Tras los cristales

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ღAmanecerღ

El amanecer es mi momento favorito del día, es cuando me doy cuenta que el universo realizo un trato con la muerta para darme otro día de vida, otra oportunidad de ver el rostro de mi madre, de mi padre, y de las personas que aprecio.

Otro día para fastidiar, así llamo mi rutina diaria que se llama vivir.

Me levante de la cama y comencé a caminar a hacia mi balcón, abrir esas ventanas es lo que más añoro cada mañana y no pierdo mi tiempo en pensar si abrir esas puertas hoy o mañanas aún si la flojera invade mi cuerpo cuando estoy en cama.

Cuando abrí las puertas de mi balcón la briza del aire con el sol amaneciente es tan fría que eriza mi piel a el instante, el sol aun no había salido pero la luz del sol se asomaba y eso era lo importante.

Oí pasos subiendo las escaleras ansiosa mente, papá estaba de pie frente a mi puerta con una gran sonrisa en sus labios.

—hora del desayuno querida, quítate ese camisón, date una ducha que este día ni tus maquinas tendrán tiempo de recargarse—

—si no recargo mi maquina de oxigeno, moriré Jesse— levante una sega y el hizo lo mismo de una manera muy graciosa.

Ambos reímos al mirarnos y el continuo.

—solo ponte hermosa, si se puede mas de lo que ya eres— Jesse me guiño un ojo y salio de mi habitación con una gran sonrisa como siempre. 

Amaba estas mañanas, donde la vida me decía ''festeja a no mas poder'', siempre con una sonrisa en su rostro.

Después de apreciar la fresca mañana de verano, y la ultima también, tome mi celular y revise mis redes sociales, solo tenía veinte amigos en facebook, después de descubrir mi enfermedad elimine a mis compañeros de clases y a los pocos profesores con los que me llevaba bien.

Entre a mi correo y le envié un mensaje a Abbie que no sabía si había llegado bien anoche a su casa.

No pasaron ni tres minutos cuando mi celular sonó con un mensaje de ella.

''Deja de preocuparte loca, estoy bien, nos vemos dentro de una semana, tengo que viajar de emergencia a Seattle por problemas con los abuelos, te cuento cuando regrese besos tu loca'' 

Ese mensaje me preocupo, pero conocía a Abbie, era cien veces mas fuerte que yo, después de mandarle un ultimo mensaje a mi mejor amiga me levante y fui a la ducha.

Me quite mi camisón blanco que llegaba a los tobillo y odiaba lo que veía frente a mi, mi reflejo en ese espejo sobre la puerta del baño me dejaba ver lo delgada y esquelética que era.  

Odiaba ver mi reflejo sin vida, mis ojeras eran evidentes a simple vista, mis pechos eran pequeños y caídos, como una niña de once que estaba a punto de desarrollare, la diferencia es que yo tenia tan solo diez y siete años y mi cuerpo no correspondí con la edad que tenía.

—eres horrible Luna acéptalo— le dije a mi reflejo tratando de sonreírle a la verdad.

En ese instante mi puerta del baño fue tocada por unas uñas que se escuchaban largas y gruesas.

—¿otra vez le estas diciendo cosas malas a tu reflejo?— pregunto la dulce voz de mi madre del otro lado en tono preocupante.

—solo me digo la verdad para no dejarme llevar por lo ficticio— dije mientras me ponía una de mis batas color turquesa y salia a saluda a mi madre.

—no quiero ducharme— dije mientras abrazaba a mi madre como si no hubiera un mañana.

—tienes que hacerlo, Jesse y yo tenemos una sorpresa para ti esta mañana— me separe de mi madre y cruse mis brazos en desafió y serré mis ojos en forma de intriga.

—¿una sorpresa?— pregunte con una sonrisa en mis labios.

—te va a gustar la sorpresa, no te gustar a el principio pero después la amaras como si no hubiera un mañana— eso hizo que mi mente viajara a las diversas sorpresas que me podrían dar, y una de ellas y la que mas me podría emocionar era un bebe en el vientre de mi madre.

—ahora entra a esa regadera y te pones tu mejor vestido, que el día de hoy vamos a festejar— mamá me dio un tierno beso en la mejilla y después salio de mi cuarto.

Me emocionaba la sorpresa que me pudiesen dar, así que no perdí el tiempo, entre a la regadera y no tarde ni veinte minutos asta que salí y me puse el vestido de casa domingo, ese vestido amarillo que tanto amaba.

Abrí mi armario y tome mi peluca favorita, la que me hacía sentir normal otra vez, la que me recordaba a mi cabello antes de desaparecer por completo, sus lisos y finos cabellos negros me hacían sentir hermosa por un momento un mili segundo que me decepcionaba por creer que era hermosa cuando yo sabía que no era verdad. 

Serré mis ojos y respire profundo tratando de hacerme entender que no era bella, y que tenía que aceptarlo.

Cuando abrí mis ojos me sonreí a mi misma y continua con mi vida, después de recoger todos mis desastre y recargar mi respirador baje las escaleras con lentitud, cada día me costaba mas bajar, no le decía nada a mis padre, no quería preocuparles y hacerles gastar mas dinero en mi quimioterapia que no serbia de nada.

Estaba muriendo, y aun que ellos no quería aceptarlo, fingía tener ganas de vivir, no por mi, por mi madre.



Giira

Editado: 18.11.2019

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