Tratado

Tamaño de fuente: - +

• Enojo •

—Amelia—

—¿Por qué estamos aquí? —Le preguntaron desde el asiento contrario mientras esperaban a que ellos avanzaran.

—Porque el idiota de Samuel dejó a medias su trabajo —contestó Amelia sin quitar su mirada marrón de aquellos dos hombres a los que vigilaba.

✤✤✤✤✤✤

—Parece que no puedes hacer nada bien. Te dije que...

—Sí, sí. Sé lo que dijiste. —Le contestó su hermano de una manera tajante—. Pero no voy a mancharme las manos por ti. Yo ya cumplí con lo que me tocaba. Separarlos fue el trato, el resto, si lo quieres bien hecho depende de ti.

—Pues no voy a pagarte.

—No importa, ya lo hiciste. —Le dijo mientras se ponía de pie y se vestía—. No entiendo cuál es tu obsesión por Edward, es un simple sujeto que no vale la pena.

Amelia expresó una mueca.

—Jamás lo entenderías. —Le dijo parándose de la cama con fastidio—. Edward no solo es un hombre que no valga la pena, también es un maldito miserable que merece pagar. Se cree intocable solo porque puede hacer lo que le dé su gana sin que nadie le diga nada, pero se equivoca. En esta vida hay personas peores que él y se lo voy a demostrar.

—Por mí haz lo que quieras —contestó Samuel desde la puerta—. Solo te voy a pedir un favor. —La chica lo miró con los ojos entornados—. No lastimes a Lara.

—Hmp, ¿por qué todo el mundo siempre quiere protegerla?

—Porque ella es buena. Lara es la clase de mujer que tú jamás llegarás a ser. —Le respondió molesto al ver la actitud de ella, a lo que Amelia volteo el rostro llena de indiferencia.

—Mejor ya lárgate que tengo una visita más tarde y no quiero que estés aquí cuando él llegue. —Le dijo entrando a la bañera.

Samuel la miró con una sonrisa ladina en su rostro, luego preguntó:

—Tú visita de casualidad no tendrá nada que ver con cierto hombre. ¿O sí? —Amelia lo escuchó burlarse de ella mientras el hombre hacía un par de ruidos—. Me preguntó… ¿Quién vendrá está vez? —Se cuestionó el pelirrojo sin dejar de lado el tono taimado de su voz—. Será Leonard, algún otro o... el estúpido de Sebastián.

Al escuchar ese último nombre la chica se alejó de la tina, frunció el rostro y se acercó a la habitación. Samuel estaba jugando con las llaves de su auto mientras las lanzaba una y otra vez hacia arriba.

—¡¿Es que acaso eres idiota?! —gritó más que exaltada—. ¿Cómo se te ocurre pensar que yo podría acostarme con un muerto de hambre cómo Sebastián?

Amelia comenzaba a perder la cabeza.

Samuel la miró de frente y sin dejar se reír sintió como su rostro era abofeteado.

—¡Estúpido! —Lo insultó ella, sintiendo arder la palma de su mano a lo que su hermano la miró con una severa intensidad.

—Vuelve a hacer esto y te juró que no me contendré. —La amenazó con voz ronca e intimidante—. No me importa que seas una mujer, mucho menos mi hermana. —Le dijo.

—Y tú... Vuelve a insinuar que soy una ramera.

—¿Y es que acaso no lo eres? —cuestionó firme—. Te acuestas con todo el mundo, incluso, hasta conmigo.

—¡Te dije que...!

Amelia intentó golpearlo una vez más, sin embargo, su puño fue contenido.

—Y yo a ti también te lo dije —citó el chico mientras tomaba el resto de sus cosas y se alejaba—. No porque sea tu hermano voy a permitir que vuelvas a tocarme. Ya bastante tengo con tus locuras. —Le dijo y echándole un último vistazo se fue.

✤✤✤✤✤✤

—Estúpido —susurró Amelia llena de impotencia al recordar el golpe que le habían dado.

Chasqueó los dientes y se tocó el rostro, sintiendo aún en su mejilla derecha aquel terrible dolor que había creído haber olvidado.

—¿Qué ocurre? —Le preguntaron de nuevo, pero ella no respondió, estaba demasiado irritada como para ponerse a discutir sobre una situación que en vez de ayudarla la molestaba—. ¿Amelia?



E.M.A

#6316 en Novela romántica
#2352 en Joven Adulto

En el texto hay: cliche, mentiras y dolor, infiel

Editado: 05.06.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar