Todo por la Familia ©.

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Capítulo 17.

En aquella lujosa mansión que grita lujo por doquier, derroche de dinero, algo antigua con toques modernos, pinturas caras, bordados de oro, hasta las bandejas muchas sin de oro blanco; la casa en sí, destila ostentosidad, no se le puede negar a nadie que es una casa de mafioso, donde Jake otra vez se encuentra.

Espera en la sala de estar, observando todo a su alrededor, sus ojos brillan de pura codicia y excitación, ante tanto lujo, las pinturas con marcos de plata y oro, los hilos caros con lo que cada cojín de los muebles están bordado, le atraen poderosamente.

— ¿A esta hora no deberías de estar en la empresa de Cameron? —la anciana voz de Robert, le hace volver a la vista y dejar de observar cada cosa por doquier.

El aura de aquel hombre, destila poder, terror, un rostro lleno de arrugas, aunque aún bastante cuidado, llevando a Jake a pensar, que si así como tiene tantas arrugas en su cuerpo, que si también como aquellas secuela que dejan los años, ha matado a tanta gente.

Sus ojos azules, sin dos témpanos de hielo, enfundado en un traje hecho a su medida, para su gran cuerpo, algunos tres centímetros más bajo que él, lo que no lo hace menos peligroso, al contrario, su estatura es la media. Un puro descansa en su mano izquierda, el olor de este molesta para Jake, pero se traga su molestia y la necesidad de arrugar el rostro ante el desagrado que le causa, más sabe que cualquier cosa que haga, puede ser tomada como una ofensa para ese hombre, y es lo menos que desea, no quiere tenerlo de enemigo o molestarlo por algo, sino se estaría metiendo en camisa de once balas; en su mano derecha, descansa un bastón, negro, bordados de oro, al igual que el agarre y sus prendas.

Robert lo observa, esperando una respuesta. Eleva las cejas en un gesto de espera y aburrimiento ante su silencio.

—Anoche mi hija se escapó a ver al lisiado —su voz es una fría y cortante, desde que está asociado con ese tipo de gente, se ha obligado a crear una máscara más dura, que no le permita ver sus emociones.

Ante la breve información que Robert obtiene, luego del duradero silencio, sus cejas se eleva, su rostro no dice nada, es una cara de póker en su totalidad, nadie sabe lo que su cerebro está procesando o pensando, solo él. Con parsimonia camina lentamente a una pequeña mesa, donde un Whisky escocés descansa en está y a su lado una pequeña neverita de mesa con vasos. Con lentitud y tomándose su tiempo, permaneciendo en silencio, prepara los dos vasos y le extiende uno a Jake, el cual lo toma, observando beber un gran trago de su Whisky.

—Supongo que necesitas que intervenga entre tu nenita y ese lisiado —afirma finalmente Robert.

Jake evita soltar una maldición, cuando incrédulo lo mira, tanto tiempo para afirmar lo que es obvio.

—Es obvio —Jake bebe un poco de su trago —no quiero a mi niña involucrada con ese lisiado, no sirve para nada y mucho menos la quiero con ningún Danielson, ni que se acerque.

El hombre mayor, le dedica un asentimiento se cabeza, no se imita ante tal absurdo y tanta maldad en Jake, simplemente porque no le importa más que su venganza.

—Comprendo —el mafioso toma de su copa —esa nenita es de mi buen muchacho, lo prometiste y lo tienes que cumplir, yo feliz de que los separes.

A Jake se le hiela la sangre al momento de que le menciona aquella promesa que ciertamente no está seguro de cumplir, Jadasha es solo una niña, que no está para éste mundo, tiene sueños y él por muy hijo de puta que sea, ama a su hija. Aunque si a ésta gente le prometes algo, debes cumplirlo.

—Lo sé —susurra Jake tragando fuerte disimuladamente. De momento siente que la corbata en su cuello lo está asfixiando, la remueve al igual que su cuerpo sintiendo incómodo.

—Bien —la mira azul hielo no deja de escrutarlo, sintiéndose tan satisfecho con verlo incómodo, tembloroso, miedoso; lee a las personas, las sabe leer, su edad y su experiencia, le enseñaron a saber leerlas, más sin embargo le enseñó algo tan importante y es que, nadie debe de leerlo a él, Robert Parker es un individuo suspicaz, inteligente, un asesino sin piedad, un hombre que no le tienta la mano ni el corazón para destruirte —. Bien —su cara cambia a una de total seriedad, pero sin darle a su observador ni una pizca de lo que de su boca saldrá —. En primer lugar, no quiero que vuelvas a faltar a la empresa de Cameron —Jake aprieta la quijada, odia recibir órdenes, más algo en sus ojos y en su mente se ilumina, ese hombre habla de Cameron de una forma muy fluida, como si lo conociera de toda la vida —, tus faltas puede que levante sospechas y más con la actitud que me informaste hace unos días que tomaste con ellos —Jake va a habar, pero la mano de Robert lo detiene —. No me interrumpas, lo detesto —su voz es capaz de calarle en los huesos a cualquiera —. El que estés allá, me facilitará algunas cosas, también me servirá para destruir algunos de los negocios más rentable de ese imperio —su risa mezquina, hace saber cuánto saborea solo el imaginarse eso —, y por último, hoy mismo voy a intervenir en aquel asunto de tú hija con el lisiado —finaliza y bebé todo el contenido de su vaso de un solo trago, haciendo un gesto de satisfacción al terminar.



Mariana Familia

Editado: 11.02.2020

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