Tierra De Nieve Y Cenizas (libro 3)

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Capítulo 12

He visto cazadores, amigos volverse enemigos, caníbales, he visto guerra y destrucción. 

Y siempre he estado segura de que me encontraría frente a frente con la muerte un día, sin embargo no pensé que aquello sería tan literal y mucho menos que sería tan pronto.

La muerte me persigue en un cuerpo delgado y hermoso, nunca pensé que sería así hasta que la oí gritar tras de mi.

Ella malditamente está enojada¿Y cómo no?  si aquella noche no le permití asesinar a Cody, además de que Lukas prácticamente la noqueó con un hechizo. 

Mis pies chocan contra el pavimento, hacen eco cuando paso  por un callejón, piso un charco y el agua se mete por los agujeros en mis botines, salto por encima de unas bolsas de basura amontonadas, arrugando mi cara al sentir el hedor , exactamente diez segundos se haber cruzado por ahí, escucho cuando ella lo hace, doblo a la izquierda, una calle bloqueada por automóviles, eso sólo significa una cosa. Es territorio de Caníbales.

Aprendí eso en mis horas de vigilancia, la gente los colocó para hacerlos lentos y ahora me hace lenta a mi mientras subo por los techos de estos. Cuando miro hacia atrás la miro pisarme los talones.
Si las balas no la han matado¿Qué puede hacer mi fuego contra ella?
Me doy cuenta de que a los caníbales débiles por la poca alimentación podría matarlos, a los caníbales fuertes no pero los lastima. 

Lo tengo.

Salto de un capó y aterrizo en el techo de otro auto, gano un poco de distancia cuando ella se resbala y aprovecho eso para girarme y lanzar una hermosa ráfaga de fuego hacia ella, alcanzo a ver sus ojos abrirse sorprendidos antes de que caiga de espaldas con la ropa en llamas.

Corro con más velocidad, jadeando por el esfuerzo. 

El cabello se me mete en la boca cuando hago otro salto, por desgracia cuando mis pies tocan el techo del auto se resbalan por el material mojado, suelto un grito mientras mi espalda choca contra el cemento.
El aire abandona mis pulmones pero no me permito estar mucho tiempo acostada y mirando las estrellas, a como puedo me levanto y subo por el capó, cuando miro hacia atrás, con alivio me doy cuenta de que ella me persigue desde lejos, sin duda con más enfado en su mirada que antes.

Trago saliva antes de seguir huyendo.

Y cuando pensé que podría salirme con las mías y dejarla atrás, aparecieron ellos.
Dos caníbales dejaron a una víctima en el suelo,no pude apartar la vista a tiempo para no ver las tripas y la sangre por todo el suelo.
-Mira, mira, parece que tendremos postre.- Se burla uno de ellos, el otro me enseña sus colmillos alargados. Empiezan a correr hacia mi, yo salto del techo y golpeo al más cercano en la cara con mis botas, ambos caemos al suelo. Saco la saga de mi bolsillo y ataco al siguiente en la garganta.

Demonios, apunté mal.

Su sangre me salpica el brazo y sólo rezo porque no tenga heridas en el brazo o sino su sangre contaminada entrará a mis venas.
Lanzo mi cuchillo hacia su frente y este cae hacia atrás.

El otro se levanta a tiempo para recibir otro cuchillazo en el mismo lugar que su amigo.
Los dejo atrás al instante.

Mientras corro me doy cuenta de por qué ambas caídas no habían sido amortiguadas por mi mochila. ¡Y es que ya no la tenía conmigo!

Ahora sólo cuento con el arma en mi cintura y... y so eso porque no tuve tiempo de extraer las dagas.

Corro en zig zag por las calles, estoy del lado opuesto al búnker y tal vez es lo mejor, eso significa que la muerte estará alejada del grupo.

Me limpio la sangre en la camisa mientras continúo corriendo, el único sonido son mis pisadas al toparse con los charcos. Las calles aún están húmedas por la tormenta pasada.
Luego, con horror me doy cuenta de que a mis pisadas las acompaña otras, miro hacia los edificios, buscando una escapada fácil y cuando veo una escalera de incendio intacta, le doy gracias a Dios. 

Oh bueno, no tan intacta.
Me doy cuenta al parar que a la escalera le falta una parte, tendré que impulsarme para subir.

Maldigo entre dientes mientras corro hacia la pared y tomando impulso agarro las barras metálicas, impulso mi cuerpo hacia arriba subiendo unos centímetros más hasta que mis pies que antes colgaban ahora tocan los peldaños metálicos, a toda velocidad subo la escalera y ahí es donde estuvo mi error.
Por dos razones.
Primero: Las escaleras estaban mojadas y resbalosas.
Y segundo: Al parecer la parte baja de las escaleras no era lo único que faltaba. 
 

Me resbalé cuando casi llegaba al otro tramo de escaleras y al querer agarrarme de la barandilla, mi mano se topó con un pedazo de metal salido.
El metal atravesó la palma de mi mano y un grito desgarrador salió de mi garganta.
Por acto reflejo logré agarrarme de algo con la otra mano.
 

El dolor se disparó por toda mi mano, al mirar hacia la herida me di cuenta de lo mal que estaba.
El trozo metálico oxidado estaba lleno de mi sangre. Me mordí los labios para no gritar.

Tomé mi mano con cuidado, lista para librarme de esto y entones...
Y entonces ella apareció, doblando la esquina y alerta en la mirada.
Me quedé quieta y tratando de calmar mis fuertes respiraciones.



Abby Conrad

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En el texto hay: sangre, cambios, final

Editado: 12.11.2018

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