvarme, quizá pudiera salvar a otros, pero cuando las pruebas iniciaron y fracasaron me sentí mal por ello, Aaron dijo que tal vez con modificaciones podría lograrse pero yo sé que lo que sea que los Primeros le agregaron a ese virus, sólo ello pueden saber qué puede contrarrestar los efectos. Si es que hay un algo que lo haga.

-Se aproxima una tormenta.- Nos avisa Elis bajando del tejado del edificio en el que nos refugiamos.

Su rostro se refleja serio, casi parece molesta, ha estado así en casi todo el viaje, y digo casi porque sólo se ríe con sus amigos y le sonrió a la gente en el refugio. Pero no me mira y si lo hace no parece haber anda en sus ojos salvo molestia. No entiendo qué hice mal o si realmente hice algo. Empiezo a creer que ha jugado conmigo para que aceptara esto.¿Puede ser ella tan cruel?

Jesse y Elías conversan cerca de la entrada del edificio, no hay Caníbales cerca pero quizá es porque es demasiado temprano.

-¿Tu intuición femenina te lo dice?- Se burla Alexander, ella lo golpea en el hombro y se ríe.

-No, idiota, las nubes.

-Bueno querida Elis déjame decirte que es un poco extraño que hables con las nubes...

-¿Sabes qué? Olvídalo.
 

Ella se asoma por la ventana y aprovecho para acercarme por detrás, no se inmuta.

-¿Cuántos días faltan para llegar al siguiente grupo?- le pregunto para tantear la situación.

-Mañana en la noche cuando mucho.- Me contesta ella.
Su cabello rubio está alborotado en su coleta, dejo que la tentación me gane y envuelvo en mi dedo un mechón, ella se gira hacia mi y nos quedamos en silencio, de fondo escucho las bromas entre Jesse y Elías, de repente los otros dos se le unen, es como si ella y yo estuviéramos en un lugar a parte.

-¿A qué juegas Elis?

Ella traga saliva y aparta su mirada.- No juego a nada, creo que te has confundido.
 

Cuando intenta alejarse la tomo por el brazo, me sorprende que se deje atraer y no me empuje lejos como es habitual en ella. 

La contemplo.

Desde sus ojos color cielo hasta su cintura con curvas, conozco esas curvas a pesar de que su camiseta holgada las oculta, son suaves y se relajan con mi tacto. Es mi turno de pasar saliva.

Estando así de cerca de ella es como si mis pensamientos desaparecieran, me dejan como un completo tonto.

-¿Puedes por favor decirme por qué has estado tan distante?- La pregunta la hace reaccionar y se aleja, lo odio al instante.

-No tengo tiempo para esto.- Camina hacia la salida y en un segundo la cierra tras ella.

Suelto aire, esta chica está mal o yo lo estoy por haber empezado esto con ella. Ni siquiera sé qué es esto.

Como un idiota, la sigo.
 

Camina por la calles como si el simple hecho de existir no fuera peligroso, troto hasta que estoy a su lado.

-No deberías estar afuera.- Me advierte.

-¿Por qué?¿Porque soldados o Caníbales podrían atraparnos?

-No, porque yo estoy aquí.

Me río sin ánimo alguno.

-Lo peor de todo es que entiendo la amenaza.- Ella me mira de reojo.- Y aún así he decidido venir. 

Una pequeña, mínima y efímera sonrisa surca su rostro, pero yo la veo aunque ella seguro no quiere que lo haga, porque es demasiado terca y astuta así como yo.- Dime lo que te molesta.- Le pido.
 



Abby Conrad

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En el texto hay: sangre, cambios, final

Editado: 12.11.2018

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