Tierra De Nieve Y Cenizas (libro 3)

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Capítulo 25

Caín Warner

No sé en qué momento empecé a correr, ni en qué momento fue que las palabras que salieron de la boca de Elías pasaron de ser una mala broma a una mala realidad.
Pero sí sé una cosa, y es que estoy asustado.

Mis pasos retumban por todo el pasillo y de camino a los escalones.

La gente fuera de sus habitaciones están apilando los cuerpos de los soldados a un lado y su gente, a los nuestros en otro lado.

No puedo evitar pensar en el mal presentimiento qué tuve durante todo el día de ayer antes de irnos de aquí, presentía que algo malo sucedería pero jamás pensé que eso malo iba a pasarle a Abby, pensé que iba a ser a mi e incluso le resté importancia pensando que aquel sentimiento sólo era nerviosismo por lo que podría suceder. 

Pero al parecer no fue sólo nerviosismo sino que yo ya presentía la muerte que asechaba dentro de estas paredes.

Llegando a la enfermería siendo guiado por los gemelos, estos se detienen frente a una puerta blanca. No sé si es la ira o el sentimiento de dolor en mi pecho pero me cuesta respirar y soy plenamente consciente de que los que me siguieron hasta aquí están igual de mal que yo.

Lukas está sollozando y Julian con la mirada perdida lo consuela.

-Está aquí.- Jordy dice con voz apagada. Abre la puerta lentamente pero yo no me muevo.

No sé si estoy listo para que mis ojos la vean de esa forma, ciertamente ninguno lo está.

Miro por la delgada abertura, pasando saliva para evitar que un grito o un sollozo salga de mis labios porque es justo lo que quiero hacer.

Quiero romper cosas, quiero encontrar a todos y cada uno de los soldados que lograron escapar de aquí y desmembrarlos uno por uno, quiero encontrar a los Primeros y hacerlos pagar. Pero sobretodo quiero que esto no fuera verdad, que Abby fuera capaz de abrir los ojos otra vez.

Me siento como años atrás, cuando el sentimiento de pérdida era mi pan de cada día. Me había negado a dejar ir a alguien más, se suponía que mi deber era cuidar de mi familia pero no pude hacerlo esta vez y ella pagó el precio.

Es Lukas quien me aparta para entrar y una vez más me sorprende su valor, yo me había quedado mirando la abertura pero sin querer ver más allá.
Fue hasta que él entró y sus sollozos se volvieron más ruidosos que tomé el valor para moverme.

Y ahí estaba ella.

En una cama en medio de la pequeña y blanca habitación y en una silla a su lado estaba Sam tomando su mano y con su mirada vidriosa y derrotada en su rostro.

Algo en mi se rompió al verla inmóvil e inconsciente. Sus ojos grises estaban cerrados y su tono de piel, antes sonrojado de manera natural ahora estaba demasiado pálido y su cabello rojizo tan opaco como una rosa roja marchitándose. Así estaba ella en estos momentos. Marchita.

Pero era su rostro el que me inquietaba más.
No era lo que esperaba ver en ella. No había señal de dolor en su rostro, ni una sola mueca que mostrara que sufría. Sus labios estaban ligeramente curvados como si al cerrar sus ojos por última vez lo hubiera hecho feliz.

Una lágrima corre por mi mejilla derecha, haciéndome cosquillas.

Ella parece tan tranquila.

Quisiera estar molesto con Sam, después de todo, que ella esté así es a causa de lo que le sucedió a él.

Pero sé que si Abby estuviera despierta y escuchando mis pensamientos se enojaría conmigo.

Así que me obligo a calmarme, después de todo, el enojo sólo es una vía de escape para dejar salir mi dolor.

Sam no tiene la culpa de esto, Abby tomó su decisión al salvarlo. Su vida por la de Sam y lo hizo con gusto, con una sonrisa en su cara.
-Lo siento.- Los ojos de Sam suben lentamente hacia mi rostro al escucharme hablar y una arruga profunda se forma en su frente.

-Estoy tan cansado de que hablen de ella como si estuviera muerta.¡No lo está! Sólo escúchala Caín, su corazón late, lento pero late. Mira estas máquinas, les están gritando a todos que está viva.- Su voz se quiebra en más de una ocasión.

Sí, ella no estaba muerta, como dijo Sam, las máquinas a ambos lados de su cama demostraban su pulso latente.

Pero lo que Sam se negaba a reconocer es que en cualquier momento esas máquinas soltarían un pitido dándonos a conocer que ella ya no está con nosotros.

Porque aunque ella no es humana y su cuerpo se cura rápido, lo que le sucedió podría incluso matar a los Primeros.

Sam estaba muriendo a causa de la espada en su pecho rozando su corazón, Abby sabía que podía dejar esa espada ahí hasta que Sam se desangrara a causa de que su herida no cerraría y en algún momento su corazón se dañaría, podía quedarse con él hasta que diera su último aliento o podría sanarlo con ayuda de la conexión entre ambos, darle a él energía y fuerza vital necesaria para curarse, para lograr sacar la espada aunque esta rasgara su corazón pero con su ayuda lograría reponerse, incluso sabía lo que pasaría si ella lo hacía. Sabía que dándole a él toda su fuerza vital haría que sus propios órganos empezaran a detenerse lentamente, provocando que su sangre dejara de circular y su corazón se detuviera. Lo sabía y aún así lo hizo.



Abby Conrad

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En el texto hay: sangre, cambios, final

Editado: 12.11.2018

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