|| To Love You In Old Way ||

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|| CAPÍTULO 1 || PROMETELO GIA ||

"Hola Guaina Raú

"Hola Guaina Raú. 

¿Estás bien? Ayer te vi llorando, por eso, en lugar de asustarte acercándome a ti, decidí escribir esta carta. Llámame como quieras, pero, necesito saber que estás bien; que nada malo te ha sucedido. Eres importante para mi. Tal vez no soy la mejor persona del mundo, pero, tú si que me haces pensar en remediar el montón de errores que he cometido, que me atormentan y que por supuesto, cada día, nublan mi panorama y no me dejan disfrutar de tu sonrisa. Hermosa sonrisa. 

Para cuando recibas ésta carta, yo no estaré cerca de ti porque de igual manera, no podrías reconocerme entre el montón de gente a tu alrededor. No pretendo que respondas de inmediato, es más, ni siquiera pretendo que lo hagas, pero, encontrarás una manera de hacérmela llegar. Lo sé. Eres muy inteligente. 

No te sientas acostumbrada a que éstas cartas lleguen a tus manos porque tal vez pasen muchas semanas antes de que yo, vuelva a escribirte. 

Nunca, pero nunca, dejaré de velar por ti. 

Hasta luego;

anónimo." 

Por un segundo tengo miedo, pero, solo es un segundo porque también me hace sonreír. Ciertamente me siento desconcertada. Mientras lloraba, no era consiente de que alguien me miraba. 

Me gustaría que nada de lo que sucedió ayer, hubiese pasado porque aquí uno de los resultados. ¿Y si es un secuestrador? No. Eso es casi imposible. Si soy sincera me da la impresión de que se trata de alguien bueno. Sus palabras son tan distintas a las de cualquier otra persona que yo haya escuchado. 

Dice que soy importante para él, la cuestión es que eso es una mentira. Yo no puedo ser importante para alguien porque nadie se a atrevido a conocerme. La única persona que veló por mi, se murió y me dejo sola entre cuatro hombres. 

— ¿¡En donde diablos está esa mocosa!? — Y ese es uno de ellos. — ¡Giana! — Guardo de inmediato la carta dentro de la funda de mi almohada y al escuchar los pasos de papá en el corredor, tomó mis libros del colegio y finjo estudiar. — ¡Deja esos malditos libros y ve a servir la cena! — Ordena haciéndome temblar. 

Despoja mis libros de mis manos y hace presión en mi brazo izquierdo arrastrándome consigo por toda la casa hasta la cocina. No me quejo por su agarre, pero, estoy conteniendo las ganas de llorar o hacer una rabieta de niña pequeña. 

Probablemente mañana tenga que vestir con una blusa de manga larga evitando que las marcas de los dedos de papá, se vean grabados de una manera salvaje en mi piel, expuesta a todos mis compañeros en la escuela. 

Por fin llegamos a la cocina y me lanza contra la encimera sacando el aire de mi estómago. Tomo profundas respiraciones para volver a la normalidad mientras lo escucho retirarse dejándome a solas. Con toda mi paciencia, lavo mis manos en el fregadero y luego comienzo a poner los lugares de mis hermanos y papá en el comedor. 

Algunas lágrimas rebeldes caen en sus cenas, pero, no hago nada. No creo que un par de lágrimas hagan más dulce o más salada la comida. Además lo merecen. Merecen todo lo malo que el señor karma los quiera hacer pagar. 

Cuando termino, ni siquiera me inmuto a servir un poco para mi porque sé de sobra que me correrían a patadas antes de permitirme sentar con ellos en la mesa.

— Y entonces mañana necesitó estar en la junta a primera hora con todos los socios de la constructora y tú Moisés, tienes que estar conmigo. — Ese es Stefan.

— ¿Y yo porque? — De inmediato protesta el mencionado. — Y te recuerdo que, quién debería acompañarte a la junta a la constructora es Giana. Ella es la única heredera y ni siquiera ha tocado un peso de esa herencia.

— ¡Pero nadie lo sabe! — Argumenta papá de inmediato haciéndome sobresaltar. — Y más vale que te vayas a la junta con Stefan.

Todos en la mesa se quedan callados para continuar cenando. Luego de unos minutos, decido retirarme, pero, la voz de papá me detiene.

— ¿A dónde crees que vas? — Me vuelvo a verlo bajo la atenta mirada de mis hermanos. — ¡Te hice una maldita pregunta! — Me sobresalto al instante.

— Necesito ir a comprar algunos materiales para una maqueta de construcción para mañana. — Bajo la mirada cuando él también de gira a verme. — Por favor, papá.

— Entonces vete. — Gruñe y casi lo agradezco. — Pero al regresar, y tendrás que lavar los platos de la cena antes de ir a hacer ese trabajo. — Asiento y segundos después, salgo disparada hacia mi habitación tropezándome con algunas cosas en el trayecto. 



Daniela Martínez

Editado: 01.09.2019

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