Tierra De Nieve Y Cenizas (libro 3)

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Capítulo 22

Despierto con el rostro de Sam enterrado en mi cuello y sus brazos a mi alrededor.

Me quedo quieta y en silencio por miedo a despertarlo, por miedo a darme cuenta que en sus ojos ya no está el mismo brillo que vi ayer y a que me diga que ya no siente lo que dijo ayer que sentía.

Podría pasar.

Sus sentimientos pudieron haberse borrado junto con sus recuerdos sobre su amor por mi.

Y no lo quiero.

No quiero escucharlo decir que me aparte, no quiero ver ese odio hacia mi en sus ojos.

Por muy bien que me sienta en sus brazos, su piel contra la mía y su respiración tan cerca de mi pulso, lo aparto. Me separo de él lentamente y con movimientos fluidos hasta que estoy fuera de la cama.

No hicimos nada anoche salvo dormir, ambos estábamos cansados, agotados y asustados, fue suficiente como para que nos hiciera caer como rocas en un sueño profundo.

Pero con cada paso que doy fuera de la habitación, el miedo a que todo lo de la noche anterior se desvanezca en cuanto él abra los ojos.

Llego al pasillo sin ánimo alguno. Más tarde buscaré a Sabrina y le preguntaré si Caín se ha comunicado con ella. De verdad necesito saber qué tal les fue, si siguen bien y qué han descubierto hasta ahora.

Estoy nerviosa, hoy Mauro estará cerca de ellos, el que sean descubiertos es una de las posibilidades más malas en una escala del uno al diez, esa sería la once.

Camino hasta la enfermería, no vi a Cody ayer en todo el día ya que nos la pasamos todos juntos aprovechando las últimas horas que teníamos juntos hasta nuevo aviso, Natalia se había despedido de él pero no me dijo qué tal le fue. En realidad Cody se ha comunicado más conmigo que con otros, incluyendo a Natalia. 

Lo poco que él hace en su presencia es mirarla, debe ser difícil para ella que su primer amor y mejor amigo no la reconozca ni le hable.

Para mi fue difícil mirarlo y saber que no sabía ni mi nombre, luego de todo lo que pasamos los tres juntos en la secundaria... 

Una mano se cierra sobre mi hombro y detienen mi marcha, me giro y me encuentro con Zack, su ceño está fruncido y parece estar transpirando.

-¿Estás bien?-Pregunto preocupada por su aspecto.

-En realidad no, te he estado buscando, fui a tu habitación pero ahí sólo estaba Sam.

-Oh...¿Ya despertó?- No contaba con que lo hiciera tan pronto, no estoy lista para enfrentarlo aún. Zack asiente.

-Sí, él abrió la puerta pero no sabía donde estabas, te encontré por causalidad. Verás, estoy preocupado por Natalia, no me ha contestado, le he hablado telepáticamente y nada.

-Oh Zack, sabes que ellos están tensos por lo de Mauro, probablemente están ideando un plan o vigilando desde ya. Ellos saben que hoy estaría ahí pero no sabían a qué hora.

-Pero ella siempre contesta y eso no es lo único que me tiene inquieto. Ayer por la noche hablamos por horas hasta que me dormí profundamente pero algo me despertó hace poco, un dolor de cabeza inmenso, estoy seguro de que algo ha pasado.

Suelto aire.

Entendía su preocupación, me pasaba lo mismo siempre que Sam estaba lejos y aunque tuve razón en más de una vez, ellos son nuevos siendo compañeros así que probablemente no entienden bien las señales.

-Zack, si ella estuviera mal lo sentirías o ella mismo te lo diría, no te ha bloqueado por lo que puedes sentirla, en estos momentos presta atención a sus latidos y dime¿Cómo se escuchan, cómo se sienten?

Se queda callado y desenfoca sus ojos haciendo exactamente lo que le he dicho y en el momento en que se da cuenta de que todo está bien su mirada cambia.

-Están tranquilos.- Dice aliviado. Le coloco una mano en el hombro y sonrío amablemente.

-¿Ves? Todo está en tu cabeza, ahora ve a dormir, seguro que ese dolor que sentiste fue porque pasaste hasta altas horas de la madrugada despierto.

Me agradece y se va subiendo los escalones de regreso, cuando yo me dispongo a seguir bajando para ir a la enfermería una voz me detiene.

-¿Así que eres de las chicas que se van por la mañana y dejan a los pobres hombres como muñecos usados?- Me quedo de piedra y sólo es cuestión de tiempo para que mis latidos se aceleren, oh, ahí están.

Me giro lentamente para encararlo, él sonríe de lado, de una forma que sólo él puede hacerlo. Con diversión, perversión y vanidad, todo junto. 

Casi me desmayo ahí mismo ante su aspecto desaliñado.

-Uh-um.- Es todo lo que sale de mi boca y lo hace reír.

-Gran charla.- Llega hasta mi, quedando unos escalones más abajo, así estoy a su altura.

Sonrío levemente e ignoro el impulso de querer arreglar su cabello despeinado. En cambio hago la pregunta inminente. 

-¿Y bien?- Sus sonrisa disminuye pero no se borra. ¿Eso es bueno, no?

-Como todos los anteriores, lo olvidé.- Sus palabras salen suaves de su boca pero son como hierro para mi. Un hierro caliente que debo tragar y aceptar.- Pero no olvidé lo que pasó ayer, nuestra conversación. No he olvidado lo que estoy empezando a sentir y por lo que dijimos ayer y por lo que escribí sobre ese recuerdo, sigo creyendo que vales la pena.



Abby Conrad

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En el texto hay: sangre, cambios, final

Editado: 12.11.2018

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