|| To Love You In Old Way ||

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|| CAPÍTULO 13 || DOLOR ||

Sábado 13 de Julio. 

— ¿En donde estabas Giana? — Vuelve a preguntar papá y sé que está conteniendo sus ganas por abofetearme. Pensé que llegaría el Domingo por la tarde, no que estaría aquí siendo la media noche. A penas se fue ayer por la tarde. No me sorprende, quería atraparme en algo y claro, lo ha conseguido. — Estaba con una amiga, tomamos un café y ya. — Mi voz es temblorosa. Diablos. Debí quedarme aquí desde un principio y no aceptar ser arrastrada por Emma hasta su casa. — Pues, no te creo. — Argumenta paciente. Claro, hoy es el más paciente del mundo porque tiene invitados siendo apenas la media noche, de lo contrario, ya me estaría moliendo a golpes. — Ven a sentarte. Es necesario que estés presente y escuches lo que se viene para esta familia. — Hago lo que me dice. Para mi mala fortuna, Moisés me arrastra consigo para obligarme a sentar a su lado entre él y papá. ¿Lo ven? A esto me refería hace unos momentos antes de salir de casa de Emma. Muerdo mis labios conteniendo mi pánico. Los invitados de papá son el notario Sharman y su hijo Dominick. Este último parece muy molesto y tengo mis sospechas sobre lo que puede ser. Él debería estar ahora en la fiesta de Royer, bebiendo, consumiendo droga y cogiendo con cuanta chica le pase enfrente. Si. Así es Dominick. Tal vez papá se ha enterado que Stefan y yo fuimos a casa del notario y por eso inventó un viaje de negocios, para atraparnos. — Giana, este señor es el notario Sharman. — Trago duro mientras Stefan me habla. — En sus manos quedo el testamento de Mariane y papá quiso que vuelva a leerlo. — ¿Y porque? — No puedo evitar sentirme amenazada por este repentino cambio de planes. — ¿Porque Stefan? — Cuestiono con la voz alterada. — ¿Que diablos están tramando esta vez? — Basta. Cierra la maldita boca, Giana. — Moisés hace presión en mi brazo derecho, lastimandome de nuevo. Aún no sana la presión de la semana anterior y esta bestia está lastimándome de nuevo. — Escucha con atención y callate. — Amenaza soltandome. — Puede comenzar señor notario. — Ordena papá y de inmediato noto la diversión que le causa mi actitud altanera. Echo la cabeza hacia atrás mientras una sensación amarga me llena la boca. ¿Como es que después de tanto tiempo quiere volver a leer el testamento de mamá? ¡Han pasado diez años! Diablos. Llamenme como quieran pero su maldita actitud no cuadra para nada con lo que ellos son en realidad, a pesar de que traten de esconderlo. — Señorita Arroyave, ¿puede bajar el gorro de su sudadera? — Miro alarmada al notario y antes de que pueda decir algo, Moisés ya lo ha bajado por mi dejandome al descubierto. Trago duro al ver las expresiones confusas de todos en la mesa. Incluyendo a Dominick. — ¡¿Que demonios te hiciste?! — Me sobresalto al escuchar -ahora si- la molestia de papá. — ¿Porque demonios te cortaste el cabello sin mi permiso?— No tenía porque pedirte permiso por esa cosa tan insignificante. — Digo con la voz temblorosa. Su mano de estampa con fuerza contra mi mejilla y de inmediato las lágrimas brotan de mis ojos. Bajo la mirada colocándome el gorro de vuelta.— Señor, no tenía porque golpearla. — Argumenta el notario aumentando la tensión en el comedor. — Será mejor que nos vayamos. Volveremos al medio día. — Si, como sea. — Se levanta papá de su silla haciendo un estruendoso ruido. Levanto la mirada y descubro a Dominick mirándome de manera desaprobatoria. Mis hermanos, así como papá y su padre, salen del comedor dejándonos solos. Limpio mi boca con la manga de mi sudadera y me dispongo a irme cuando su estúpida voz me detiene así como su mano haciendo un poco de presión en mi brazo derecho volviéndome hacia él. — Si te hubieras quedado en la maldita fiesta, no estarías así en este momento. Estarías con anónimo y sin golpes y lágrimas en el rostro. — Lo veo dudar sobre tocar mi boca herida y por suerte se arrepiente a tiempo. — Daniel te pregunto si te golpeaban y dijiste que no. ¿Esto es lo que no querías que supiera? Pues creeme, lo has hecho mal, Giana. Creo que eres demasiado tonta. — Pasa por mi lado bajando el gorro de mi cabeza. — Te ves mal, porque lo tonta no va mucho contigo. Adiós, Giana. — Sale del comedor dejandome con un montón de palabrotas atoradas en la garganta. ¿Porque sigue recordándome a anónimo? Lo único que quiero es olvidarme de él y al parecer todo el mundo esta dispuesto a recordarmelo cada maldito día. ¿Que diablos pasa con todo el mundo? — Si crees que cortarte el cabello como hombre va a conseguir que deje de golpearte, estás muy equivocada. — Papá llega de nuevo al comedor. Tira de mi cabello recién cortado, haciéndome jadear mientras me arrastra consigo por toda la casa hasta llegar a su despacho. Mis lágrimas se acumulan en mis ojos, pero, no digo nada. No pienso suplicarle esta vez para que me deje en paz. Ya estoy cansada de ello, de todo si soy totalmente sincera. Mi cabeza sangra al golpearme con la madera fría de su escritorio y es entonces cuando las lágrimas salen de mis ojos. Escucho la puerta ser cerrada con pestillo y entonces comienzo a armarme de valor porque sé que lo que se viene es algo grande y dolerá demasiado. — Esto es por insolente, rebelde. — Gruñe y entonces lo duro de su zapato golpea contra mi estómago sacando todo el aire de mis pulmones. — Esto por maldita perra. — De nuevo otro golpe que parece debilitarme por completo. Y así sigue diciendo cosas incoherentes y estúpidas para después golpearme a modo de castigo. Si fuera estúpida creería que lo merezco y que cada cosa que sale de su boca es cierta, pero, como no lo soy, solamente lo culpo de todo y lo maldigo mientras dura. Es increíble que me golpee como si fuera su igual y que no coordine lo suficiente para recordar que soy su hija. Decir que quiero morir sería una bonita manera de mentir. Ahora más que nunca, deseo vivir y demostrar que ni siquiera ni padre podrá ser capaz de apagar mi luz. Además, soy amante de la vida a pesar de todo por lo que he tenido que pasar. Es cierto que duele y que deseo vivir por mucho tiempo, pero, a pesar de que creer es un acto de fe, yo aún creo que podré tener una vida tranquila en algún punto de mi vida. Yo todavía creo que esto terminará pronto y entonces seré solamente yo contra el mundo. Es cuestión de tiempo, nada más. Los golpes se detienen cuando mis hermanos comienzan a golpear la puerta con desesperación, incluido Moisés. Hay algunos golpes más hasta que la puerta finalmente se abre y puedo respirar pausadamente porque se ha terminado. Al menos por ahora. — Dios, Giana. — Con los ojos casi cerrados veo a Stefan tumbarse a mi lado tocando algunas partes de mi rostro. — Lo siento tanto. Perdoname.— ¿Como fuiste capaz de dejarla así? — Reclama Moisés cuando estoy apunto de perder la consciencia. Entre sueños escucho las disculpas y perdones de mis hermanos, lo cual es absolutamente raro porque ellos jamás serían capaz de pedir perdón y, menos a mi. Escucho muchos reproches hacia papá y tampoco lo comprendo. Moisés hace muchas llamadas y ciertamente su desesperación es notoria. No entiendo porque lo hace. ¿Por fin llegó el remordimiento a su consciencia? No duele ser indiferente con ellos porque lo merecen ¿no es así? — Giana, siento mucho haberte causado tanto dolor. — Reconozco la voz de Stefan. — La verdad es que no tengo la excusa perfecta para todo lo que hemos hecho para que ahora estés aquí. Ahora más que nunca creo que debes irte a Londres y si no es ahí, a cualquier parte del mundo en donde papá no pueda causarte más daño. Perdoname ¿si? — Lo siento tocar mis manos, pero, a pesar de que quiero devolverle el gesto, no puedo ni siquiera mirarlo. — Mariane, debe estar muy orgullosa de ti y tan decepcionada de mi. Aunque bueno, voy a conseguir que eso cambie. Te quiero, Gia. Y, realmente siento muchísimo ser un reverendo cabrón contigo. De verdad lo siento. — Interiormente lloro. Me gustaría infinitamente cambiar la situación con mis hermanos, pero, ya estoy harta de estar en el limbo siempre. Yo cedo, ellos me lastiman, piden perdón y la situación vuelve a repetirse. Es una cuerda de tira y afloja constante que ciertamente esta a punto de romperse y entonces todos saldremos volando y caeremos de culo al suelo por no ser un equipo o en este caso, una familia unida. De verdad quiero saber cuando es que todo esto va a terminar. Quiero que todo acabe y ser libre. — ¿Recuerdas cuando solíamos salir a jugar bajo la lluvia? — Ese es Tyler. — A pesar de que Moisés y yo, llegamos a irrumpir en tu vida, nunca fuiste egoísta con nosotros. Compartiste con nosotros, todo aquello que te rodeaba. Los únicos momentos en que no me sentía como un ladrón en tu vida, eran justamente esos; cuando llovía y éramos los primeros y últimos en salir a la calle a jugar y bailar. Dejamos de hacerlo cuando papá decidió que tenía que hacerme cargo de algunos de sus negocios, ¿recuerdas? Ahí dejamos de ser hermanos y no sabes cuánto es que lo lamento. De alguna manera mi silencio te ha condenado a esta vida llena de maltratos e injusticias. Siento mucho ser cómplice de sus abusos hacia ti y realmente deseo que algún día puedas perdonarme que yo nunca haya hablado o actuado a tu favor. — Juro que quiero gritar de impotencia. ¿Porque justamente ahora piden perdón? ¿A que diablos temen? El daño ya lo han hecho y ahora fingen arrepentimiento. Yo necesitaba -tal vez lo sigo necesitando- gente que sumara a mi vida, no que restara. Mis hermanos sumaban hematomas, lágrimas, dolor y sufrimiento restando así; sonrisas, alegrías, color y pasión. Las cosas definitivamente nunca podrían funcionar así. — Tal vez si nos denuncias, vas a poder ser un poquito más feliz y libre. — Moisés sigue sonando de piedra. — De lo único que puedo sentir culpa es de haberme enamorado de ti. No sé como paso, pero, confesaré que ese amor no es completamente sano. Lo que si es que ese amor, te condena a mi de una manera tan trágica. — Se burla. — De una cosa puedes estar segura; yo jamás voy a dejarte en paz. De una u otra manera, yo siempre estaré ahí, justo un paso detrás de ti, esperando para volver a atarte a mi. Amor enfermo, eso es lo que es. Cariño, nunca dejaré que denuncies a papá; primero te mató y luego te sigo. — El contacto de sus dedos fríos contra la piel de mi rostro me hace estremecer. Stefan tenía razón, el amor enfermo que Moisés siente por mi, me tiene condenada a él. Me prometo que cuando salga de aquí, todo va a cambiar. Volveré a sonreír; quiero ver las nubes tendida en el pasto verde de casa; volver a bailar debajo de la lluvia; reírme por tonterías; correr a prisa; beber hasta perderme; fumar cuanto quiera; quedarme despierta hasta altas horas de la madrugada para ver el sol salir y volverse a esconder; quiero volver a vivir sin dolor. 



Daniela Martínez

Editado: 01.09.2019

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